Murió Ernesto Cardenal, el poeta de la revolución nicaragüense

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, protagonista de la revolución sandinista, murió este domingo a los 95 años tras sufrir un paro cardíaco en un hospital de Managua. El poeta, escritor de obras como “Hora Cero”, “El Evangelio de Solentiname” y “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas”, estaba hospitalizado desde el miércoles pasado por cansancio y problemas respiratorios derivados de una descompensación generalizada.

“Sus órganos comenzaron a fallar (..) murió como un pajarito, se apagó poco a poco”, comentó Luz Marina Acosta, su asistente por más de 40 años. La mujer confió que el poeta dijo estar “listo” a las personas que estuvieron junto a él el sábado, antes de quedar inconsciente. “La única esperanza para mí ante este final (..) es la creencia en la resurrección. Tengo una profunda fe en otra vida”, había dicho Cardenal cuando cumplió 93 años.

Algunas de sus obras fueron traducidas a más de 20 idiomas y fue nominado para el premio Nobel de Literatura cuatro veces desde 2005. Fue distinguido además con la Legión de Honor en grado oficial de Francia en 2013; el premio Pablo Neruda en 2009 y el premio Mario Benedetti 2018.

Cardenal, quien se definía a sí mismo como “poeta, sacerdote y revolucionario”, fue un gran defensor de la teología de la liberación. En sus memorias, dijo que su vida siempre fue “guiada por Dios”, quien le inspiró a “ser revolucionario mucho antes de que surgiera el FSLN” en 1961.

Entre los últimos poemas de Cardenal están “Con las puertas cerradas” y “Lo visible y lo invisible”, que terminó de escribir la víspera de su cumpleaños 95.

La despedida de Ortega

El gobierno encabezado por Daniel Ortega decretó tres días de duelo nacional, y anunció que “se sumará a las ceremonias de gratitud y despedida de este hermano nicaragüense”. “Reconocemos sus aportes a la lucha del pueblo nicaragüense” y “todos sus méritos culturales, artísticos, literarios y su extraordinaria poesía”, destacó el gobierno en una nota.

Ortega y Cardenal fueron compañeros durante la lucha guerrillera que libró el Frente Sandinista (FSLN) contra la dictadura somocista, que fue derrotada con la revolución de 1979. En la década de 1990, Cardenal renunció al FSLN por discrepancias con Ortega, a quien acusó de traicionar los ideales de la revolución para quedarse con el poder.

Tres poemas de Cardenal

Salmo 1

Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido ni
asiste a sus mítines
ni se sienta a la mesa con los gánsters
ni con los Generales en el Consejo de Guerra
Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano
ni delata a su compañero de colegio
Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales
ni escucha sus radios
ni cree en sus slogans
Será como un árbol plantado junto a una fuente.

Barricada

Fue una tarea de todos.
Los que se fueron sin besar a su mamá
para que nos supiera que se iban.
El que besó por última vez a su novia.
Y la que dejó los brazos de él para abrazar un Fal.
El que besó a la abuelita que hacía las veces de madre
y dijo que ya volvía, cogió la gorra, y no volvió.
Los que estuvieron años en la montaña. Años
en la clandestinidad, en las ciudades más peligrosas que la montaña.
Los que servían de correos en los senderos sombríos del norte,
o choferes en Managua, choferes de guerrilleros cada anochecer.
Los que compraban armas en el extranjero tratando con gánsters.
Los que montaban mítines en el extranjero con banderas y gritos
o pisaban la alfombra de la sala de audiencias de un presidente.
Los que asaltaban cuarteles al grito de Patria Libre o Morir.
El muchacho vigilante en la esquina de la calle liberada
con un pañuelo rojinegro en el rostro.
Los niños acarreando adoquines,
arrancando los adoquines de las calles
—que fueron un negocio de Somoza—
y acarreando adoquines y adoquines
para las barricadas del pueblo.
Las que llevaban café a los muchachos que estaban en las barricadas.
Los que hicieron las tareas importantes,
y los que hacían las menos importantes:
Esto fue una tarea de todos.
La verdad es que todos pusimos adoquines en la gran barricada.
Fue una tarea de todos. Fue el pueblo unido.
Y lo hicimos.

Aquí pasaba a pie por estas calles

Aquí pasaba a pie por estas calles,
sin empleo ni puesto y sin un peso.
Sólo poetas, putas y picados
conocieron sus versos.
Nunca estuvo en el extranjero.
Estuvo preso.
Ahora está muerto.
No tiene ningún monumento…
Pero
recordadle cuando tengáis puentes de concreto,
grandes turbinas, tractores, plateados graneros,
buenos gobiernos.
Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo,
en el que un día se escribirán los tratados de comercio,
la Constitución, las cartas de amor,
y los decretos.