#NIUNAMENOS

Argentina 

La masiva marcha «Ni una menos» al Congreso de la Nación, que se replicó en la región, tuvo una trascendencia histórica. El gran mérito de la manifestación fue poner el femicidio en el centro del debate. El Estado y la sociedad fueron los destinatarios. La violencia de género es un subproducto de la violencia económica, el oscurantismo cultural y la desarticulación social.

La multitud en el Congreso- Foto: Télam/ Amdan Alejandro

Redacción- Telesur (Venezuela) 

Bajo la consigna #NiUnaMenos salieron a marchar pacíficamente miles de personas en Argentina, en rechazo a la cultura de los femicidios.  

La convocatoria a la marcha lanzada por artistas, periodistas y activistas contra la cultura de los femicidios se hizo sentir este miércoles en Argentina, donde miles de personas salieron a las calles pacíficamente. En Chile y Uruguay, también salieron a las calles en contra de este flagelo. Bajo la consigna #NiUnaMenos en la Plaza de los Dos Congresos dieron lectura a el petitorio, el cual precisa la «implementación integral» de la ley contra la Violencia de Género, sancionada en 2009 y reglamentada un año después.    

Los puntos más sobresalientes del petitorio, en el que también se reclamó por las víctimas de la trata de personas, son los siguientes:

* Implementar todos los recursos necesarios y monitorear el Plan Nacional de Acción para la Prevención, la Asistencia y la Erradicación de la violencia contra las mujeres, tal como lo establece la ley 26 mil 485.  

* Garantizar que las víctimas puedan acceder a la Justicia. En cada fiscalía y en cada comisaría debe haber personal capacitado e idóneo para recibir las denuncias. Las causas de los fueros civil y penal deben unificarse; las víctimas deben tener acceso a patrocinio jurídico gratuito durante todo el proceso judicial.  

* Elaborar el Registro Oficial Único de víctimas de violencia contra las mujeres. Realizar estadísticas oficiales y actualizadas sobre feminicidios. Sólo dimensionar lo que sucede permitirá el diseño de políticas públicas efectivas.

* Garantizar y profundizar la Educación Sexual Integral en todos los niveles educativos, para formar en la igualdad y para una vida libre de discriminación y violencia machista. Sensibilizar y capacitar docentes y directivos.

* Garantizar la protección de las víctimas de violencia, e implementar el monitoreo electrónico de los victimarios para asegurar que no violen las restricciones de acercamiento que les impone la Justicia. 

Redacción- Cooperativa (Chile) 

A las puertas de un Congreso iluminado en color morado, decenas de miles de personas se congregaron este miércoles en Argentina para gritar «Ni una menos», reclamar que ya no haya más víctimas de violencia de género y pedir que las instituciones brinden los instrumentos necesarios para garantizarlo.

»  Entre las principales demandas se encuentran la instrumentación efectiva de la Ley de Protección Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, sancionada hace más de cinco años. También se reclamó una recopilación de estadísticas oficiales sobre violencia contra las mujeres y garantizar a las víctimas el acceso a la Justicia  «

«No queremos más mujeres muertas por feminicidio. Las queremos vivas. A todas. Ni una menos», sentenció el actor Juan Minujín al leer el documento central en el acto realizado frente al Parlamento argentino, en Buenos Aires, ante los miles que demandaron ponerle un freno a la violencia machista.

Con lágrimas de sangre maquilladas en los rostros, carteles con el mensaje «basta de feminicidios», pancartas con pedidos de justicia, camisetas con la leyenda «Ni una menos», personas de todas las edades colmaron uno de los principales puntos de la capital argentina, donde la concentración tuvo su principal expresión. La convocatoria, surgida el mes pasado en las redes sociales tras el crimen de una adolescente, se repitió en otras ochenta ciudades argentinas, en Uruguay, Chile y Miami.

