Las andanzas de Mr. President

Argentina
Roberto Mero

El bastardeado inglés de Macri en Davos no pudo maquillar su fracaso económico. El anuncio de que el FMI tendrá derecho a auditar la economía argentina, es la confesión del nivel de obsecuencia pero también de obsolescencia del régimen macrista. La bendición a Massa como jefe de la oposición peronista es tan obscena como una declaración de amor en medio de una partusa.

Mauricio Macri, Joe Biden y Sergio Massa en Davos - Foto: Archivo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Agobiante ejercicio tratar de comprender el inglés de Mauricio Macri. Inservible hasta para comprar un McDonald’s en Rafael Calzada, la bastardeada lengua que empleó Ojitos Azules y su postura general en la conferencia de prensa en Davos tampoco maquilló el papelón del mangueo atolondrado. Esto es, el fracaso de la colocación de los Bonar 2020, cuya explicación estuvo a cargo de Prat Gay. Mejor anglófono que su amo, el lacayo macrista debió hacer malabares para precisar el inmenso bochorno de haber ofrecido servicios carnales a los banqueros del mundo, que impusieron tasas de interés que dieron cuenta de la sospecha que despierta el régimen macrista ante los inversores mundiales. El papelón al que se refirió Axel Kicillof era esperable y probablemente será la línea a adoptar ante un gobierno vacilante, impopular e incoherente. Es un hecho económico conocido que antes de lanzar al mercado una línea de bonos, un gobierno estudia el mercado ante el cual va a presentarlos. Si hay compradores potenciales (como los había cuando fueron proyectados por Cristina Kirchner) esos bonos se organizan y salen a la venta. Ocurre que luego de la administración de CFK (conocida por haber pagado puntualmente sus deudas y mantener la palabra) aparece ahora esta fantochada que ignora que los inversores internacionales no compran más papel picado. Ni que pueden tomarse como serias (y comprables) las obligaciones de un país cuya política económica es insostenible. El inglés de Macri corresponde en la forma a lo que ideológicamente es su fondo: un mamarracho al buen gusto de alguna prensa de cuarta. Tal fue el caso del Daily Mirror británico, medio sensacionalista más proclive a la publicación del volumen mamario de las starlettes de moda que a los análisis políticos serios. Desesperante en su vacio abisal, Macri quizá ganó las sonrisas sus admiradores, que seguirán creyendo que ahora entraron en el Primer Mundo gracias a un «Mister President» para quien Shakespeare es una marca de bombones de menta.

Macri y el fantasma de Isidoro Cañones

Los más jóvenes no podrán recordar más que por el relato aquel personaje superficial, cobarde, oportunista y tilingo que fue Isidoro Cañones. Ejemplo proverbial del «avivado porteño», bolichero, vago y manguero, el padrino de Patoruzú paseó sus andanzas en la historieta argentina como el símbolo del tilingo dispuesto a todo para vivir de los otros, amparado por el dinero de su tío latifundista, el Coronel Cañones, secundado a su vez por el Coronel Metralla. Su fantasma recorre hoy las calles de todo el país, proyectando la sombra de lo que se creía sólo hallable en lo más infecto de Recoleta. Un fantasma digo. Seguramente en la soledad del poder Juan Domingo Perón fue perseguido por el de Juan Manuel de Rosas. O Néstor Kirchner por el de Perón. Y Chávez por el del Che. Y el Che por el de San Martín, de Moreno, de Monteagudo, como Fidel por el de Martí y Evo por el de Túpac Amaru. Mauricio Macri, entre dos partidas de bridge y una de bádminton, es seguido y perseguido por el fantasma avasallador de Isidoro Cañones, sus desplantes, sus arrastradas. No es Edgard Allan Poe devorado por El Cuervo. No es Julio Cortázar y El Perseguidor. No es Fernando Vidal Olmos desentrañando en el Informe sobre Ciegos de Ernesto Sábato los laberintos sombríos del alma. No. Para nada. Oportunista, vacío, ignorante y descerebrado (¿hablo de Isidoro?) los originales del personaje se esfumaron de la historieta argentina en el año 1977. Fecha explicable: el Coronel Cañones ya había tomado el poder, masacrando “montos” allí donde había antes masacrado indios, en los boliches de moda también se pedían documentos y en la confusa sensación de los días el país era más proclive a marchar hacia la muerte que a bailar «Estoy hecho un demonio.» Quizá en la soledad de su cuarto al volver de sus clases en el liceo Newman, Macri haya comenzado ese destino que ahora es el suyo, de seguir los pasos de Isidoro Cañones, la silueta de su propia Cachorra, los drinks en Punta y alguna aventurita pagada con la plata de otros, allá en París.

