Linyera glamoroso

Argentina

Daniel Melingo cumple 20 años de carrera y acaba de publicar Linyera, su sexto disco de tango, con 12 canciones propias y ajenas -entre ellas de Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui-.  Explica que el nombre del disco dio una gran vuelta. La primera imagen fue una corona tirada en la basura y luego se disparó la secuencia del linyera glamoroso, de este príncipe y mendigo.

Guille Llamos - Diario Z

Natalia Gelos – Diario Z (Argentina)

En esa caverna que es la voz de Daniel Melingo parece que la luz y las sombras bailaran un tango. Está en su modo de cantar, en sus arreglos, en sus canciones. En esos temas que avanzan en sus discos despacio pero con pasos abrumadores, se juegan la elegancia y la tristeza. Dice que fue por decantación que el concepto de éste, su último disco, confluye en Linyera, pero parece que siempre hubiera estado ahí ese cruce entre el barro y el glamour. Dice, también, que cierra un ciclo de veinte años de carrera solista. Se presenta en Buenos Aires el 2 de agosto antes de llevar a Europa estas doce canciones entre propias y ajenas, de autores como Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui o Federico García Lorca. Melingo tocó con Milton Nascimento, integró Los Abuelos de la Nada, fundó Los Twist con Pipo Cipolatti, y en 1998 se volcó al tango, logrando una fusión única. El suyo es un tango de suburbio y arriesgado; uno que sabe que a los géneros hay que pechearlos, con el gesto, quizá, del más compadrito del arrabal.

¿Por qué Linyera?

Por decantación. Por un lado, surgió el cover de esta gran canción de Ivo Pelay, que le da el límite, el concepto. Esta canción que abre el disco la escucho desde hace muchos años y siempre tuve ganas de versionarla. A lo largo de la grabación empezaron a surgir imágenes, colores, canciones, que fueron tomando su lugar en el disco. Me dejé llevar, queriendo buscar el nombre en toda esta paleta de colores. El nombre dio una gran vuelta, que cerró en la propuesta gráfica de Alejandro Ros. La primera imagen, al escuchar la música, fue una corona tirada en la basura y a partir de ahí se disparó la secuencia del linyera glamoroso, de este príncipe y mendigo, este juego que se hace gráfico y toma un carácter iconográfico al darle título al disco. No fue fácil pero surgió naturalmente esperando la cadencia, el tiempo de decantación, como en los cuadros, que esperás que seque una capa para luego continuar.

Varias veces hacés referencia a colores y texturas.

Para mí es importante desarrollar la abstracción musical con una idea gráfica; pararme en algún lugar con toda esa atmósfera flotante que es la música. La idea de la orquestación la pienso bastante en colores, que en música son timbres, estaciones, que dan atmósferas determinadas, que llevan a querer terminar la canción. Necesito conectar con el sonido disparador de ambiente que sugiera situaciones. Por eso me dejo llevar a los textos por la música. No armo la lírica y después musicalizo.

¿Cómo eligieron las doce que quedaron en el disco?

El texto “Volver a los diecisiete”, de Violeta Parra, es uno de los textos que con más claridad hablan sobre el amor, creo. Hago hincapié en esa manera y potencia de describir al amor. El de Evaristo Carriego, “Qué será de ti”, es un texto de despedida: nos situamos a comienzos de 1900, en Buenos Aires, con una epidemia de tuberculosis muy importante, en la que murieron muchas personas; este texto en el que yo tomo un ritmo de bolero como base, en apariencia es el texto de una persona que despide a una mujer en su desamor, pero luego se involucra un coro que termina demostrando que es una familia despidiendo a la hija. No se sabe si es al destino final por su enfermedad o hacia algún lugar. Una triste despedida con carga poética impresionante. A los textos de Federico (García Lorca) los siento muy cercanos; nunca me terminó de ser ajeno. Era un gran cancionista. Y después está Luis Alposta, que es el vicepresidente de la Academia del Lunfardo y colaboró conmigo en muchos discos. Estar con él es estar del lado de adentro del tango. Es un letrista que colaboró con Edmundo Rivero, Osvaldo Pugliese, Rosita Quiroga, y estar con él es un punto importante en mi historia.

¿Abre otra etapa este disco?

No sé. Hay una canción que es “Juan Salvo, el Eternauta”, que es una reversión de mi primer disco solista, que salió hace 20 años, y de alguna manera es un círculo. Se cierra una salida de un ritmo habiendo pasado por todos estos discos que hice. Es pura intuición.

¿La nostalgia sigue siendo importante en el tango?

Es una de las herramientas importantes. El tener nostalgia y necesitar de algo que no tenemos, añorar algo, es el punto de partida. Los argentinos muchas veces no sabemos si es acá, allá, pero es un motor fundamental en nuestro rock, en la música en general: el blues, el fado, el flamenco. El dolor, la nostalgia, el desarraigo, hacen al cantar.

 

 

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