El final definitivo de la guerra

Colombia
Especial

El texto final del acuerdo entre el gobierno y las FARC ya está redactado. Hoy los colombianos accederán a los detalles del pacto que permitirá convocar al plebiscito. El documento busca eliminar los factores de caldo de cultivo de la guerra, crear las condiciones para que la guerrilla acceda a la vía política y alcanzar la reconciliación. Las oportunidades y los riesgos. 

Redacción- Semana (Colombia)

Desde hace diez días el presidente Santos se jugó el todo por el todo. Con el tic tac del reloj político corriendo sin pausa, tenía que lograr desatrancar los puntos que tenían empantanado el fin de la negociación en La Habana. Decidió reforzar el equipo de negociación y que estos trabajaran en comisiones, además en un conclave fuera de La Habana, todo bajo coordinación de Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo.

Los negociadores empezaron a evacuar temas y el viernes pasado ya habían superado el primer gran escollo: resolver el impase de la ley de amnistía. Las bases de esa ley ya habían sido acordadas por el abogado español Enrique Santiago, que asesora a las FARC, y Manuel José Cepeda, que hace lo propio con el Gobierno.

Lo principal que se logró es que la guerrilla aceptara que la ley se tramite luego del plebiscito, algo que los jefes de ese grupo insurgente no aceptaban al principio, pues consideraban que no podía empezar su concentración ni el cese del fuego sin tener garantías jurídicas. Este miércoles se sabrá en detalle cómo fue este acuerdo.

Luego se empezó a trabajar en el espinoso tema de las curules para las FARC. El Gobierno había puesto sobre la mesa una oferta de tres cupos en el Senado pero no de manera directa, sino que las FARC los disputen en elecciones y se les garanticen de todos modos si no alcanzan los votos suficientes. Los insurgentes pedían las curules de los congresistas asesinados de la UP, más cupos en concejos y asambleas. El acuerdo logrado, al parecer, está a mitad de camino para ambas partes. En este tema también fueron claves Enrique Santiago, el senador Roy Barreras y Juan Fernando Cristo. 

Finalmente estaba el entuerto de la reintegración, un tema que andaba muy crudo y en cuyas posiciones había una enorme distancia. Las FARC estaban casadas con un esquema hipercolectivo y el Gobierno ofrecía una ruta individual para los combatientes.

” Lo principal que se logró es que la guerrilla aceptara que la ley se tramite luego del plebiscito, algo que los jefes de ese grupo insurgente no aceptaban al principio, pues consideraban que no podía empezar su concentración ni el cese del fuego sin tener garantías jurídicas. Este miércoles se sabrá en detalle cómo fue este acuerdo “

La fórmula alcanzada, al parecer, también es una combinación de escenarios posibles y deja muchos aspectos para desarrollar en el futuro. El alto consejero para el posconflicto, Rafael Pardo, viajó a La Habana con la tarea expresa de apoyar este punto pues durante los años 1990 tuvo experiencia en la reintegración de otras guerrillas.

También fue clave Frank Pearl, quien estructuró el proceso de reintegración de los combatienes, un tema al que se ha dedicado desde hace varios años. Pearl diseñó un modelo que permitirá a los desmovilizados recibir atención psicosocial, educación y formación para el trabajo con el fin de que puedan desempeñarse productivamente en la sociedad. En el proceso lo consideran el cerebro de la Agencia Colombiana de Reintegración, organismo que hoy dirige Joshua Mitrotti.  También la canciller, que tiene un portafolio de ofertas de la comunidad internacional, ayudó en este punto.  De parte de las FARC fue clave Álvaro Leyva, el cerebro de los “Terrepaz”, que es el proyecto de comunidades solidarias que sueña crear esa guerrilla una vez deje las armas. 

Luego de terminados estos puntos, y de redactarlos, que no es fácil, Leyva y Sergio Jaramillo redactaron el preámbulo de todo el acuerdo. Este miércoles en la mañana se dedicará a revisar el texto y darle la última pulida, pues cuando se presente ante el país a las 7:00 p. m. desde La Habana se entenderá que ese es el texto final, el que permitirá convocar el plebiscito.

En la noche de este martes Jesús Santrich, miembro de la delegación de las FARC, aseguró que el acuerdo final no estaba cerrado y que aún faltaba un tema importante sobre asuntos étnicos. Seguramente este tema es uno de los que terminarán por ajustarse a lo largo de la jornada.

La foto de todos los negociadores juntos lo dice todo: misión cumplida.

Juanita León- La Silla Vacía (Colombia)

¿De qué se trata el Acuerdo?

El Acuerdo logrado con las Farc busca tres cosas: por un lado, eliminar los factores que han sido caldo de cultivo para que la guerra en Colombia se haya prolongado y para que los grupos armados se reciclen uno tras otro.

Por el otro, crear las condiciones para que la guerrilla pase de buscar el poder a través de las armas para hacerlo a través de las urnas.

Y por último, intentar satisfacer mínimamente los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

Para lo primero, el Acuerdo tiene un capítulo extenso en el que el Gobierno se compromete a llevar desarrollo al campo, a titular las tierras de los campesinos y a darles tierra y a crear garantías para que cualquiera pueda ser un crítico acérrimo del Gobierno de turno y que no lo maten por eso.

Las Farc, por su parte, se comprometen a dejar las armas en un término de seis meses a partir de su concentración en zonas que estarán bajo verificación de la ONU, a ayudar a desmantelar los cultivos ilícitos y a confesar sus crímenes, pedir perdón y reparar a sus víctimas.

