La mirada del amor

Chile
Samuel Romo

A través de una historia entre una joven pianista francófona y un trompetista de jazz, el director belga Huber Toint logra sumergirnos en una época trascendental para el pueblo chileno. El desierto de Atacama es testigo de momentos dolorosos para el país. Sin embargo, de ese polvo renace siempre su belleza inigualable. Un relato sobre el amor, la lucha sindical y la represión.

Samuel Romo- La Nación (Chile)

El desierto de Atacama es testigo de momentos dolorosos, provocados por las ansias de poder y de posesión de algunos hombres, o bien por los actos bárbaros y criminales de militares defensores de esos señores poderosos. Sin embargo, de ese polvo y de esas montañas, ese desierto renace siempre, ofreciendo su belleza y su riqueza minera. Y es, justamente, en una de esas minas, donde nacerá el amor entre una joven pianista francófona y un trompetista de jazz.

Al observar a Hirondelle, la protagonista, tocar el piano para acompañar las películas mudas de finales de los años 20, nos sumergimos en una época y un decorado, donde el placer y la miseria jugaban a las escondidas para sobrevivir en un medio desfavorable. Se ve a las personas tal cual son. Ellas expresan sus pesares y sus pasiones sin remordimientos, sus alegrías y sus desgracias con ardor, así como sus éxitos y sus fracasos con honestidad.

“Mirage d’amour” es el primer largometraje de Huber Toint como director. Estudió ciencias políticas y sociales y comunicación social antes de emprender la carrera de cineasta, aunque confiesa que a partir de los 14 años ya hacía grabaciones con una cámara Super-8. Tiene a su haber más de sesenta cortometrajes antes de la creación de su sociedad de producciones Saga Films, la cual ha realizado ya numerosas películas. En América Latina fue productor de dos cintas uruguayas: “En la puta vida” y “Masangeles”.

Toint permaneció en Chile durante siete meses, aunque la filmación duró en total 42 días. Se entrevistó dos veces con Hernán Rivera Letelier, a quien describe como un hombre encantador y gracioso, con un lado travieso, pero siempre muy preciso y muy justo. “Hernán Rivera vio la película y estaba muy contento. Él me dijo algo que me gustó mucho: ‘estoy contento con la película porque es una película popular'”, dijo.

En una conversación amena, Hubert Toint habló de Chile, de la sociedad actual y de “Mirage d’amour”, la cual define como “una historia de amor con un fondo de lucha sindical y de violenta represión”.

¿Qué le sedujo del guión?

Reúne todo lo que me gusta cuando se trata de contar una historia: un romance con implicaciones políticas. Con eso, para mí, está completo. Además hay mucha poesía y esto sucede en un mundo que ya no existe. Entonces, hay que recrearlo, imaginarlo un poco, aunque por supuesto, uno se inspira en los elementos reales que hay que 

¿Conocía la historia de Chile, en especial la de esta época?

No, me fui informando en el camino. Primero me enteré por el guión de Bernard Giradeau, y es por él que comencé a acercarme a la historia de Chile. Ahora conozco un poco más que la mayor parte de los europeos.

¿Qué sintió cuándo se enteró de lo sucedido durante la dictadura?

Con respecto a Chile estoy un poco aterrado porque comprendí para qué sirvió la dictadura. Pienso que el objetivo fue transformar el país en un laboratorio de ultra liberalismo y ese ultra liberalismo continúa. A mí, esto me ha perturbado bastante y, con la distancia, me provoca miedo. Lo encuentro espantoso porque eso transformó a un país por completo, incluso la mentalidad de la misma gente. Me contaban, por ejemplo, que hay compañías multinacionales que quieren comprar los glaciares de los Andes y eso es pavoroso.

¿Qué piensa del rol de los burdeles y las prostitutas en ese tiempo?

Me inspiré bastante en fotos y testimonios de la época. Los burdeles en ese entonces no eran lo que son hoy día, eran bastante sanos. Tienen un lado casi de función social porque había muchos hombres solos. En esos prostíbulos existía ternura, poesía, humanidad. Es un lugar que no es depravado, sino un lugar de socialización muy necesaria.

¿Cree que una película puede cambiar a las personas?

Sí, lo creo. Es esto lo que me interesa en el cine, la emoción. Además, yo sueño con películas por las cuales uno sale cambiado una vez que las ha visto, que ha sido tocado en lo más íntimo y que eso nos ha transformado un poquito. Pienso que con una película se puede cambiar, emocionarse a tal punto que ya uno no será el mismo de antes.

¿Tiene un mensaje para los chilenos?

Espero que los chilenos tengan la ocasión de ver la película. Que algún canal de televisión pueda comprarla o algún distribuidor de cine me contacte, sólo pido eso. Me pondría contento que Mirage d’amour sea exhibida en Chile. Me di cuenta que la mayoría de la gente conocía el libro y apreciaba la historia. Al principio, algunos estaban celosos porque fuera un extranjero quien la hiciera. Después, todo el mundo quiso participar. Tuve una elección de actores extraordinaria; cuando ellos sabían de qué se trataba, se entusiasmaban de inmediato. En el plano artístico tuve colaboradores formidables: el equipo técnico, la dirección artística, la jefa de decoración, de vestuario, de maquillaje, todos excelentes y los actores maravillosos, de una entrega total. Una chilena me dijo: ‘Has hecho una verdadera película chilena, que ningún chileno habría podido hacer”.

Leer el artículo aquí