Reflexiones sobre la narcoliteratura

México

Últimamente surgió una corriente literaria diferente que atrae a los lectores latinoamericanos: la narcoliteratura. En esta entrevista, el escritor Ramón Gerónimo Olivera, resalta que no toda producción literaria que sea sobre el ambiente del narcotráfico merece este mote. Para él, el termino conlleva una connotación negativa poco profunda que denosta al género. 

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Shaila Rosagel- Sin Embargo (México) 

La narcoliteratura, término que se utiliza para llamar a la literatura que aborda el fenómeno de narcotráfico, es una forma de “encasillar” a los escritores por zonas geográficas y denostar, en parte, su trabajo, dice Ramón Gerónimo Olvera, autor del libro Sólo las cruces quedaron de editorial Ficticia.

De esta forma, la crítica mexicana mide con el mismo rasero a los escritores norteños y los echa “en un mismo costal”, pues pareciera que las novelas ambientadas en lugares impregnados por el narco, tienen una connotación negativa literariamente hablando, explica a SinEmbargo el maestro en Literatura en la era Digital por la Universidad de Barcelona y Premio Regional de Periodismo Cultural y Nacional de Periodismo que otorga la Asociación Nacional de Locutores, originario de Chihuahua.

Pero no obstante que algunos críticos, parecen ver con una óptica desde el Distrito Federal a la producción literaria que tiene como entorno al narcotráfico, la “narcoliteratura” es un término acuñado para vender.

“El prefijo narco es el meollo del asunto. Necesariamente lo utilizamos casi en la vida cotidiana, sin reparar en la misma reflexión sobre el mismo. Se corre el riesgo de que el prefijo narco sobre estas expresiones culturales, nos hagan que no las podamos entender en toda su complejidad, porque nos dejamos ir por lo narco, sin ver todo lo que hay en juego y en profundidad”, dice el escritor.

Gerónimo Olvera analiza en su último libro a varios autores colombianos y mexicanos que escriben en un entorno donde priva el negocio del narcotráfico y contesta en esta entrevista, algunas de esas preguntas que buscan provocar una crítica, a la forma en la que se aborda la literatura que habla de narcotráfico.

–¿De dónde nace la idea de escribir este libro donde usted explora el término de narcoliteratura?

–Nace de una idea concreta de hechos de violencia que hemos vivido y que se han venido consignando mediante el periodismo, pero también a través de la literatura. Vi la necesidad de hacer un estudio donde, si bien con cierto rigor académico se abordara cómo la literatura participa en el juego de la violencia y el narcotráfico, porque gran parte de la academia es bastante prudente y temerosa de entrar a estos temas, justo por lo contemporáneo, cercano, me llamó la atención hacerlo desde la óptica de autores de Mexico y Colombia para tener algunos puntos de encuentro y desencuentro.

–Usted cuestiona este adjetivo de narcoliteratura para referirse a todas las novelas que se escriben sobre narcotráfico…

–Sí, es que es cuestionable desde varias ópticas. Es comprensible que para vender libros, la gran industria le ponga estos nombres, sería uno de los marcos por los que se llama narcoliteratura, pero lo otro es también un encasillamiento facilista de la crítica, o de cierta crítica, para meter a todos los autores en el mismo saco y tratarlos por igual. Yo creo que de todos los autores que se manejan en el libro, ninguno se propone escribir una narcoliteratura. Lo que están haciendo son historias donde el narcotráfico aparece porque están ahí en la atmósfera del escritor. Sí es necesario ponerle nombres a las cosas y categorías, pero hay que reflexionar sobre la categoría porque algunos críticos le llaman así para descalificarla, no para entenderla.

–¿Entonces este prefijo “narco”, ¿es negativo y descalifica?

–Sí, cuando le metemos el prefijo “narco”, en términos de la realidad judicial y de la justicia es prácticamente un adjetivo sinónimo de “ya no se investigue”, en los términos literarios, sí hay un encasillamiento que por supuesto sirve para vender, y para vender bien. También está la connotación de lo narco, lo cierto es que como el narcotráfico aparece en la vida cotidiana de las personas, aparece mucho en la literatura y aparece así, de manera espontánea, casi inconsciente, porque está en la realidad, en lo que respira el escritor.

–Para usted Ramón, los autores que escriben sobre narcotráfico ¿escriben literatura, no narcoliteratura?

–Habría que establecer diferencias. Habrá escritores muy respetables que de manera abierta y de manera consciente desean hacer libros de narcoliteratura para ser vendidos, que tampoco me parecería algo deleznable en sí mismo. Hay escritores como Fernando Vallejo y Élmer Mendoza, donde el narcotráfico aparece en sus novelas, pero aparece de una manera compleja, simbólica y además creo que los autores que se incluyen en el  libro, como Yuri Herrera, aparece el narcotráfico no por si mismo, sino como un marco histórico, cultural de México.

