Los niños que mueren en La Guajira

Colombia
Especial

En los últimos ocho años, 4770 niños de esa comunidad fallecieron según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La problemática de la desnutrición y deshidratación excesiva, sumada a situaciones climáticas desfavorables, imposibilita que se encuentre una solución. Pero la situación es inaceptable y requiere acciones contundentes.

Editorial- El Espectador (Colombia)

¿Cómo es posible que, pese a las alertas y al aparente compromiso del Estado colombiano, los niños en La Guajira y en el resto del país sigan falleciendo por desnutrición y otras causas asociadas a la corrupción? El 8 de febrero, gracias a Stevenson Marulanda, secretario de Salud de La Guajira, Colombia se enteró de la hospitalización de 16 niños de una misma familia con cuadros severos de desnutrición. Hasta la fecha se han reportado por lo menos seis muertes de niños por falta de alimentación adecuada. La situación es inaceptable y requiere de un actuar contundente por parte de las autoridades.

“La situación en realidad en La Guajira no ha cambiado, como lo hemos venido reportando desde hace más de cuatro años. La problemática de la desnutrición está exterminando nuestra niñez”, le dijo a Blu Radio Javier Rojas, líder de la etnia wayúu, la población más afectada por las deficiencias en alimentos. Según los informes que se entregaron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en los últimos ocho años habrían muerto 4.770 niños de esa comunidad debido a problemas relacionados con alimentación y falta de agua potable. Por eso, entre otras cosas, la CIDH, en diciembre del año pasado, decretó medidas cautelares a favor de los niños y adolescentes de las comunidades de Uribia, Manaure, Riohacha y Maicao del pueblo wayuu. Éstas le exigen al Estado las medidas necesarias para proteger los derechos de todos los afectados, pero las cifras en lo que va corrido del 2016 demuestran, cuando menos, la impotencia de las autoridades frente a la crisis.

» La mesa de diálogo sobre La Guajira, liderada por el presidente Santos, aunque tardía, es un buen primer paso. La situación no es sencilla. La sequía, el cierre de la frontera con Venezuela, la desigualdad en la zona y los choques culturales de un Estado que no ha podido aprender a conversar con las etnias indígenas, son obstáculos  «

Es extraño, por decir lo menos, que los altos funcionarios del Gobierno se dejen distraer por un debate que se ha tornado agresivo y los ha obligado a salir a la defensiva. El Ministerio de Salud ha insistido en que no todas las muertes ocurridas en La Guajira se deben a la desnutrición. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), por su parte, después de que el presidente Juan Manuel Santos ofreciera un simbólico reconocimiento de culpa al decir que algunos de los niños que murieron estaban al cuidado de ese instituto, salió a aclarar que “los niños que murieron el año pasado en La Guajira no estaban bajo protección del ICBF”, sino que fueron atendidos de paso. ¿Cuál es la utilidad de esos debates? El centro del asunto no se soluciona respondiendo a fragmentos incendiarios de la opinión pública. Más allá de las responsabilidades —que deberán definirse cuando sea el momento adecuado—, lo que se necesita son muestras claras de las acciones de choque que se están adoptando.

La mesa de diálogo sobre La Guajira, liderada por el presidente Santos, aunque tardía, es un buen primer paso. La situación no es sencilla. La sequía, el cierre de la frontera con Venezuela, la desigualdad en la zona y los choques culturales de un Estado que no ha podido aprender a conversar con las etnias indígenas, son obstáculos para solucionar el problema. El Gobierno anunció la entrega de 98 pozos de agua potable en la zona. Bien, pero la población sigue sufriendo. ¿Qué se va a hacer con la corrupción, ampliamente denunciada por el propio ICBF, que sigue causando estragos en La Guajira y en el resto del país?

Porque ese es el otro tema: la tragedia no se limita a La Guajira. La Sociedad Colombiana de Pediatría, por ejemplo, le recordó al Ejecutivo que el último Boletín Epidemiológico del Instituto Nacional de Salud, para 2014, registró en todo el país 299 muertes de niños menores de cinco años por diferentes patologías, pero que presentaban también desnutrición en algunos de sus diagnósticos. Aun si la causa principal no es la desnutrición, evidentemente hay una situación preocupante que está pidiendo acciones a gritos.

Se habla mucho de aprovechar el posconflicto para construir un nuevo país. Esta es una prueba de fuego para que el Estado colombiano demuestre que puede existir una Colombia sin hambre y, sobre todo, sin muertes prevenibles.

Redacción- El Tiempo (Colombia)

Las muertes recientes de niños wayús, asociadas a la desnutrición –aunque no como causa primaria– volvieron a poner el foco sobre esa comunidad ancestral, cuya crisis, que también afecta a adultos y ancianos, se atribuye a varias causas .

