Efectos de la ratificación

Argentina

La decisión de Sergio Massa de continuar en la carrera presidencial reconfigura el plano político de cara a las elecciones venideras. Especialistas opinan que se pueden dar fraccionamientos o disminuciones en la intención de voto de algunos precandidatos. Por otro lado, ven al oficialismo cada vez más fortalecido por la percepción positiva hacia la economía y la figura presidencial.

Segio Massa, Precandidato a presidente por el Frente Renovador- Foto: elargentino

Pablo Galand- Revista Veintitrés (Argentina) 

“Voy a ser presidente de los argentinos”. Con esa frase, el miércoles por la noche Sergio Massa terminó de despejar las dudas acerca de si continuaba o no en la carrera presidencial. Si bien hoy aparece lejos de poder terciar en la pelea, la ratificación de Massa reconfigura los posicionamientos de quienes hoy aparecen con más chances de ganar, Daniel Scioli y Mauricio Macri. Y abre una serie de interrogantes. ¿La presencia de un tercero en discordia fragmenta a la oposición y aumenta las posibilidades del oficialismo de imponerse en primera vuelta? ¿La presencia de un peronismo fragmentado termina favoreciendo al macrismo? ¿Puede el Pro con su construcción “pura” hacer pie en la provincia de Buenos Aires, distrito clave para cualquier fuerza que aspire a ganar la elección nacional? Cierto clima de tranquilidad económica, combinado con la centralidad política que conserva Cristina Fernández a seis meses de dejar la Casa Rosada, ¿hacen invulnerable al Frente para la Victoria? Veintitrés acudió a diferentes consultores y politólogos para plantear los diferentes escenarios que se abren a partir de ahora y tratar de trazar algunas proyecciones en un horizonte que plantea más incertidumbres que certezas.

“Creo que con la decisión de Massa, de persistir en su candidatura, el escenario que se plantea es el de fraccionamiento y partición dentro del universo peronista. Por lo tanto, creo que, aunque siga en baja en la intención de voto, con su candidatura Massa le resta más votos al Frente para la Victoria que al Pro”, sostiene Gabriel Palumbo, sociólogo y doctor en Ciencias Políticas. Una percepción parecida tiene Ricardo Rouvier, titular de la consultora que lleva su nombre. “Creo que Massa eligió la opción menos gravosa. Cualquier decisión que tomara significaba un costo superior al beneficio. Pero si se hubiera bajado de la presidencial el costo habría sido aun mayor, porque agigantaba la posibilidad de que el Frente para la Victoria se imponga en primera vuelta”, afirma.

Pero no todos tienen la misma percepción. El consultor Jorge Giacobbe entiende que a esta altura del partido la presencia de Massa es inocua, en un escenario en el que ve que se está volviendo cada vez más polarizado. “De acuerdo con nuestras mediciones, Massa no para de bajar en las encuestas. En la última que hicimos está midiendo un 11 por ciento y en tendencia a la baja. Por lo tanto, que siga en carrera es cada vez menos relevante porque sus votos cada vez son menos, a medida que se acerca la fecha de la elección”, asegura. 

” El consultor Jorge Giacobbe entiende que a esta altura del partido la presencia de Massa es inocua, en un escenario en el que ve que se está volviendo cada vez más polarizado. “De acuerdo con nuestras mediciones, Massa no para de bajar en las encuestas. En la última que hicimos está midiendo un 11 por ciento y en tendencia a la baja. Por lo tanto, que siga en carrera es cada vez menos relevante “

Como Rouvier, el politólogo Julio Burdman, director de la consultora Observatorio Electoral, entiende que Massa quedó atrapado en una encrucijada y que la mejor opción hubiera sido bajarse a la gobernación de la provincia, pero en alianza con alguna de las otras dos fuerzas que hoy mantienen la mayor intención de voto. “Si bien es una opción que quedó clausurada ante la intransigencia del Pro de aceptarlo en su espacio, creo que hubiera sido una buena alternativa para los dos. Massa tenía altas posibilidades de imponerse, ya que en el territorio bonaerense todavía no hay candidatos ganadores, y al Pro le solucionaba el problema de que no tiene un candidato fuerte en provincia”. Giacobbe no opina igual. Cree que con Massa como candidato a gobernador, el Pro se compraba un problema. “Si como a nosotros nos dan las encuestas, Macri termina ganando las elecciones, tener a un presidenciable de 40 años gobernando la provincia de Buenos Aires significaba hipotecar su continuidad presidencial”.