Hay preguntas que usted lanza en el libro, una de ellas, ¿cuál es la voluntad que existe en reducir esta expresión a ciertas zonas geográficas del país? También habla de una visión centralista de etiquetar como narcoliteratura, para encasillar a todos los escritores de las regiones del norte de México…

–Esto es muy palpable, Rafael Lemus, un crítico de Letras Libres, decía que la literatura de Élmer Mendoza era candorismo costumbrista y que no valía nada. Don Antonio Parra le contesta, porque pareciera que si no se escribe en el Distrito Federal [DF], no vale o se encasilla muy fácilmente, siendo que estas temáticas están aquí en nuestra realidad y que autores como los que he mencionado, por fortuna están siendo estudiados en muchas partes del mundo. Pareciera que es la viva literatura mexicana, estos autores, no se encasillan en el tema del narcotráfico, son bastante amplios, y cuando hablamos de literatura norteña, también toca hablar de Ignacio Solares, Carlos Montemayor, por mencionar algunos.

–Usted también lanza la pregunta sobre, ¿qué interés existe en homologar a todos estos autores que abordan el tema?

–Al final de cuentas el deseo de homologación, es a lo mejor una estrategia de orden político, de poder, que una estrategia de un criterio literario.

–Aborda a los escritores desde el periodismo, literatura, habla de la nota roja…

–Comento a manera de chiste en el texto, que el primer cuento judío-cristiano de la nota roja la historia de Caín y Abel, y siempre en todas las expresiones, un germen fundamental para escribir, porque la nota roja nos muestra ese lado oscuro que tiene las sociedades, los seres humanos, que es la materia prima para la literatura, mientras que en cualquier régimen oficial, todo tiene que ser luminoso, esperanzador. Esto que llamamos narcoliteratura a lo mejor es una variante del género policiaco.

–Entonces es tan erróneo decir narcoliteratura, como si se quisiera decir “narcoperiodismo” si se reportea sobre narco, ¿sería algo simular?

–Muy muy simular. Al final de cuentas hacer un gran reportaje sobre narcotráfico no es narcoreportaje, porque se pretende estudiarlo y hacerle preguntas.

– ¿Pasa lo mismo con la narcoliteratura que con los narcocorridos? ¿Podríamos poner en la misma dimensión al narcocorrido con narcoliteratura? ¿El prefijo narco juega el mismo papel?

–Sí, el prefijo narco es el meollo del asunto. Necesariamente lo utilizamos casi en la vida cotidiana, sin reparar en la misma reflexión sobre el mismo. Se corre el riesgo de que el pre
fijo narco sobre estas expresiones culturales, nos haga que no las podamos entender en toda su complejidad, porque nos dejamos ir por lo narco, sin ver todo lo que hay en juego y en profundidad

–¿Lo narco es lo que vende? ¿De qué tamaño es el mercado editorial en torno al narcotráfico?

–En la industria cultural el narcotráfico tiene un tamaño enorme y fundamental. Basta ver las ultimas producciones cinematográficas como Miss Bala, El Inferno, cómo les va en taquilla y para ser cine mexicano, les va muy bien. En el caso de la literatura es bastante vendible manejar esto como lo narco, sinónimo de venta y en el caso del periodismo, también ponerle que fue una narcobalacera, narcofiesta, narcobautizo, narcoentierro, un narco lo que se le ocurra. Termina siendo un buen mecanismo de venta, en donde todo es sujeto a la venta.

–¿Se denosta a estas expresiones con este prefijo?

–Sí, además corremos el riesgo de no estudiarlas en su profundidad por el prefijo narco. Al verlo analizamos una serie de ideas inconscientes y lo clasificamos así, sin estudiar toda la profundidad que hay en ello, además de insensibilizar. Somos una sociedad carente de sensibilidad para muchas cosas, y el adjetivo puede ser que en vez de que nos ayude a ser sensibles, nos vuelva más bárbaros.

–Ramón, entre las obras que analiza en el libro, habla de La Virgen de los Sicarios, Rosario Tijeras y de autores mexicanos, ¿qué tanta similitud hay entre nuestros autores mexicanos y los colombianos?

–Sí encontramos rasgos de similares: se encuentra un Estado ausente, una cosa que me llama la atención, es que en ambos casos, el crimen, la violencia, la impunidad, constituyen la norma dentro de la sociedad y no excepción. Una de las diferencias es la fascinación literaria por la figura del sicario en Colombia, mientras que en México por el político poderoso que está vinculado con el narco. Otra diferencia es la connotación religiosa que tiene en el caso de México, como Valverde, La Santa Muerte, que no aparece en otros lados.

–¿También se lleva al campo del periodismo?

–En términos periodísticos los vería más similares que en términos literarios. En México hay una fascinación por la figura del sicario, simular a Colombia, la diferencia la vería más en la literatura. El sicario es una figura muy dolorosa para la sociedad, es el huérfano de una estructura familiar, el huérfano de una estructura social, de un Estado que no sirvió para nada, es el gran victimario y la gran víctima

–Hay otra pregunta que usted laza en su libro, ¿cómo recoge el periodismo y la literatura el fenómeno del narco? ¿Desde la apología, la condena o la censura?

–Recuerdo la foto de Julio Scherer García con el importante líder delincuencial, que para algunos nos daba la sensación de que estaba abrazando a un gran amigo, para otros era el ejercicio periodístico digno de un premio por haber conseguido esa entrevista, y pareciera que tristemente lo que la realidad y los lectores nos empujan es, o a la apología, a la condena o a la censura-autocensura.

–Para terminar, ¿qué proyectos tiene en puerta?

–Ahorita voy a terminar un libro sobre poesía para niños, gastronomía y poesía. También estoy trabajando en un libro de cuentos con un humor negro.

 

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