El Mercosur, un campo de batalla

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El Mercado Común del Sur se convirtió en las últimas semanas en el principal teatro de operaciones de la disputa en el continente. La parálisis dentro del bloque es inédita y responde a un plan orquestado por la «triple alianza» que conforman Paraguay, Argentina y Brasil. Las declaraciones del canciller uruguayo develan la presión brasilera para expulsar a Venezuela. 

Cancilleres de Uruguay y de Brasil respectivamente

Redacción- La República (Uruguay) 

Ayer el embajador uruguayo en Brasil recibió la queja del gobierno de Temer.

En medio de una de las peores crisis de su historia el Mercosur busca alternativas para destrabar el conflicto. Hoy a las 16,30 el canciller uruguayo recibirá a una delegación del Parlasur que fue designada para encarar una negociación.

El presidente del cuerpo legislativo regional, Jorge Taiana, el brasileño Arlindo Chinaglia y el uruguayo, Daniel Caggiani, se reunirán con Nin Novoa, como parte de la misión que les fue encomendada de buscar una salida a la crisis. El grupo continuará luego con el resto de los cancilleres en el orden que se coordine en la reunión de hoy.

Ayer, el conflicto tuvo una inesperada derivación cuando el gobierno brasileño se reunió con el embajador uruguayo para expresarle su “profundo malestar” y pedirle explicaciones tras las declaraciones del canciller Nin Novoa, quien afirmó que Brasil habría presionado a Uruguay en la crisis por el traspaso de la presidencia del bloque.

Brasil “recibió con profundo malestar y sorpresa las declaraciones del canciller Nin Novoa sobre la visita del ministro José Serra a Uruguay”, afirmó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, Itamaraty, en un comunicado.

El Mercosur atraviesa su peor crisis en años debido a que Brasil, Paraguay y Argentina se oponen a que Venezuela asuma la presidencia pro témpore del bloque en medio de la crisis política que atraviesa el país caribeño, y alegan que Caracas no ha acompasado su normativa interna a la del bloque regional.

Nin Novoa dijo que Serra viajó recientemente a Montevideo “con la pretensión de que se suspendiera el traspaso (a Venezuela) y que, además, si se suspendía, nos iban a llevar en sus negociaciones con otros países, como queriendo comprar el voto de Uruguay”, según la versión taquigráfica de su comparecencia ante la comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados la semana pasada, publicada este martes por el diario El País de Uruguay.

» El Mercosur atraviesa su peor crisis en años debido a que Brasil, Paraguay y Argentina se oponen a que Venezuela asuma la presidencia pro témpore del bloque en medio de la crisis política que atraviesa el país caribeño, y alegan que Caracas no ha acompasado su normativa interna a la del bloque regional «

“El tenor de las declaraciones no es compatible con la excelencia de las relaciones entre Brasil y Uruguay”, reaccionó Itamaraty en la nota.

El secretario general de Relaciones Exteriores de Brasil se reunió el martes por la tarde con el embajador uruguayo en Brasilia para “expresarle su malestar y pedirle explicaciones” por los dichos de Nin Novoa, explicó una fuente de Itamaraty a la AFP.

Pese a la oposición de sus socios regionales, la Cancillería venezolana izó la bandera del organismo en Caracas la semana pasada para simbolizar el inicio de su período en la presidencia rotativa del bloque.

Hace tres semanas Uruguay puso fin a su período de seis meses al frente de la presidencia, puesto de coordinación de la agenda del grupo, y defendió que Venezuela, que le sigue en orden alfabético, la asumiera.

Por su parte, el mandatario uruguayo, Tabaré Vázquez, advirtió que Venezuela formará parte del bloque en tanto no se aplique la cláusula democrática.

El Mercosur cuenta en su normativa interna con la posibilidad de suspender a alguno de sus socios si los demás consideran que hubo un quiebre institucional que afecta la democracia. La aplicación de esa cláusula no ha sido discutida oficialmente para el caso venezolano.

El presidente Tabaré Vázquez, se molestó con Brasil por lo que el canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, definió como un intento de “comprar el voto de Uruguay” en la crisis por el traspaso de la presidencia del Mercosur, informa este martes el diario El País.

“’ No nos gustó mucho que el canciller (José) Serra viniera a Uruguay a decirnos -lo hizo público, por eso lo digo- que venían con la pretensión de que se suspendiera el traspaso y que, además, si se suspendía, nos iban a llevar en sus negociaciones con otros países, como queriendo comprar el voto de Uruguay’ «

“No nos gustó mucho que el canciller (José) Serra viniera a Uruguay a decirnos -lo hizo público, por eso lo digo- que venían con la pretensión de que se suspendiera el traspaso y que, además, si se suspendía, nos iban a llevar en sus negociaciones con otros países, como queriendo comprar el voto de Uruguay”, dijo Nin Novoa.

El comentario de Serra “molestó mucho” a Vázquez, expresó Nin Novoa, según la versión taquigráfica de su comparecencia ante la comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados la semana pasada, publicada el martes por el diario El País.

“Venezuela es el legítimo ocupante de la presidencia pro témpore y, por lo tanto, cuando convoque a una reunión el gobierno uruguayo asistirá”, señaló Nin a los diputados, siempre según el diario.

Serrá visitó Uruguay en julio en medio de una crisis por el traspaso de la presidencia del Mercosur a Venezuela, al que se oponen Brasil, Paraguay y Argentina.

Uruguay, en tanto, dejó la presidencia que ocupó por seis meses. El acto de traspaso habitual en reunión de presidentes no se realizó, pero el gobierno de Vázquez, a diferencia de sus socios, reconoce a Venezuela en ese puesto luego de que Caracas se declarara en ejercicio del cargo.