A la manifestación fueron hombres pero, sobre todo, fueron mujeres que sintieron rebasar el límite después de los distintos casos de víctimas de violencia de género asesinadas que se conocieron en los últimos meses. «Hay sectores no solo retrógrados, sino que no comprenden qué es este tema de la igualdad entre el hombre y la mujer. Es una lucha constante que va a durar muchísimo tiempo hasta que lleguemos a una igualdad», sostuvo Federico Polak, miembro de la Red de Hombres por la Igualdad.

Carmen Umpierrez, una trabajadora social de la asociación civil Pablo Besson, también asistió a la movilización y aseguró que es necesaria una mayor «celeridad en las causas, en la Justicia, en el compromiso, para que esto deje de ser el flagelo que se está volviendo». El Estado fue el principal interpelado en la manifestación, en la que la dibujante Maitena Burundarena fue la encargada de leer una serie de puntos «ineludibles para recorrer el camino hacia Ni una menos».

«El gran mérito de la marcha fue poner el tema en el centro del debate. Como hizo la ley de matrimonio igualitario con relación a la discriminación de las minorías sexuales. La ley, ni las marchas que insumió su aprobación, ni siquiera el debate que levantó, modificaron de raíz o de la noche a la mañana la lacra de la discriminación pero produjo un cambio y puso el tema en el lugar para empezar a hacerlo «

Entre las principales demandas se encuentran la instrumentación efectiva de la Ley de Protección Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, sancionada hace más de cinco años. También se reclamó una recopilación de estadísticas oficiales sobre violencia contra las mujeres y garantizar a las víctimas el acceso a la Justicia.

La movilización fue convocada por un grupo de periodistas, escritoras y artistas, a raíz de la muerte de Chiara Páez, una adolescente de 14 años, embarazada, enterrada en el patio de la casa de su novio, de 16.

Solo en 2014, 277 mujeres fueron asesinadas en Argentina, una cada 30 horas, según la asociación civil La Casa del Encuentro, que a falta de estadísticas oficiales lleva el seguimiento de los casos que aparecen en los medios de todo el país.

Luis Bruschtein- Página 12 (Argentina) 

El gran mérito de la marcha fue poner el tema en el centro del debate. Como hizo la ley de matrimonio igualitario con relación a la discriminación de las minorías sexuales. La ley, ni las marchas que insumió su aprobación, ni siquiera el debate que levantó, modificaron de raíz o de la noche a la mañana la lacra de la discriminación pero produjo un cambio y puso el tema en el lugar para empezar a hacerlo.

» En estos diez años se han aprobado numerosas leyes de protección a la mujer. Sobre todo la de protección a la mujer contra la violencia, en el 2009 y la que agrava las penas por delitos de femicidio en 2012. Estas leyes fueron aprobadas sin problemas y no hubo el tremendo debate que provocó la ley de matrimonio igualitario, porque las causas que promueven el femicidio y el maltrato de la mujer, incluyendo la trata y la discriminación laboral, están mucho más ocultas, tienen raíces más sutiles «

En estos diez años se han aprobado numerosas leyes de protección a la mujer. Sobre todo la de protección a la mujer contra la violencia, en el 2009 y la que agrava las penas por delitos de femicidio en 2012. Estas leyes fueron aprobadas sin problemas y no hubo el tremendo debate que provocó la ley de matrimonio igualitario, porque las causas que promueven el femicidio y el maltrato de la mujer, incluyendo la trata y la discriminación laboral, están mucho
más ocultas, tienen raíces más sutiles. A pesar de todas esas leyes se produjo en las últimas semanas una seguidilla de ataques horrendos contra mujeres. Muchos de los que se sensibilizan por esos ataques no saben que quizá comparten alguno de los genes que desataron el horror.

La marcha es el principio. El gran desafío es reconocerse en una sociedad machista que lo niega y trata de ocultarlo, aunque la mayoría de los medios de comunicación acentúan y amplifican esos rasgos. Y que una sociedad machista genera violencia contra la mujer. Y que si esa violencia tiene un culpable directo, somos todos corresponsables en pautas y valores que reproducimos en mayor o en menor medida. En ese sentido hay una gran batalla cultural por delante en el plano de la sociedad y de cada quien como individuo.