Para lo segundo, el Acuerdo tiene un capítulo sobre participación política que le hace más fácil a las Farc convertirse en un partido político viable: le da curules directas en el Congreso (esta noche se sabrá cuántas), crea la posibilidad de que movimientos en sus zonas de influencia puedan postular candidatos que sean elegidos con menos votos que un candidato de un partido normal, les da acceso a medios de comunicación, le da garantías plenas a la protesta social.

” Es un acuerdo súper detallado, de más de 200 páginas, que sienta un precedente internacional importante porque se logra después de la firma del Tratado de Roma que creó unos estándares de justicia más altos para los criminales de guerra y que, de ser refrendado, lograría el fin de las Farc como grupo armado “

Y para las víctimas, crea una Comisión de la Verdad donde podrán contar lo que sufrieron; una Jurisdicción Especial de Paz que condenará a penas alternativas a los que cometieron los peores crímenes si confiesan sus delitos; y programas de reparación, que será en muchos casos simbólica.

Es un acuerdo súper detallado, de más de 200 páginas, que sienta un precedente internacional importante porque se logra después de la firma del Tratado de Roma que creó unos estándares de justicia más altos para los criminales de guerra y que, de ser refrendado, lograría el fin de las Farc como grupo armado.

Aún así, es un acuerdo que ha inspirado muy poca emoción entre los colombianos, que estaban en su mayoría convencidos de que después de ocho años de Seguridad Democrática la guerrilla estaba prácticamente derrotada y solo merecía unos términos magnánimos de rendición.

Sin un acuerdo político previo al interior del Establecimiento, toda concesión –y hay varias, comenzando porque los que cometieron delitos de lesa humanidad pueden salvarse de la cárcel- ha sido vista como excesiva.

“Es una paz resignada”, la describió Álvaro Jiménez, director de la Campaña Colombiana contra las Minas cua
ndo la negociación iba a medio camino.

Pero resignada o no, se logró llegar a un acuerdo de paz, algo que habían intentado infructuosamente los últimos cinco presidentes.

Las oportunidades y los riesgos

Para Colombia la firma de este Acuerdo representa una gran oportunidad y también muchos riesgos.

“Es una oportunidad de pasar la página de un conflicto anacrónico”, dice María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz. “Este conflicto, tanto simbólica como mentalmente, ha sido un fardo para la modernización del país. Este acuerdo es como un regalo. Dependerá de los colombianos lo que hagamos con él”.

“El Acuerdo abre también la posibilidad de un acercamiento al sector rural, para convertirlos ahora sí en verdaderos colombianos”, opina el investigador del conflicto Juan Carlos Palou.

“Es la oportunidad de salir de esa decadencia humana y espiritual en la que hemos caído por cuenta del conflicto armado” dice Manuel Ramiro Muñoz, director del Centro de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali. “Los millones de víctimas son el reflejo de la barbarie de la guerra”.

A la par con las oportunidades, hay múltiples riesgos de que la mucha o la poca ilusión que genera la firma hoy se convierta en una nueva frustración para los colombianos.

El primer desafío tiene que ver con la capacidad del Estado de realmente asegurar el monopolio de la fuerza en los territorios que dejen las Farc.  Su incapacidad de controlar a las bandas criminales o al ELN puede generar otro tipo de violencia.

” La esperanza de muchos es que las Farc, que querrá evitar que otros grupos armados lleguen tras la coca a las zonas donde siempre han mandado, contribuya eficazmente al desmantelamiento de los cultivos. Pero está la duda de si su autoridad sobre la gente se derivaba solamente del miedo que inspiraban sus armas “

Máxime cuando el narcotráfico, que ha servido de combustible de esta guerra, está boyante.

El manejo menos punitivo de los cocaleros por parte de este gobierno ha hecho –según el último informe de la ONU- que los campesinos sientan una menor percepción de riesgo para cultivar y que, como dijo recientemente el alcalde de Puerto Rico, Caquetá, la gente haya comenzado a “naturalizar” el cultivo de coca.

Existe un riesgo real que ante ese menor riesgo de ser fumigados o encarcelados, los narcos empresariales vuelvan a incrementar los cultivos que habían relegado a los cocaleros de base.

Según le contó una fuente experta a La Silla, en sitios como Túmaco los capos locales ya están empoderándose e incluso se están haciendo “vacas” para colocar cargamentos en Estados Unidos.

La esperanza de muchos es que las Farc, que querrá evitar que otros grupos armados lleguen tras la coca a las zonas donde siempre han mandado, contribuya eficazmente al desmantelamiento de los cultivos. Pero está la duda de si su autoridad sobre la gente se derivaba solamente del miedo que inspiraban sus armas.

” La esperanza de muchos es que las Farc, que querrá evitar que otros grupos armados lleguen tras la coca a las zonas donde siempre han mandado, contribuya eficazmente al desmantelamiento de los cultivos. Pero está la duda de si su autoridad sobre la gente se derivaba solamente del miedo que inspiraban sus armas “

También está el riesgo de que el Gobierno no tenga ni la plata ni el ‘alistamiento’ suficiente en las instituciones para cumplir los acuerdos.

Para solo dar un ejemplo, la Agencia de Renovación del Territorio, que será la encargada de reactivar económicamente e integrar con el resto del país a las regiones más afectadas por el conflicto, solo arrancó a funcionar nueve meses después de su creación y tiene apenas cuatro funcionarios, incluyendo a su directora Mariana Escobar, como contó La Silla.

Y por último, está la dificultad de promover una reconciliación efectiva cuando no se ha logrado construir un acuerdo político mínimo alrededor de esta negociación. Lo que crea el mayor riesgo para lo acordado: que en un mes gane el No.

Por eso, la gran fiesta para celebrar el anuncio histórico que se hará a las siete de la noche tendrá que esperar. Hoy será solo un brindis.

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