Así lo plantea un diagnóstico que desde octubre del 2014 adelanta el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). A los factores climáticos y económicos se suma la dispersión de la comunidad en un territorio amplio de condiciones geográficas complejas. En algunos casos no existen carreteras, más allá de trochas. Y todo hace más difícil la intervención.

“Diseñamos un proceso para conocer la situación en tres poblaciones de La Guajira: Maicao, Uribia y Manaure”, explica Margarita Barraquer, directora encargada del ICBF.

Así se identificaron poco más de 1.500 rancherías, en las que habitan unas 83.000 personas (19.000 familias), 15.000 de ellas niños. “De esos 15.000 encontramos 900 con desnutrición aguda o aguda severa”, añade.

» Así lo plantea un diagnóstico que desde octubre del 2014 adelanta el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). A los factores climáticos y económicos se suma la dispersión de la comunidad en un territorio amplio de condiciones geográficas complejas. En algunos casos no existen carreteras, más allá de trochas «

Una de las prioridades del instituto es vincular a los niños wayús menores de 5 años a sus programas de primera infancia. La entidad cuenta con centros de desarrollo infantil (CDI), pero también plantea modalidades familiares para la atención. “Son 36.000 cupos para niños wayús. Estos escenarios los operamos con la misma comunidad. Lo hacemos a través de concertación; la comunidad nos hace propuestas de los operadores, y revisamos que estos cumplan con los mínimos de calidad que exigimos”, indica Barraquer. No obstante, la concertación –señalan funcionarios del ICBF– ha sido compleja, por la división entre autoridades indígenas. EL TIEMPO conoció que incluso exigen a la entidad que les otorgue los contratos, atados a intereses particulares que tienen detrás grupos políticos tradicionales de la región.

Frente a las muertes por desnutrición en La Guajira, en el 2014 se reportaron 48 casos, según el Instituto Nacional de Salud. En el 2015, el número bajó a 38.

“El hecho de que la cifra baje no significa que frenemos el esfuerzo”, insiste Barraquer. Y añade que sienten “como grandes ausentes” a los alcaldes que deberían atender el problema.

Esta semana, de hecho, la gobernadora de La Guajira, Oneida Pinto, dijo que por una deuda de 90 millones de dólares que tiene el departamento no podrá atender la desnutrición en los niños wayús.

Ante esa ausencia, la Presidencia ha hecho un ejercicio de articulación llamado ‘Estrategia por el agua y por la vida’, en el que trabajan el Ministerio de Vivienda con el Viceministe
rio del Agua, el Departamento de Prosperidad Social, el ICBF, el Ministerio de Salud y la Unidad de Gestión del Riesgo.

» Ante esa ausencia, la Presidencia ha hecho un ejercicio de articulación llamado ‘Estrategia por el agua y por la vida’, en el que trabajan el Ministerio de Vivienda con el Viceministerio del Agua, el Departamento de Prosperidad Social, el ICBF, el Ministerio de Salud y la Unidad de Gestión del Riesgo.“Nada que se haga va a poder afectar las causas  «

“Nada que se haga va a poder afectar las causas que están generando la situación de esta población si no hay un compromiso contundente de autoridades municipales y de las autoridades wayús”, sentenció la funcionaria del ICBF.

Un drama de todos los días

Más de una hora a pie recorre la mujer wayú Ageidis Goriyo desde el hogar de paso en el que permanece, desde el 26 de enero, hasta la clínica Reina Catalina, de Barranquilla, donde está su hijo de mes y medio de nacido.

El bebé vino al mundo con problemas en el hígado, y la recuperación ha sido más difícil por su desnutrición, atribuida por su madre a la crítica situación económica. “Los médicos que hay en nuestras comunidades nos dicen que los niños están bien, cuando no es cierto, y solo recetan acetaminofén”, dice la mujer wayú, que vive en un asentamiento de Albania (La Guajira).

La indígena, de 27 años, incluye en el dramático panorama a sus otros tres hijos, de 8, 5 y 3 años, así como a dos sobrinos que están bajo el cuidado de su esposo, hoy desempleado por la sequía que azota al departamento.

En medio del viacrucis, Ageidis conoció a Zenaida Solano, wayú asentada en Fonseca (La Guajira).

Ella acompaña en el mismo centro asistencial a su hija de 2 años, quien debería estar pesando 18 kilos, pero que solo ha alcanzado la mitad. Tiene el bazo inflamado, problemas en el hígado y anemia. Su pronóstico es reservado. “Las ayudas del Gobierno llegan, pero para unos pocos”, señala.

Luego de la visita que esta semana realizó el gobernador de Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, a la UCI Pediátrica de la Clínica de la Costa, de Barranquilla, donde se encuentra otra niña guajira afectada por desnutrición, decidió llamar a la gobernadora de La Guajira, Oneida Pinto, para acelerar el encuentro previsto para el martes con los demás mandatarios departamentales y donde se propondrá reactivar el programa ‘Caribe sin hambre’, para dar una solución de peso a la inasistencia alimentaria.

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