Marihuana, drogas y narcotráfico

Latinoamérica 

El debate en torno al consumo de drogas, entendido como un derecho individual de las personas, la despenalización y legalización de la marihuana, es parte de un cambio regional. Pero es sólo una parte de la necesidad de reformas en las políticas públicas mucho más amplias sobre el tema de las drogas, incluida la salud y seguridad pública, y la lucha contra el narcotráfico.

Redacción – Latinoamérica Piensa

El consumo de drogas representa tanto un problema en materia de salud pública como de seguridad ciudadana, aunque está claro que la intervención policial y la persecución a los consumidores, considerados como microtraficantes, no es una política efectiva para reducir el consumo de sustancias ilícitas y es frecuentemente fuente de corrupción, que sólo sirve para completar las metas de las fuerzas policiales en la lucha contra el narcotráfico, ya que alrededor del 60% de las detenciones son por consumo, pese a que no se trata de un delito.

Tampoco la intervención militar ha logrado resolver el problema de la reducción de la producción y el comercio, y el aumento creciente de las actividades del narcotráfico. La militarización de la seguridad pública es una realidad en varios países latinoamericanos que tampoco tiene éxito. La región se enfrenta a tres problemas fundamentales en lo que se refiere a políticas públicas sobre drogas: o depende de investigaciones externas, o directamente son inexistentes o falta capacidad para interpretar esa información, facilitando la manipulación políticamente de interés involucrados en la cuestión.

Los medios de comunicación han contribuido en la adopción de imaginarios colectivos sobre determinados asuntos complejos, como son la inseguridad ciudadana, la descripción del problema del tráfico de drogas, y en la continuidad del paradigma prohibicionista bajo cuya influencia llevamos ya más de 50 años. Con frecuencia, en los casos en que la comisión de delitos violentos va asociada a la posesión o uso de drogas, refieren fundamentalmente a la pasta base de cocaína y en menor medida la marihuana. Sin embargo, no suelen diferenciarse las sustancias y los distintos tipos de usos sociales.

El estudio de drogas de OPDOP

Precisamente, en estos días los medios de comunicación de la región dieron amplia difusión a una encuesta según la cual las tasas de aprobación al uso terapéutico de la marihuana aumentó de un 57% a un 65% en América Latina con respecto al 2014, mientras la mayoría de los latinoamericanos considera más peligrosos el alcohol y el tabaco que la marihuana, y crece el respaldo a medidas de regularización del mercado de drogas, especialmente en México y Colombia.

El estudio fue realizado por el Observatorio Latinoamericano de Políticas de Drogas y Opinión (OPDOP) de Asuntos del Sur, con base en Santiago de Chile, un barómetro dedicado exclusivamente a la temática de políticas de drogas en la región, basado en entrevistas cara a cara a 8.952 personas, de las que 3.872 tienen entre 18 y 35 años, en un total de nueve países de la región: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Perú y Uruguay. El margen de error de la muestra total es del 1,0 por ciento y en el segmento de 18/35 años alcanza el 1,6%, de acuerdo a lo que señaló OPDOP.

» El consumo de drogas representa tanto un problema en materia de salud pública como de seguridad ciudadana, aunque está claro que la intervención policial y la persecución a los consumidores, considerados como microtraficantes, no es una política efectiva para reducir el consumo de sustancias ilícitas y es frecuentemente fuente de corrupción, que sólo sirve para completar las metas de las fuerzas policiales en la lucha contra el narcotráfico «

El trabajo se realizó en conjunto con instituciones como el Centro de Estudios Cuantitativos de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), el CESED de la Universidad de Los Andes en Colombia, la Fundación Friedrich Ebert en Bolivia, el Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos (CIDDH) en Perú, la Asociación Costarricence para Estudios e Intervención en Drogas (ACEID), entre otras. Además, en esta edición participaron instituciones como Kings College, La Universidad del País Vasco y Beckley Foundation en la elaboración de baterías específicas.

