El mercado que no es

Argentina

El escritor y psicoanalista Germán García reedita su segunda novela, Cancha Rayada, y sostiene que hoy en día no existe un sistema literario profesionalizado. Para él, la relación que se da entre las editoriales, los escritores y los lectores no responde a los clichés de la época. Muchos libros encuentran su camino propio por fuera de ellos, y revierten esa ausencia de mercado. 

Casa Zorzon

Pablo E Chacón- Télam (Argentina) 

La reedición de Cancha Rayada, segunda novela del escritor y psicoanalista Germán García, permite la expansión de un argumento sobre la supuesta inexistencia no sólo de un sistema literario argentino sino también de un mercado, como para entender ciertas iniciativas editoriales de Ricardo Piglia y del mismo García en la escena literaria local.

Cancha Rayada es reeditada por Otium, que nació para dar lugar a ciertos textos de psicoanálisis y se extendió ahora a la literatura.

García nació en 1944 en Junín. Su primera novela, Nanina, se publicó en 1968 y en 1970, Cancha Rayada, las dos en la editorial Jorge Alvarez. En 1973, junto a Osvaldo Lamborghini y Luis Gusmán, funda la revista Literal. En 1974 acompaña a Oscar Masotta en la fundación de la Escuela Freudiana de la Argentina. En 1979 vive en Barcelona. En 1985, vuelve a la Argentina. Es miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

Publicó, entre otros libros, La entrada del psicoanálisis en la Argentina; Macedonio Fernández, la escritura en objeto; Gombrowicz, el estilo y la heráldica; El psicoanálisis y los debates culturales; En torno a las identificaciones; y las novelas La vía regia, Perdido, Parte de la fuga y La fortuna.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

-¿Cuál fue la razón por la que decidiste volver a publicar Cancha Rayada?

Creo que Juan José Becerra, en su comentario publicado en Perfil, explica muy bien la función de inversión de Nanina que tuvo Cancha Rayada. Nada de testimonial, nada de literatura comprometida. Nicolás Hochman, por su parte, capta la presencia de Gombrowicz, la comicidad como una estrategia que no se parece al humor convencional. En fin, es un aparato que me sacó de un discurso previo y creó para mí otro horizonte. La importancia de Nanina es social, la de Cancha Rayada es personal.

-La iniciativa, que además está acompañada de un texto nuevo de Graciela Avram, ¿pensás seguir sosteniéndola? Si fuera el caso, ¿qué seguirá en el listado? ¿Será sólo ficción?

Otium Ediciones se inició hace algunos años en Tucumán con la colección de psicoanálisis llamada Intervenciones. Otium Narrativa, que ahora comienza, es para marcar la presencia de ciertos libros. Cancha Rayada era de mi interés y Gloria, de Graciela Avram, tiene la particularidad de ser la última de un cuarteto que empieza con El destino de las almas y sigue con Extravíos, Nada que hacer y por último Gloria, que concluye. Otium seguirá con su colección de narrativa,  según como vengan las cosas.

-¿Cómo pensás puede caer Cancha… en el actual sistema literario argentino, mucho más profesionalizado que cuando la publicaste por primera vez?

No creo que exista un sistema literario profesionalizado porque no existe un mercado. Las teorías salvajes, un libro excelente de Pola Oloixarac, encontró un camino propio sin compartir lo que se supone que son los clichés obligados de la época. Lo mismo se puede decir de Los topos de Bruzzone… y muchos otros que surgen de diferentes editoriales que convierten en mercado la ausencia de mercado. Cuando se publicó Cancha Rayada la Editorial Jorge Álvarez tuvo que cerrar por esos días,  el libro quedó a la deriva… ahora llegó a lo que será su lento futuro.

-¿Y qué decir sobre el espíritu revulsivo de esa novela en la actualidad? Sospecho que sabés que existen narradores hoy que le deben mucho más al grupo (si es que lo eran) que componían entonces los Lamborghini, Gusmán, Libertella, Briante, etcétera, que toda la cosa del boom?

El boom fue dejado de lado en Literal. Allí propuse lo que llamé una literatura de la dispersión (diáspora) que incluía autores como José Agustín de México, Eugenio Trías de Barcelona, Alberto Cardín también de España. Y aquí, entre nosotros, no había notables. Éramos cualquiera. Eso llegó hasta la actualidad por el empujón de Fogwill, la importancia de César Aira. Además, Susana Constante fue rescatada por la colección de Ricardo Piglia. María Moreno, también de Literal, hizo lo suyo. Briante recuperado por Ricardo Piglia no estuvo relacionado con los demás nombres que proponés. Y en cuanto a Lamborghini y Gusmán cada uno siguió un camino diferente (no hablo de los Lamborghini, porque eso fue un invento posterior. Osvaldo iba por un lado y Leónidas por otro).

-Sé que la reedición de Nanina anduvo muy bien. ¿Algo de eso influyó para darle vida a este proyecto?

Nanina le debe su actualidad a la decisión de Piglia de crear la Serie Recienvenidos y a la Editorial FCE. Mi proyecto editorial es un juguete que tiene su valor táctico. Escribí otra novela, Miserere, que trataré de publicar en alguna editorial.

-Finalmente, ¿sabés que algunos de tus amigos o ex analizantes tienen (tenemos) una relación muy fuerte con la literatura y también (muchos) con el psicoanálisis? ¿Qué pensás al respecto? ¿A cuáles elegirías, sin concurso de exhaustividad?

Fui sorprendido por un libro de Pablo Chacón, cuyo tono de manera retrospectiva se relacionó con el libro de Mauro Libertella sobre su padre. Una manera similar de presentar el dolor y la soledad en ciertos momentos límites. Luis Gusmán nunca dejó de estar en ese cruce con el psicoanálisis. Liliana Heer, Isabel Steinberg y Silvia López son tres voces para tener en cuenta. Como diría Lacan, se trata de uno por uno: la rapport psicoanálisis literatura tampoco existe.

 

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