Los gobiernos de Mauricio Macri (Argentina) y Horacio Cartes (Paraguay) han criticado al gobierno venezolano por la situación política que vive el país caribeño.

El canciller paraguayo, Eladio Loizaga, incluso acusó al gobierno de Nicolás Maduro de estar “buscando el cierre de un poder del Estado a través del Supremo Tribunal de Justicia, el cierre de la Asamblea Nacional”, el parlamento venezolano.

Brasil alega que Venezuela no cumplió con los requisitos normativos que le exige el Mercosur a sus socios.

Maduro, de su lado, dijo que su país es perseguido por los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay, a los que llamó “la triple alianza de torturadores de Suramérica”.

Gerardo Szalkowicz- Marcha (Argentina) 

El Mercado Común del Sur (Mercosur) se convirtió en las últimas semanas en el principal teatro de operaciones de la disputa en el continente y en un nítido reflejo de la pronunciada reconfiguración del escenario geopolítico regional.

En la superficie de las retóricas diplomáticas y del abordaje mediático promedio aparece en el centro del meollo la férrea negativa de los gobiernos de Brasil, Paraguay y Argentina a reconocer el traspaso de la presidencia pro tempore a Venezuela, como debió darse naturalmente si se respetaban los estatutos del bloque.

El artículo 12 del Tratado de Asunción de 1991, documento fundacional del Mercosur, establece que “la Presidencia del Consejo se ejercerá por rotación de los Estados Parte y en orden alfabético, por períodos de seis meses”. El traspaso semestral se venía dando de manera religiosa en los 25 años de vida del organismo, y de hecho Venezuela ya la ejerció durante 2013.

Tal cortocircuito derivó en una parálisis inédita del Mercosur en medio de un estruendoso tiroteo verba
l. El gobierno paraguayo aseguró que “no acepta la autoproclamación de Venezuela” y habla de “una presidencia de facto”. Para José Serra, canciller brasileño, “la presidencia se encuentra vacante”. Y, tras semanas de mutismo público, Mauricio Macri blanqueó la postura argentina: “No estoy de acuerdo con que Venezuela asuma la presidencia del Mercosur. No tiene derecho a ejercerla”. Sólo el Ejecutivo uruguayo defendió –aunque con cierta tibieza- la base legal del procedimiento.

La reacción venezolana fue contundente. Su canciller, Delcy Rodríguez, denunció que “Macri pretende la destrucción del Mercosur, atendiendo el libreto desde EEUU que lo lleva a cometer errores históricos”. Y un auténtico Nicolás Maduro analizó sin eufemismos: “Ahora nos persigue la triple alianza de torturadores de Suramérica: la oligarquía paraguaya corrupta y narcotraficante, el demacrado Macri de Argentina, fracasado, repudiado por su pueblo, y la dictadura impuesta en Brasil. Triple alianza, aquí los vamos a enfrentar y a derrotar, a Venezuela se respeta”.

» Pero lo central pasa por dinamitar el Mercosur. Paralizarlo para avanzar luego en su flexibilización y tener vía libre para firmar acuerdos comerciales bilaterales sin necesidad de consenso en el bloque. Abonar el terreno para el anunciado giro hacia la Alianza del Pacífico, el Acuerdo Transpacífico (TPP) y la restauración del paradigma de ‘libre comercio’ ”

No suena paradójico el nulo apego a la legalidad practicado por esta “triple alianza” teniendo en cuenta los prontuarios de sus protagonistas. Eladio Loizaga, canciller paraguayo y principal vocero de la arremetida antibolivariana, fue funcionario de la dictadura de Alfredo Stroessner en los años ´70 y activo miembro de la Liga Mundial Anticomunista que colaboró con el Plan Cóndor. Qué decir de los personeros del gobierno interino de Brasil, surgido de un golpe institucional y salpicado por múltiples denuncias de corrupción. El derrotero de Macri también es conocido; por si acaso, sus recientes declaraciones sobre la “guerra sucia” y la cifra de desaparecidos en la dictadura confirman de qué lado de la historia se para.

Pero, ¿cuáles son los objetivos detrás de esta conspiración? Por un lado, lo más visible: desterrar a Venezuela del Mercosur, sacarse de encima al socio incómodo, acorralar a la revolución bolivariana como parte de una estrategia más amplia timoneada desde Washington y propagada por las grandes usinas mediáticas. Una campaña que no cesa: el jueves pasado, 13 gobiernos latinoamericanos, junto EEUU y Canadá, lanzaron un comunicado para presionar los tiempos del referendo revocatorio contra Maduro.

Pero lo central pasa por dinamitar el Mercosur. Paralizarlo para avanzar luego en su flexibilización y tener vía libre para firmar acuerdos comerciales bilaterales sin necesidad de consenso en el bloque. Abonar el terreno para el anunciado giro hacia la Alianza del Pacífico, el Acuerdo Transpacífico (TPP) y la restauración del paradigma de “libre comercio”. En síntesis, revivir el espíritu del ALCA.

Queda pendiente aún la autocrítica de los gobiernos progresistas sobre los pasos que no se dieron en la etapa previa, sobre todo desde la articulación económica (¿qué pasó con el Banco del Sur, firmado en 2007, que nunca terminó de arrancar?). Lo cierto es que en este nuevo tiempo en América Latina la correlación de fuerzas es bien distinta: los proyectos que hegemonizan apuntan a desandar aquel proceso de integración de los últimos 15 años y trasladar al escenario regional la impronta, las lógicas y la concepción política que vienen imponiendo en sus países. Vienen a reorientar el rumbo, porque su norte es el Norte.

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