La encuesta fue financiada por la Open Society Foundations, con sede en Nueva York, Estados Unidos, cuyo presidente es Christopher Stone, un experto internacional sobre la reforma de la justicia penal y en el liderazgo y la gobernanza de las organizaciones no lucrativas. El inversor financiero y filántropo George Soros es el fundador de la Open Society Foundations “para ayudar a los países a hacer la transición desde el comunismo”. Estados Unidos es el principal país consumidor de drogas del mundo y, por lo tanto, la principal fuente de financiación de las plantaciones de marihuana, las cocinas de cocaína y de elaboración de otras drogas sintéticas, y las actividades ilegales del narcotráfico en nuestra región, mientras sus fuerzas de seguridad son sospechadas de mantener vinculación con los carteles de la droga.

La seguridad ciudadana y la salud pública

Según refleja el barómetro, el 67% de los latinoamericanos perciben que el narcotráfico ha crecido en los últimos 5 años y más de un 75% consideran que la disponibilidad de drogas (marihuana, cocaína y otras) en las calles ha aumentado. En este contexto, existe cierto equilibrio entre las posturas que entienden que el consumo de drogas es un problema de seguridad ciudadana y los que lo perciben como un tema de salud pública. México es el país donde la población se muestra más crítica con las intervenciones policiales y militares, y Bolivia y El Salvador los países más conservadores al respecto.

“Ante el fracaso de las políticas de drogas imperantes, la población está demandando vías alternativas. Las despenalización y legalización de producción, comercio y uso drogas, ganan aceptación entre los mexicanos (el 72% de los jóvenes respaldan la regularización del consumo) y los colombianos (donde se duplica el respaldo a la regularización de la producción), aunque la pierden entre los argentinos y los bolivianos”, señala el informe de OPDOP.

Al mismo tiempo, agrega que “el modelo de regulación uruguayo, donde el 68% considera el consumo de drogas como un derecho individual, pierde ratios de popularidad en todos los países con respecto al año pasado. Esto a pesar de que Uruguay es el país de la región en el que menos se vincula el consumo de marihuana con actos delictivos (54% en comparación un una media de 74%)”.

» Según refleja el barómetro, el 67% de los latinoamericanos perciben que el narcotráfico ha crecido en los últimos 5 años y más de un 75% consideran que la disponibilidad de drogas (marihuana, cocaína y otras) en las calles ha aumentado. En este contexto, existe cierto equilibrio entre las posturas que entienden que el consumo de drogas es un problema de seguridad ciudadana y los que lo perciben como un tema de salud pública «

Tras estos resultados los analistas del OPDOP perciben una crítica a los enfoques prohibicionistas “que han incrementado la violencia en la región, sin lograr sus objetivos de disminuir el consumo de drogas, e impactando negativa y desproporcionadamente entre los jóvenes. El creciente apoyo a una reforma de la política de drogas, va de la mano de una mayor exigencia hacia las alternativas despenalizadoras y mercados de drogas regulados, que han de incorporar líneas de trabajo equilibradas que escuchen y at
iendan las demandas de una población cada vez más crítica e informada”, sostienen.

Los expertos del OPDOP destacan “la necesidad de mejorar la calidad y sensatez de las políticas educativas y preventivas, que hasta ahora en muchos países se han realizado bajo agendas políticas, conveniencias morales e incluso el gran negocio del tratamiento. Por muchos años –agregan- las campañas del terror frente al uso de droga han polarizado los debates y quitado espacio para el trabajo basado en la evidencia y la realidad social de nuestros países. Es necesario que tanto las instituciones como los actores ligados al prohibicionismo alarmante, hagan un mea culpa del gran daño que le han generado a millones de latinoamericanos”, dicen por último.

Estas tendencias presentadas en el estudio de OPDOP, se hacen públicas en un momento particular, en el que varios países latinoamericanos juegan un papel importante en la preparación de las discusiones que tendrán lugar en la Sesión Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas (UNGASS) en abril de 2016, donde se discutirá un nuevo enfoque de políticas de drogas a nivel internacional, respondiendo a un llamado hecho por los presidentes de Colombia, México y Guatemala en el 2012.

El estudio de OPDOP en cifras: 

– El 83% de los chilenos asegura que la disponibilidad de marihuana ha aumentado respecto al año anterior. 

– El 72% de los jóvenes mexicanos apoya la despenalización o legalización del consumo de drogas.

– El 43 % de los colombianos indica que la producción de drogas debería ser despenalizada o legalizada. En 2013-2014 sólo el 20% respaldaba esta opción. Colombia es el único país de la región en el que la mayoría de la opinión pública percibe que el narcotráfico no ha aumentado en los últimos 5 años.