Ivana Romero- Infonews (Argentina) 

La consigna era Ni Una Menos. Sin embargo, cada una pudo llenar de contenido propio esas palabras. Así se multiplicaron los carteles que decían «Estoy viva y lo puedo contar», «Soy mujer en un tiempo en el que el femicidio nos vuelve desechables», «Con short o pantalón respetame, cagón». También, mujeres de todas las edades que llevaban carteles con fotos de otras, las que faltan, las que nos empujaron a marchar para exigir, entre otros puntos, la instrumentación en su totalidad de la ley 26.485. Algunos de esos rostros se multiplicaron hasta el hartazgo en los medios de comunicación. Otros son anónimos. En todos los casos, el complejo entramado entre victimarios que aún deciden sobre nuestras vidas, sistemas judiciales que nos ponen bajo sospecha y discursos mediáticos que nos miden el largo de la pollera da como resultado que no sólo se deban implementar leyes. Sino que, sobre todo, se deban desmantelar prácticas y discursos atravesados por una lógica héteropatriarcal. Nuestra palabra no debería valer menos que la de los varones de clases acomodadas que son, en tanto grupo social dominante, quienes reglamentan esas prácticas y discursos. Nuestra palabra estuvo cargada de furia, de belleza, de política. Esta marcha tiene trascendencia histórica en un país que se pronunció contra la violencia al sancionar leyes de identidad de género y de matrimonio igualitario para avanzar en la igualdad de derechos. Es tiempo de que también tengamos derecho legal a abortar. 

Demetrio Iramain- Tiempo Argentino (Argentina) 

Que la violencia de género, la desigualdad en la relación laboral hacia la mujer, el hostigamiento de lo femenino, sean abordados desde los poderes políticos en forma integral, constituye un logro y un avance en la cultura democrática. Pero ese haber institucional no cayó del cielo. Es producto de un proceso político, que se distingue por la extensión de derechos, la democratización de la palabra y de las relaciones sociales, y los cambios en la base material que abrevan en otras transformaciones tanto o incluso más sensibles: la cultura, aún hostil a lo femenino.

«Que la violencia de género, la desigualdad en la relación laboral hacia la mujer, el hostigamiento de lo femenino, sean abordados desde los poderes políticos en forma integral, constituye un logro y un avance en la cultura democrática. Pero ese haber institucional no cayó del cielo. Es producto de un proceso político, que se distingue por la extensión de derechos «

La ley 26.485, de «Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales», fue sancionada en marzo de 2009, no antes. 

Evidentemente, violencia de género y exclusión social van de la mano. Ambas se retroalimentan. Una no puede ser sin la otra. ¿Son compatibles una política de Estado firme y eficaz contra el maltrato hacia la mujer, y una política económica que concentra riquezas y produce pobres? ¿Es posible imaginar una nueva convocatoria tan masiva como la de ayer, tanta conciencia social y compromiso colectivo sobre el acuciante drama de los femicidios, si a partir del 10 de diciembre gobernara la derecha?

La violencia de género es un subproducto de la violencia económica, el oscurantismo cultural y el desmembramiento social que genera el capitalismo más extremo. La mujer fue adaptada a los patrones de acumulación de la burguesía. Hasta el capitalismo, la mujer no era una mercancía. Un producto de consumo. Una cosa. Un cuerpo. Sólo en un contexto de prorrateo igualitario de riquezas, como opera en la Argentina desde hace 12 años, podrá cesar paulatinamente la opresión y el maltrato hacia la mujer. Ojalá a partir de diciembre nuestra sociedad no desande en cuatro patas los avances conseguidos en estos años que fuimos felices. La condición femenina, honrada en las calles ayer, nos lo demanda.

Luciana Souza- Agencia Paco Urondo (Argentina)

¿Por qué se marcha el próximo 3 de junio bajo la consigna #NiUnaMenos?

