Los niños de la autodefensa

México

Miguel es uno de los tantos niños de Michoacán que decidieron dejar atrás la escuela para unirse a los ejércitos de autodefensa. Aunque apenas sea un jovencito ya es un veterano combatiente que arma y desarma rifles de asalto. Los criminales Caballeros Templarios despertaron su ira al asesinar a sus dos tíos y ahora él solamente puede pensar en luchar por su gente, por su pueblo. 

Emmanuel Gallardo Cabiedes- El Toque 

Tras quince días de la toma de la alcaldía por parte de un grupo de autodefensas, agentes federales retomaron en la madrugada el ayuntamiento local y, horas después, reventaron a punta de metralla una manifestación. En ella, varios integrantes del extinto grupo comunitario de élite G-250 exigían la captura de los responsables de la muerte del hijo de Hipólito Mora, fundador de la autodefensas, así como la detención de Servando Gómez, “La Tuta”, líder del cártel de Los Caballeros Templarios, recientemente aprehendido el pasado 27 de febrero en la tenencia Morelos, en Morelia.

El saldo de día de Reyes: nueve personas muertas, cuatro heridos y 48 detenidos, cuatro de ellos menores de edad que fueron liberados horas más tarde con el mayor de los sigilos, Miguel incluido.

Pero este grado de violencia y sadismo no es novedad para este niño delgado, moreno, con manos inmensas y brazos rasguñados por su trabajo como cortador de limón. Miguel, así como otros adolescentes michoacanos con edades similares, es un veterano combatiente de las fuerzas de autodefensa michoacanas, capaz de manejar, limpiar, armar y desarmar rifles de asalto AK-47, G-3 y AR-15. “El G-3 es facilito de desarmar”, dice con desenfado. “Namás se le sacan tres pasadores y listo”.

Su bautismo de fuego fue el año pasado en la tenencia Las Cruces, localidad de 1.500 habitantes que comunica al municipio de La Huacana con la cabecera municipal de Tumbiscatío. Una mujer delató a una célula de templarios que iban a comer a su puesto de garnachas.

El grupo de Miguel se abrió en abanico. Él y su “patrón”, el coordinador de la escuadra autodefensa, quedaron en medio de la formación de avanzada. Al darse cuenta de su presencia, los templarios comenzaron a dispararles ráfagas de AK-47 mientras huían hacia un arroyo.

” Cuenta que cuando las personas lo ven así de armado se sorprenden. ‘La gente dice: ‘Mira no más cómo anda ese morrillo de ajuareado (armado). Está re chiquitillo’. Yo sólo les contesto que hay que luchar por nuestra gente. ¿Cómo chingados quieren que yo reaccione si los templarios me mataron a mis tres tíos? “

Miguel se tiró instintivamente al suelo y quedó petrificado. Las balas le pasaban tan cerca que las escuchaba zumbar sobre su cabeza. Fue el tronido del Cuerno de Chivo (como se apoda al AK-47) de su patrón lo que pudo sacarlo del shock. Miguel se puso boca abajo, apuntó hacia el arroyo y vació la “placa” de su cuerno, que de inmediato recargó mientras se parapetaba detrás de un árbol con el corazón a punto de salirse del pecho. Miguel jamás volvió a paralizarse en un enfrentamiento.

Dentro de la serranía michoacana los combates librados por los comunitarios del G-250 eran intensos. Fueron ellos los que le abrieron brecha a la Marina cuando definitivamente abatieron a Nazario Moreno “El Chayo” el 9 de marzo del 2014. En otra ocasión el fuego disparado por los Caballeros Templarios era tan tupido y a dos flancos que Miguel y sus compañeros tuvieron que ser apoyados por “el bolillo”, un helicóptero artillado de la Marina que desde el aire disparó sobre las posiciones templarias. La acción de los marinos fue oxígeno puro para los comunitarios emboscados que pudieron avanzar y adueñarse de los fusiles, parque y equipo abandonado por los contrarios batidos en retirada.

La actitud y el valor mostrados aquel día le valieron a Miguel un chaleco blindado, rodilleras, casco y botas “de federal”. Desde entonces el adolescente ha combatido en 10 enfrentamientos a lo largo y ancho de la Tierra Caliente michoacana. 

Dice Miguel con los ojos aguados que no se explica cómo el Gobierno ahora los criminaliza, cómo los llama un nuevo cártel si fue su grupo (G-250) quien siempre encabezó los operativos con las Fuerzas Federales. Cuenta que cuando las personas lo ven así de armado se sorprenden. “La gente dice: ‘Mira no más cómo anda ese morrillo de ajuareado (armado). Está re chiquitillo’. Yo sólo les contesto que hay que luchar por nuestra gente. ¿Cómo chingados quieren que yo reaccione si los templarios me mataron a mis tres tíos? Ellos me criaron junto con mi abuelita, amigo”. Su mirada es rojiza, desafiante.

La voz se vuelve más de niño, más frágil, cuando le pregunto por sus estudios: ¿Dónde quedó la escuela, Miguel? La respuesta es automática: “No viejón, mi escuela quedó muy lejos. Sólo llegué hasta cuarto de primaria”.

 

Leer el artículo aquí