Una sociedad polarizada

Paraguay 

El sociólogo Nicolás Moringo manifiesta que la política impulsada por el gobierno apunta más bien a una concepción que busca el beneficio de los sectores poderosos. Explica que en el país la producción de soja se da simultáneamente a la situación campesina, pero que ésta beneficia a los grandes y deja totalmente al margen al campesino de bajos recursos que labra la tierra. 

Jana Brunner- E’a (Paraguay) 

El sociólogo Nicolás Morínigo sostiene que cualquier transacción en este momento con el narcotráfico nos llevará a un puerto sin retorno. Habla también de APP, Cartes y la legalización de la marihuana.

Después de este tiempo bajo el gobierno de Cartes, ¿cuál es su opinión?

La política de este país, lo que más pudo desarrollar, es una expresión de propaganda de “El nuevo rumbo”. ¿Cuál es “el nuevo rumbo”? Tiene un cierto carácter vinculado más bien a una concepción que busca el beneficio de los sectores poderosos. Obviamente, no se dice eso. Lo que se dice es intentar integrar el Paraguay al mundo. Entonces, hay que relacionarse con todos los países; hay que producir lo que se vende: la soja, carne… Qué efectos tiene para la sociedad paraguaya está al margen del problema (para el Gobierno).

En consecuencia, la política del Gobierno alienta mucho más a una integración de los sectores de más altos recursos económicos que de los sectores más débiles, que aparentamente van a quedar totalmente al margen.

Nosotros vivimos la simultaneidad de tiempo diferente. Simultánea porque ocurre al mismo momento, pero, sin embargo, afecta a tiempo distinto. La producción de soja se da simultáneamente a la situación campesina pero la producción de soja beneficia a los grandes y deja totalmente al margen al campesino. Esta simultanedad hace que, por un lado, pueda existir un sector dedicado a la agricultura que son los empresarios, pero la gran masa de los campesinos queda marginada. Y la respuesta que tienen es la venta de tierra; pierden su tierra o alquilan. No tenemos respuestas ni claridades de qué hacer frente a esta situación. La impresión que yo tengo es que la situación se vuelve cada vez peor por una ausencia de una clase política, por la ausencia de formación para orientar al país. Me preocupa que haya gente con conflictos hace 50 años que pretendan decirnos qué hacer. Acá, peligrosamente, todo esto se está vinculando también con el narcotráfico.

-¿Cómo ves la situación actual de la narcopolítica comparando con los años pasados?

Mucho mas grave. Porque se hablaba de la narcopolítica como algo que está ocurriendo en lugares lejanos, desvinculada de la sociedad paraguaya. Hoy nos damos cuenta de que eso era totalmente un mito; nos damos cuenta de que la exportación, la produción de droga, el narcotráfico está vinculado a los poderes del partido (Partido Colorado), y los poderes del partido están controlando regionalmente las áreas. Lo que me preocupa es hasta dónde controlan. Si controlan solamente a nivel superficial entonces es factible una respuesta, pero si realmente controlan de manera efectivamente todo se vuelve más complicado. Yo creo que es un error de ABC, el pensar de que la muerte del periodista (Pablo Medina) se dió entre tres personas, esta es una cuestión mucho más compleja. No me cabe la menor duda de que algún conocimiento debe tener el presidente de la República.

-En cuanto al asesinato de Pablo Medina, ¿cómo debe reaccionar el gobierno de Cartes teniendo en cuenta su política internacional?

No debe buscar ningún tipo de transacción con los asesinos. Cualquier tipo de transacción equivale a una profundización del narcotráfico y a una profundización de los poderes que tienen para manejar la sociedad. En este momento, es todavía factible una manifestación pública, denunciar, pero si seguimos este tranco perderemos esta oportunidad a corto plazo. Lo que se está definiendo es fundamental para el futuro del país.

-¿De qué manera el Gobierno está luchando contra el narcotráfico, digamos, para mantener la seguridad social?

La idea de Cartes es luchar con la Fuerza Conjunta, la fuerza militar y policial. Pero para mí es un problema mucho más de inteligencia que de fuerza. No tiene tanto sentido que haya tanques en las zonas de conflicto. No hay guerra. Lo que hay que hacer es trabajo de inteligencia, saber cómo operan, sus estrategia, cómo se vinculan.

-Lo que principalmente se produce en Paraguay es la marihuana. ¿Cómo pensás que cambiará la situación actual teniendo en cuenta una legalización de la marihuana como en Uruguay?

Por la cultura y la experiencia que tenemos en nuestro país una legalización va a ser contraproductivo. Hoy en día me parece una cuestion razonable pero eso equivale a tener los elementos institucionales adecuados para que esta legalización se haga de una manera controlada. Como lo hace Uruguay, pero Uruguay tiene un fuerte desarrollo institucional. ¿En qué nosotros vamos a confiar? ¿En el Poder Judicial? ¿En la policía?

-¿Cómo ves la aplicación de las APP (Alianza Público Privada)?

La ley de la APP creo que tiene un efecto importante y grave. Le otorga al presidente de la República la posibilidad de cambiar, de replantear los acuerdos que se establecen entre los distintos sectores de la APP. Le da un poder extraordinario al Presidente. Yo no veo por qué no se puede hacer a través de instituciones, por qué tienen que ser personas. Eso me lleva a la hipótesis de que lo que realmente está intentando es una respuesta de cómo seguir en un proceso de acumulación; no tanto como una alianza orientada al benefício de la sociedad paraguaya.

-¿Entonces está justificado el miedo de la gente de que Cartes, utilizando las APP como mecanismo para introducir más empresas privadas al ambito público, concentre más poder en los ya poderosos?

Claro. Hay que pensar de qué manera se puede integrar para buscar la solución de los problemas del país, no qué tenemos que hacer para que el sector privado pueda ganar más. Ellos saben cómo pueden ganar. Lo que tiene que hacer quien maneja el Estado es orientar esa posible inversión beneficiando a los que tienen más necesidades, o sea a la mayoría de la población. Pero si la intención del Gobierno es ayudar a los que más tienen, entonces no sé hacía donde vamos, o sé: creo que vamos para atrás.

 

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