La naturaleza del reclamo es visibilizar estos temas y darle carácter nacional a la convocatoria. Es un mensaje al Estado pero también a la sociedad en general, que tiene que ver con nuestro derecho a decir NO, a vivir de una manera mucho más digna. 

Más allá de las políticas concretas que proponemos y que vamos a plasmar en un documento, buscamos que el problema de violencia contra la mujer se entienda como un problema de derechos humanos.

Viene de un colectivo de personas, activistas, que vienen trabajando el tema de la violencia contra las mujeres. El primer encuentro de este grupo se dio en el marco de una maratón de lectura el año pasado, y en marzo de  este año se repitió en el marco de los 10 años de la desaparición de Florencia Penacci. Coincidió con el hallazgo del cuerpo de Daiana García, y el reclamo tomó mucha más visibilidad porque se acercaron otros familiares de víctimas, como el papá de Wanda Taddei o la mamá de Lola Chomnalez. De allí quedó un grupo humano, trabajando en red, por un lado. Y por otro lado, lo que sucedió con los últimos crímenes y particularmente, cuando aparece el cadáver de Chiara, un grupo de periodistas empiezan a publicar en las redes sociales, indignadas por lo que veía pasando, y una de ellas, Marcela Ojeda, plantea hasta cuándo vamos a seguir sin hacer nada. Y de eso surge la convocatoria, que  se multiplicó en ya casi 100 lugares de todo el país, en Uruguay y en Chile.

¿La violencia contra las mujeres es ajena a otras problemáticas sociales, como la violencia institucional?

Nosotros tuvimos varias reuniones y a partir de eso consensuamos un documento en el que hacemos el reclamo de medidas  pero también con un claro corte político, y con la perspectiva de derechos humanos. A mí no me gusta hablar de “violencia de género” porque estás invisibilizando a las víctimas y a los victimarios. Hablamos de violencia contra las mujeres y ahí acotamos sentido; estamos diciendo que las mujeres somos las víctimas del sistema patriarcal (y cuando digo mujeres, incluyo a la población trans y travesti). Y por otro lado, vemos a los varones como victimarios. Esto que me planteas está claro en el documento. Nosotros no somos, como se pretende desde un machismo cool, “feminazis”, no pedimos un punitivismo feminista extremo. Pedimos que haya igualdad de condiciones, y que se entienda este problema como un problema de equidad. Los varones violentos tienen que ver con esta representación cultural que nosotras llamamos patriarcado y que es
un sistema, pero también tiene que ver con que no aprendieron otra forma distinta, alternativa, a este vínculo. Por eso el mensaje es para los varones pero también para las mujeres, que muchas veces somos machistas y reproducimos esa cuestión patriarcal. Como cuando vas a comer a un lugar, al que le acercan la cuenta, o al que le dan de probar el vino es al varón. Eso sería violencia simbólica y da cuenta de la desigualdad.

¿Qué esperan que pase el día después de esta convocatoria? A juzgar por la repercusión se descuenta que será masiva…

Más allá de la visibilización mediática, nos interesa que este reclamo sea canalizado y que estén ahí las organizaciones sociales, y de derechos humanos, que vienen trabajando este tema, para que se sienten con los funcionarios a proyectar políticas públicas que generen una transformación desde la educación, desde la justicia, desde el legislativo con las leyes que tienen que ver con este tema. Aclaro que nuestro reclamo no tiene como destinatario solo el Estado, que fue el que impulsó leyes muy importantes en materia de violencia contra las mujeres y sin embargo faltan controles, monitoreos con registros oficiales de femicidios. Reclamamos la ley para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer, y la adjudicación de presupuesto para llevar a cabo estas políticas. Hay una deuda muy grande del Poder Judicial, que tiene que dejar de revictimizar a las víctimas y entender que las víctimas de la violencia machista necesitan un acompañamiento especial; que no hace faltan que hagan dos denuncias para decir lo que tienen que decir, que no son ellas las que deben estar monitoreadas por la justicia con un botón antipánico. Los que tienen que estar monitoreados son los varones que golpean y amenazan a las mujeres.

 

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