– El 87% de los argentinos perciben que la disponibilidad de cocaína ha aumentado en el último año. El 55% considera que la intervención policial y persecución hacia los consumidores como política para reducir el consumo es inefectiva. Las medidas de despenalización o legalización del consumo caen del 74% al 50% entre los jóvenes.

– El 97% de los bolivianos consideran que el consumo de drogas constituye un problema social. Sólo el 2% indica haber consumido marihuana en el último mes y el 2% pasta base o cocaína alguna vez.

– El 61% de los jóvenes costarricenses considera que el consumo de drogas debería ser despenalizado o legalizado. El 46% de la población considera que la intervención militar no es efectiva como medida para reducir el narcotráfico.

– El 68% de los uruguayos indica que el uso de drogas debería ser considerado un derecho individual.

– Sólo el 1% de los peruanos indica haber probado alguna vez en el último año cocaína o pasta base. El 75% de ellos sostienen haber asistido a trabajar bajo el influjo de las mismas.

El caso de Bolivia

En Bolivia el estudio de OPDOP estuvo a cargo de la Fundación Friedrich Ebert, y el informe fue elaborado por los investigadores Juan Carlos Campero y Carlos Aldana.  Según el informe, el apoyo al uso terapéutico de la marihuana, tanto como el respaldo a medidas de despenalización y legalización de las drogas, creció en la mayoría de los países de la región con respecto a 2014, salvo el caso de Bolivia, uno de los países donde la desaprobación a este tipo de medidas es una de las mayores de la región.

De los países estudiados en el informe la población boliviana es la que tiene mayor la reticencia a la legalización. Las cifras además indican que el 97% de los bolivianos consideran que el consumo de drogas constituye un problema social, en contrario de quienes consideran que el uso de drogas debería ser un considerado un derecho individual. Incluso, aunque la mayoría de los jóvenes latinoamericanos se muestra más crítica con las intervenciones policiales y militares, en el caso de Bolivia se trata de uno de los países más conservadores al respecto.

Para Catalina Niño Guarnizo, directora del Programa de Seguridad Regional en América Latina de la Fundación Friedrich Ebert, los resultados de la encuesta de OPDOP “evidencian una vez más las tendencias conservadoras que predominan en América Latina en materia de reconocimiento de derechos individuales”.

Al respecto, asegura que en materia de política de drogas “es claro que el apoyo ciudadano a reformas propuestas alternativas de política pública para atender los problemas vinculados con el mercado de las drogas ilegales es y seguirá siendo muy limitado”. 

Niño Guarnizo considera que en la región “hay un apoyo mayoritario al modelo represivo y prohibicionista que ha caracterizado las políticas contra las drogas durante los últimos 50 años. Incluso los resultados sugieren que aún persisten ideas equivocadas difundidas en el marco de la guerra contra las drogas, como la generalización del vínculo entre drogas y comisión de delitos”, sostiene. 

La realidad es que estas tendencias muestran la diversidad de realidades sociales que existen en América Latina, ya que Bolivia se ha convertido en un paradigma del desafío al régimen internacional de drogas, por dos razones fundamentales: la despenalización del uso consuetudinario del acullico de la hoja de coca en contra de las convenciones internacionales de drogas y su posterior admisión en las mismas con la excepción del acullico, además de la expulsión del país de los programas de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y de la Administración de Control de Drogas (DEA).

¿Qué sucede en Ecuador?

El 57 % de la droga que se consume en Ecuador puede conseguirse en la calle, bares o discotecas, es decir, en espacios públicos, mientras que el 27% se la consigue a través de amigos o, incluso, de familiares, según los datos del Cuarto Estudio Nacional sobre uso de drogas en la población de entre 12 y 65 años, que fue presentado en noviembre de 2014 por el Consejo Nacional de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (CONSEP) en Quito, encuesta que se realizó a 53 ciudades del país y representa a 5.617.973 ecuatorianos. 

Del total de encuestados, el 5,3% (295.279) reconoció haber fumado marihuana alguna vez, la droga ilícita que más se consume en el Ecuador. Quienes se ubican en el rango de edad de entre 36 y 45 años representan el grupo que más usa esta sustancia,  de acuerdo con el estudio.