La jovial ligereza del pato criollo

Falso como billete de tres dólares, Macri descerrajó en Davos aquella máxima que hoy debería estar provocando un infarto por carcajadas en buena parte de la dirigencia kirchnerista. «Vengo acompañado por el jefe de la oposición peronista», dijo Macri en referencia a Sergio Massa, al cual ignoramos si antes le había preguntado su «tajaí». Fuente inagotable de cagadas minuciosas, con la conferencia de prensa en el bunker suizo se puede afirmar que Carlos Saúl Menem merecería estar en el panteón de los héroes nacionales y Fernando de la Rúa un escaloncito más abajo. En casi 30 años de corresponsal en Europa, rara vez he registrado una masa tan bochornosa de trivialidades y de rechazo a una posición que el macrismo creía ganada. Despertándose como la momia de Boris Karloff en una película de clase Z, Prat Gay debió hacer frente al hecho concreto de sus primeras promesas abortadas: no habrá un mango de la banca internacional si no se aclara antes con qué se podrían llegar a valorizar los títulos de las deudas argentinas. Sobre todo en momentos en que la Fortaleza Europa debe hacerse cargo de la subida de precios y salarios en China, la estabilización de la crisis rusa y el fracaso de la política atlántica de la Unión Europea para detener el «sálvese quien pueda» iniciado por Barack Obama y que continuará Hilary Clinton. La frase de Prat Gay (y las no ideas sostenidas por Ojitos Azules) aclarando que desde ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene todo el derecho de auditar la economía argentina, es la confesión del nivel de obsecuencia pero también de obsolescencia del régimen macrista. Diese préstamos o no, acordase políticas o no, el FMI jamás ha dejado de controlar los niveles de la economía argentina. No por maldad, sino porque la Argentina jamás denunció los acuerdos de Bretton Woods que dieron origen a ese organismo internacional. La soberana tilinguería de declarar ante unos veinte periodistas que «la ideología no puede frenar los buenos negocios», repetida por Macri como un tartamudeo de Durán Barba, está en las antípodas de la posición de la banca mundial para quien, por ejemplo, el fenómeno del terrorismo islámico se ha transformado en la barrera ideológica insalvable que arriesga con dejar afuera a la propia Arabia Saudita. El crucial vacío de la intervención macrista acaba de precisar lo que sospechamos desde hace una década y que sólo ahora puede probarse. Los riesgos de ver que el avión se estrella y que desde la cabina el piloto sólo atina a ordenar que se sirvan unos maníes, algunas papitas, y una Coca caliente. Directo hacia el precipicio.

Massa y la indelicada posición del limpiaculos 

Vuelvo al infarto por carcajadas que debería estar sacudiendo a CFK, Scioli, Moreno, Rossi, Zanini y a cuanto de cerca o de lejos aún puede corear la Marcha con los dedos en V. Massa bendecido por Macri como jefe de la oposición peronista en Davos, es tan obsceno como una declaración de amor en medio de una partusa. Frase ésta que seguramente será criti
cada por brutal, pero que encierra en suma la anemia neurológica de quien acaba de pronunciarla. Prima facie, porque en Argentina la oposición al modelo macrista atraviesa todo el país y es dable también en algún que otro bobalicón solanesco, troskoyde o claudio-lozanero, para quienes Massa es algo así como lo que es: un payaso. En cuanto a la representación del peronismo por parte del ex intendente de Tigre, significaría que no sólo su victoria tendría que ser asegurada dentro de las internas. Debería ser validada por la confirmación que el PJ (como lo advierte Guillermo Moreno) es suficiente para vencer a la carroña coaligada detrás de Ojitos Azules. Sucede que el palafrenero de Macri y cuidador de bosta ocasional en alguna carrera cuadrera no ha dado aún signos de poder ganar un Nacional si no es atado al carro del patrón de estancia. Y el patrón lo tiene para cepillar, barrer y lustrar, y de tanto en tanto pasear a su potranca. Pero nada más. Las declaraciones de permanencia en el poder por ocho anos «con la ayuda de Massa», constituyen una prueba formal del encefalograma chato del autodenominado Presidente. Incluso ganando por chicana y fraude en el PJ de la provincia de Buenos Aires, Massa no pasaría jamás del circulo de corrupción y traiciones con que lo apoyó el circulo de sus baronías. A su victoria improbable seguiría el vaciamiento del PJ como entidad partidaria, liberando así al kirchnerismo de su principal enemigo interno, que ni Néstor ni Cristina estuvieron en condiciones de acabar. Ocurre que el massismo es al peronismo lo que el macrismo es a la derecha liberal: un aborto logrado por un cambio generacional y el vacío de discusión ideológica necesario para el siglo XXI. Recuerdo aquella frase pintada en la culata de un viejo transporte de frutas: «¿Será nena? ¿Será varón? Si querés saberlo/ subí al camión». Con Massa en el peronismo me ocurre otro tanto: «¿Sera Herminio Iglesias? ¿Será Matera? ¿Será un traidor?» La rima aquí tendría que preguntarse si con un peronismo aliado y harto, el limpiaculos no acabará como Augusto Timoteo Vandor. Que Dios se apiade de su alma.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.