El conflicto entre Correa y las fuerzas

Ecuador 
Orlando Pérez 

Hay un discurso conspirativo que se está formando desde la oposición sobre la pugna política entre el Poder Ejecutivo y las Fuerzas Armadas. Se trata, no obstante, de un sector minoritario que intenta pulsear dentro del Ejército para imponer su propio modo de entender la política. La estrategia mediática detrás para asegurar el triunfo de la derecha en 2017.

Orlando Pérez- El Telégrafo (Ecuador) 

¿Algunos militares quieren liquidar al presidente Rafael Correa?

Por lo que dicen algunos panfletos que circulan en redes, memes y otras formas de información (ya saturadas) parecería que sí. Pero no necesariamente quieren verlo muerto, desean y añoran matar el símbolo e imaginario que genera el actual presidente de la República, Rafael Correa Delgado. Y al mismo tiempo, esos militares en servicio pasivo y activo, que no son la mayoría, quieren “pulsear” su poder con el de un proyecto político que no ha cedido en su matriz doctrinaria, buena parte de la cual también forma parte del mismo imaginario de algunos militares demócratas.

Si por las declaraciones del general González o del capitán Ortega se revelara la verdadera idiosincrasia de los militares, estaríamos al filo de un golpe de Estado clásico. Por el comportamiento de aquellos oficiales en servicio pasivo que riegan en las redes sociales y en algunas emisoras su veneno anticomunista no cabe duda que tendríamos los días contados algunos de quienes hemos propuesto otro modo de relacionamiento social, cultural, económico y hasta jurídico en todos los estamentos de nuestra sociedad. Pero todo ello no ocurrirá, porque ni en las Fuerzas Armadas hay consenso en favor del general González, ni del capitán Ortega y menos por lo que dicen algunos de esos contados oficiales en servicio pasivo en las cadenas de correos electrónicos.

Si el general González cree que todos los males de las Fuerzas Armadas empezaron cuando se formó la Comisión de la Verdad y algunos exsubversivos ocuparon altos cargos públicos en el actual gobierno, debería mirar un poco atrás y preguntar qué pasó entre 1998 y 2007 en las relaciones cívico-militares para expandir su pensamiento. Recuerde cada año y gobierno de ese lapso y recupere la memoria del comportamiento político de los civiles frente a la fuerza armada y reconocerá que no todo empieza un día x y termina con su supuesta revelación política. Bastaría revisar el libro del general González para entender por qué dice ahora todo aquello y por qué en su momento no lo hizo como soldado raso.

” Lo de fondo también pasa porque no deberíamos estar discutiendo de si se debe obediencia al poder civil legítimamente elegido, si hay sometimiento y no deliberancia. Lo discutimos porque hay un aparato mediático (…) que está aprovechándose y/o usando a esos militares para consolidar un frente de oposición y con ello asegurar el triunfo de la derecha en el año 2017 “

Se olvida el general González que muchos exsubversivos antes de este gobierno ocuparon altos cargos públicos. Hubo alcaldes y concejales, diputados, asesores del general Paco Moncayo en la alcaldía de Quito y en los congresos y ministerios antes de 2007.  El general González lo sabe de la información provista por sus servicios de inteligencia militar. Y también conoce cuántos militares fueron procesados y encarcelados por proveer ilegalmente armamento, municiones y uniformes a los grupos guerrilleros colombianos (a quienes el capitán Ortega califica de terroristas y el presidente Juan Manuel Santos ahora los convoca a trabajar conjuntamente por la democracia y la paz).

El general González se olvida que guerrilleros fueron José Mujica, Dilma Rousseff, Daniel Ortega, Salvador Sánchez Cerén, Fidel Castro y Gustavo Petro, entre otras tantas altas autoridades de varios países de América Latina. Y se olvida que Comisiones de la Verdad hubo en casi todos los países de nuestra región y jamás a nadie se le ocurrió decir que por eso peligraba el rol de las Fuerzas Armadas (solo en las últimas dos semanas fueron sentenciados 30 militares argentinos, y en Perú, una docena).

Acá, ¿esos militares quisieran “asesinar” a Rafael Correa porque no cede y no se somete (como sí lo hicieron otros presidentes) al poder militar o porque no les rinde los honores que supuestamente debe hacer todo civil? Incluso, habría que preguntar a Lucio Gutiérrez cómo fue tratado por la cúpula militar en su gobierno para entender por qué también no terminó su período. ¿Por qué no era general y no formaba parte de la “alcurnia castrense”?

Lo de fondo es otra cosa: hay un sector minoritario que intenta pulsear para imponer su modo (¿anticomunista?) de mirar la política y el rol de las Fuerzas Armadas en una democracia. Por suerte, por las cartas y mensajes de muchos militares en servicio pasivo que llegan a mi correo también hay oficiales y miembros de tropa demócratas que agradecen las reformas impulsadas desde hace casi diez años en Ecuador, empezando por haber reconocido el derecho al voto de los uniformados, elevado los sueldos, haber dotado de implementos y, sobre todo, por terminar con esos privilegios innecesarios e injustos para ciertos oficiales.