En mayo de 2013, Ecuador despenalizó la dosis y porte mínimo de drogas como marihuana, cocaína y heroína. Sin embargo, el presidente Rafael Correa descartó analizar la legalización del consumo de marihuana. «No es una materia de las urgentes que tiene el gobierno, tenemos mil prioridades antes de este problema. Se necesita una discusión más profunda, es claro que la estrategia actual contra la droga y el narcotráfico ha sido un fracaso completo, así que no hay que excluir ninguna posibilidad, entre ellos legalizar cierta clase de drogas», explicó Correa al ser consultado por los periodistas sobre el tema.

La encuesta del CONSEP en cifras:  

– 12% consigue droga gracias a amigos del trabajo.

– 11,3% compra droga por teléfono a micro traficantes.

– 3,1% adquiere la droga en conciertos y partidos de fútbol.

– 35% reveló que le sería fácil conseguir marihuana.

Alerta por consumo de drogas entre adolescentes

En el “Informe sobre el Uso de Drogas de las Américas de 2015″, presentado por la Organización de Estados Americanos (OEA), ya se había advertido sobre aumento del consumo de drogas entre los adolescentes de América, considerándolo como “muy alto”, mientras que la percepción de riesgo frente al uso ocasional de esas sustancias es “muy baja”.

La investigación, elaborada por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) de la OEA, reveló el
alto consumo de alcohol en jóvenes de entre 13 y 17 años, el aumento del consumo de marihuana en este sector de la población y la “precocidad” en el consumo de éxtasis y sustancias inhalables.

El informe se presentó en el marco del 57 periodo ordinario de sesiones de la CICAD, que tuvo lugar en abril pasado en la sede de la OEA en Washington y donde se comenzó a negociar el nuevo Plan de Acción Hemisférico sobre Drogas 2016-2020, que los países miembros aprobarán en noviembre.

» En el “Informe sobre el Uso de Drogas de las Américas de 2015″, presentado por la Organización de Estados Americanos (OEA), ya se había advertido sobre aumento del consumo de drogas entre los adolescentes de América, considerándolo como “muy alto”, mientras que la percepción de riesgo frente al uso ocasional de esas sustancias es ‘muy baja’ «

Respecto a la marihuana, el consumo entre los jóvenes creció en todos los países del continente con excepción de Perú, mientras que Chile es el país con mayor consumo de esta droga en la región. En Uruguay, en el periodo 2003-2014 el consumo de marihuana se duplicó, pasando del 8,4 % al 17 %.

La CIDAC alertó también sobre la precocidad en el consumo de éxtasis y sustancias inhalables entre los jóvenes de 13 a 17 años. En líneas generales, los estudiantes perciben mayor facilidad de acceso para obtener éxtasis precisamente en aquellos países donde las tasas de consumo son mayores: Estados Unidos, Argentina, Colombia y Surinam. La excepción es Chile, donde la percepción de fácil acceso es baja, pero la tasa de consumo supera a los demás países de América Latina.

El uso de inhalables es particularmente alto en el Caribe. Entre los 12 países del Caribe de los que se tuvo información sobre inhalables, ocho tienen prevalencia de uso superior a 5,9 %, por encima de todos los demás en el continente, situando a la región en un intervalo de prevalencia alta, con la excepción de República Dominicana donde el consumo es sustancialmente inferior.

Cuba no legaliza el consumo de marihuana 

Por su parte, Cuba descartó la legalización del consumo de marihuana, la que reconoce como una «droga dura», capaz de «transformar notablemente el comportamiento humano» y descalificó a los que en el mundo abogan por su liberalización. «La marihuana es una droga dura que se incluye junto al alcohol y otras, entre las primeras sustancias psicoactivas capaces de transformar notablemente el comportamiento humano», dijo Ricardo González, presidente de la Comisión Nacional de Ética Médica al diario oficial Granma.

Con más de 30 años de experiencia en el tratamiento de adictos en el hospital psiquiátrico de La Habana, González, considerado una autoridad en la materia en la isla, descalificó a los que abogan por su legalización. «Quienes proponen la legalización, no pueden, por su perfil profesional, valorar la  repercusión en el hogar, laboral y comunitaria de los efectos cerebrales de esta droga, al bloquear el cerebro racional y liberar las estructuras y funciones más primitivas», dijo.

