“Ninguna de nosotras es Marielle. Pero sus pautas están más vivas que nunca”, los homenajes a un año del brutal crimen

A un año del asesinato de Marielle Franco, activistas de todo el mundo se congregaron en misas, actos públicos y manifestaciones para recordar a la concejala y defensora de los derechos humanos que se convirtió un símbolo de lucha y resistencia de la comunidad negra y LGTB. Las flores, velas y fotografías de Marielle tomaron las calles de Río de Janeiro, donde el 13 de marzo pasado fue brutalmente ejecutada junto con su chofer, Anderson Gomes.

La escalinata de la cámara municipal donde trabajaba Franco, en la céntrica plaza Cinelandia, fue adornada con girasoles y frases conmemorativas. “La muerte de Marielle para nosotras, mujeres negras de este país, representa un proceso profundo de reanudación de nuestro camino, de rescate de nuestra identidad y de resistencia, porque existen políticas de feminicidio, de genocidio de la juventud negra”, aseguró Silvia de Mendonça, una actriz de 57 años que participó en un acto exactamente en el cruce donde Franco fue acribillada.

En otro acto frente al Palacio de Guanabara, representantes de la Amnistia Internacional (AI), incluida la directora ejecutiva de la ONG, Margaret Huang, se reunieron para pedir justicia por Marielle, “El asesinato de Marielle no sólo fue una amenaza a los líderes políticos de Brasil sino también a los defensores de derechos humanos de todo el mundo”, afirmó Huang.

Como muestra de ello, AI reunió cerca de 800.000 firmas procedentes de 45 países, para pedir “justicia” por el asesinato, al que calificaron como “un abuso contra los derechos humanos”.

La directora de AI advirtió que ante el crecimiento de las ideas conservadoras y el auge de las políticas de ultraderecha, con la llegada al poder de líderes como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, los defensores de derechos humanos están siendo atacados en muchos países, por lo que el activismo tiene que “organizarse, apoyarse y mostrar su solidaridad”.

El mismo año en que el 55% de los votantes eligió al ultraderechista Jair Bolsonaro presidente de Brasil, varias mujeres negras, algunas de ellas asesoras cercanas a Franco, conquistaron puestos electivos, como las diputadas regionales de Rio de Janeiro Mónica Francisco y Dani Monteiro y la diputada federal Taliria Petrone.

“Marielle ya no vive porque su cuerpo fue interrumpido. Ninguna de nosotras es Marielle. Pero sus pautas están más vivas que nunca. Se despertó un sentido de urgencia de continuar luchando”, afirmó Petrone, de 33 años.

En Brasilia, legisladores del PSOL le rindieron homenaje a la activista en el Congreso y un grupo de mujeres “rebautizó” uno de los puentes de la capital colocando un adhesivo gigante “Puente Marielle Franco” en lugar del nombre del militar Costa e Silva, segundo presidente del período dictatorial (1964-1985).

Franco (1979-2018) era una mujer negra, lesbiana, procedente de una favela, militante del izquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y defensora de los derechos de las minorías, por lo que su crimen provocó gran indignación en Brasil y condenas en el exterior.