” La diferencia de ahora está en que no pueden liquidar a Rafael Correa porque aunque lo hicieran las ideas que sustentan su ejercicio del poder han calado en muchas personas y cuentan con el respaldo de muchos militares también. González y Ortega son una parte incluso de la disputa interna de los miembros de las Fuerzas Armadas “

Y lo de fondo también pasa porque no deberíamos estar discutiendo de si se debe obediencia al poder civil legítimamente elegido, si hay sometimiento y no deliberancia. Lo discutimos porque hay un aparato mediático (así como actuó en Brasil para derrocar a una presidenta legítima, de origen subversivo, como es Dilma Rousseff) que está aprovechándose y/o usando a esos militares para consolidar un frente de oposición y con ello asegurar el triunfo de la derecha en el año 2017. Ortega y González deben saber que son usados de modo perverso; manipular y amplificar sus declaraciones es parte de una estrategia mediática para imponer una matriz de pensamiento para desestabilizar.

La diferencia de ahora está en que no pueden liquidar a Rafael Correa porque aunque lo hicieran las ideas que sustentan su ejercicio del poder han calado en muchas personas y cuentan con el respaldo de muchos militares también. González y Ortega son una parte incluso de la disputa interna de los miembros de las Fuerzas Armadas. La diferencia es que los otros no son entrevistados en la prensa comercial. Y también por algo que me cuentan esos oficiales y sargentos en sus correos electrónicos: tienen miedo de ser reprimidos, asediados, chantajeados y amenazados (algunos ya lo han hecho) por esos altos oficiales “anticomunistas”.

Sebastián Vallejo- El Telégrafo (Ecuador) 

Hay un discurso medio paranoico, medio conspirativo, que se está formando desde la oposición, sobre la pugna política entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas. Uno que critica la posición del Presidente sobre su rol frente a las Fuerzas Armadas, sobre su rol como “máxima autoridad de las Fuerzas Armadas”. Es un discurso que se ha construido desde mucho antes, y que es parte de ese imaginario colectivo donde las Fuerzas Armadas son defensoras de los principios democráticos, un voto dirimente necesario dentro de nuestra frágil estabilidad institucional. Este imaginario es alimentado por los mecanismos a través de los cuales se configuró el poder político en nuestro país, y las diferentes aristas de independencia que tienen las Fuerzas Armadas frente a este Estado. Por algún motivo todavía creemos en las Fuerzas Armadas como una insti
tución independiente del poder civil, y a la par del poder civil.

O a lo mejor hay una intención por ver todo aquello que emana del Ejecutivo bajo el mismo lente visceral. O lo mejor, utilizando la misma lógica conspirativa y paranoica de la oposición, una manera de utilizar la experiencia que nos ha dejado nuestra historia cuando las Fuerzas Armadas no respaldan al régimen.

Dentro de la formación del Estado es necesaria la existencia de un mando civil que esté por encima del mando militar. No solo nominal, sino efectivamente en cuanto a la jerarquía y la cadena de mando. Y los límites que tienen aquellos que están debajo del mando civil, es decir, los límites que tiene todo el cuerpo militar frente a ese mando civil. No podemos olvidar que la composición del mando militar es esencialmente antidemocrática (es decir, no representa la voluntad de nadie más que la cúpula misma) y, por lo tanto, es necesaria la figura civil, democráticamente electa, que sancione, que impugne y que establezca sus límites institucionales.

” Entonces, no son válidas las comparaciones entre la concentración de los diferentes poderes del Estado en las manos del Ejecutivo y su ‘afán’ por posicionarse encima de las Fuerzas Armadas. No se puede decir que está tratando de tomar poder sobre algo que constitucionalmente está bajo su poder “

He mencionado antes que uno debe tener una sana desconfianza de los políticos, incluso aquellos que creemos que nos representan. Pero si no confío en la élite política, confío menos en la élite militar. Al final del día, para cambiar a un político, solo necesito de mi voto, para cambiar una estructura militar se necesita mayor arsenal. Es precisamente por su monopolio sobre los medios por los cuales se ejerce la violencia que la contención que emana desde las Fuerzas Armadas no es una contención de un poder que responde a ciertas preferencias políticas, sino una amenaza implícita de quien tiene los medios para imponer su autoridad a la fuerza. Peor aún, en nuestra historia, es una amenaza implícita de una institución que ha utilizado esos medios para imponer su autoridad. Así esa autoridad haya decantado en una dictadura, o en la continuación del proceso democrático a través del vicepresidente (o el presidente del Congreso).

Entonces, no son válidas las comparaciones entre la concentración de los diferentes poderes del Estado en las manos del Ejecutivo y su ‘afán’ por posicionarse encima de las Fuerzas Armadas. No se puede decir que está tratando de tomar poder sobre algo que constitucionalmente está bajo su poder. Cuando Martín Pallares escribe que “Correa pretende ser Jefe del Comando Conjunto”, no entiende que Correa, como presidente, ES el jefe del Comando Conjunto. No por ser “el militar de más alto rango”, sino por ser la autoridad civil de más alto rango. No es un capricho esta muestra de fuerzas. Es una señal a las Fuerzas Armadas para que entiendan cuál es su posición frente al poder civil.

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