La legalización de la marihuana en Uruguay en diciembre de 2013 tuvo un fuerte impacto sobre Cuba, donde el ex presidente José Mujica, goza de gran popularidad. Días atrás, Mujica pidió no reprimir «a ciegas» el consumo de marihuana porque con prohibiciones «vamos a peor» y defendió la legalización del cannabis en su país, que busca «arrebatar el mercado al narcotráfico».

Sobre su política Mujica dijo que «peor que la marihuana es el narcotráfico» y explicó que en Uruguay «aplicamos el principio de ‘si quieres cambiar, no puedes seguir haciendo lo mismo’. Hace cien años que reprimimos y vamos a peor”, sostuvo. «En Uruguay no legalizamos, pero tampoco condenamos. Hay 150.000 consumidores, el mercado existe y hay que tratar de arrebatar el mercado al narcotráfico», concluyó. 

El mito de la droga blanda

El ex mandatario uruguayo rechazó que la marihuana sea buena, aunque «tampoco lo son ni el tabaco ni el alcohol», mientras abogó por encontrar «unas dosis y un consumo regulado» y ofrecer ayuda a quienes sufren problemas de drogadicción, a los que no se puede atender «en un mundo clandestino». Además, reconoció que «cultivar con seguridad es complejo» y anticipó que queda mucho por investigar, también en las posibles aplicaciones médicas del cannabis.

Uruguay aprobó en diciembre de 2013 una ley destinada a legalizar el cultivo, la distribución y el comercio de la marihuana bajo la regulación del Estado. No obstante, todavía queda por crear el sistema de venta masiva de esta sustancia, un asunto que ha generado una fuerte controversia por la conveniencia o no de distribuirla en farmacias, que fue suspendida temporalmente por el actual presidente Tabaré Vázquez.

» Uruguay aprobó en diciembre de 2013 una ley destinada a legalizar el cultivo, la distribución y el comercio de la marihuana bajo la regulación del Estado. No obstante, todavía queda por crear el sistema de venta masiva de esta sustancia, un asunto que ha generado una fuerte controversia «

En ese sentido, González aseveró que «hay hoy suficientes informaciones científicas actualizadas sobre el desencadenamiento de esquizofrenia, deterioro cognitivo, acción cancerígena y violencia sorpresiva de la marihuana» y enfatizó que «abajo debe venirse el mito de que es una droga blanda sin efectos determinantes de adicción y dependencia». 

El consumo de drogas en Cuba no constituye un problema social, aunque ha aumentado en los últimos años. Las autoridades ejercen una estricta vigilancia para evitar la entrada por puertos y aeropuertos, y es fuertemente castigada la venta y el cultivo. Las tropas guardafronteras tratan de controlar los ‘recalos’, pacas de drogas que arriban a la costa norte de la isla, producto de la actividad de narcotráfico internacional entre Sudamérica y Estados Unidos. Los medios, sobre todo la televisión, desarrollan una persistente campaña contra el consumo, y el ministerio de Salud dispone de tratamientos gratuitos de desintoxicación.

Salud, derechos humanos y desarrollo

En definitiva, existe poca claridad en cuanto al efecto que causa consumir distintos tipos de drogas y la salud ciudadana, así como la vinculación del consumo de drogas con la comisión de delitos y la seguridad ciudadana, probablemente como consecuencia del miedo, la desinformación, y la búsqueda de soluciones mágicas o simbólicas. 

Lo mismo ocurre en cuanto al rol que deben desempeñar las fuerzas de seguridad, policías y militares, frente al tema del consumo y el narcotráfico. Del mismo modo, hay profundas contradicciones sociales y normativas entre la aceptación o no sobre drogas legales e ilegales.

Los resultados que arrojan estos distintos estudios no pueden ser tomados como concluyentes, sino como exploratorios, como un punto de partida para el debate. Lo cierto es que tanto las políticas punitivas, como una descriminalización ineficaz,  resultarán inútiles sin un plan más amplio para cambiar las políticas públicas sobre drogas, que deberán estar enfocadas en la salud, los derechos humanos y el desarrollo.

 

Estudio de Drogas OPDOP 2014-2015: Políticas de Drogas y Opinión Pública en América Latina