El argumento al que acudían desde el massismo para promover una alianza con el Pro era que si las dos fuerzas iban separadas aumentaban las posibilidades de que el Frente para la Victoria llegue al 40 por ciento de los votos y que ninguna de las fuerzas de la oposición alcance el 30 por ciento. Es decir, una de las instancias que habilita la Constitución nacional para evitar una segunda vuelta. Sin embargo, en el Pro no hicieron lugar a esa interpretación y al no aceptar las condiciones que imponía para cerrar el acuerdo, decidió presentarse con sus actuales socios, la UCR y la Coalición Cívica. ¿Fue una buena decisión? “En el Pro entienden que en la sociedad hoy hay un 40 por ciento que quiere la continuidad y un 60 que reclama un cambio”, asegura el politólogo Nicolás Tereschuk, editor del blog artepolitica.com. “Más allá de que estos números sean reales o no, el Pro interpreta que la característica que tiene que tener esa construcción política para que se dé ese cambio es que no tenga rasgos peronistas. Por eso desdeña el acuerdo con Massa”, asegura.

Para Tereschuk, esa construcción tiene sus límites. “Una de las consecuencias que dejó la crisis del 2001 fue que el peronismo se fragmentó y el no peronismo se derrumbó. A partir del liderazgo de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, el peronismo logró cohesionarse, pero el no peronismo no pudo superar los efectos de ese derrumbe. Con las alianzas con la Coalición Cívica y la UCR, el Pro busca ser la fuerza que conduzca a ese no peronismo pero me parece que está acelerando los tiempos para poder hacerlo de manera efectiva”, indica. Concretamente, Tereschuk traza una comparación con el camino que llevó adelante la Alianza. “En aquella oportunidad hubo dos años para consolidar la coalición. Primero se produjo el triunfo de Graciela Fernández Meijide en la provincia de Buenos Aires en 1997 y tuvieron dos años para construir el triunfo posterior de Fernando de la Rúa en las presidenciales. Ahora, en cambio, pretenden hacer todo en estos meses y no creo que lo logren”, sentencia. Para Rouvier, la estrategia del Pro es muy clara: “El Pro está jugando a ganar en segunda vuelta; los votos que no tiene ahora, apuesta a tenerlos en segunda vuelta. Por eso cree que no es necesario pagar el costo de aliarse a Massa”, asegura. Tereschuk coincide con el diagnóstico de Rouvier pero cree que para que eso suceda tendría que darse un traspié del oficialismo. “Una circunstancia como fue la muerte del fiscal Nisman podría mejorar las chances del Pro”, considera.

” ‘En ese caso, los votos vinieron de abajo hacia arriba. Por lo tanto, el Pro para ganar necesita maximizar su caudal de votos en estos dos lugares en los que el Frente para la Victoria sacó dos de cada tres votos. Tiene que haber un buen candidato en la provincia de Buenos Aires porque con el liderazgo que arrastra Macri no alcanza’, sostiene “

En esa construcción, lo que hoy aparece como el talón de Aquiles del Pro es la provincia de Buenos Aires, donde el peronismo mantiene una inalterable hegemonía y la candidatura de María Eugenia Vidal no termina de convertirse en una opción ganadora. Sin embargo, Rouvier cree que ese escollo se puede superar. “Macri es la cabeza de lista del Pro y desde ese lugar la lleva para arriba a Vidal”, asegura. B
urdman no se anima a ser tan contundente. “No siempre sucede así”, sostiene. “En el caso del kirchnerismo, su núcleo de votos en 2011 estuvo principalmente en el norte del país y en la provincia de Buenos Aires, que es donde cosechó el 30 y el 35 por ciento de los votos, respectivamente. En ese caso, los votos vinieron de abajo hacia arriba. Por lo tanto, el Pro para ganar necesita maximizar su caudal de votos en estos dos lugares en los que el Frente para la Victoria sacó dos de cada tres votos. Tiene que haber un buen candidato en la provincia de Buenos Aires porque con el liderazgo que arrastra Macri no alcanza”, sostiene.

Con respecto al oficialismo, los especialistas consultados observan que hay dos elementos que juegan a su favor como para ganar la elección, más allá de quien sea finalmente el candidato: la percepción positiva que hace la sociedad de la economía y la vigencia de liderazgo que presenta Cristina Fernández a poco de dejar el poder. “Sin duda que la percepción que hace la opinión pública de la economía no tiene que ver con lo referido a la macro, sino con la economía personal. Y en ese terreno se ve que sistemáticamente viene mejorando. La gente no siente que está peor y ese es un dato fuerte”, asegura Burdman. De acuerdo con estudios hechos desde su consultora, el 54,7% de los consultados siente que su economía personal o familiar está igual o mejor que hace cinco años, el 41% percibe que está peor y un 4,3% no sabe o no contesta. Giacobbe cree que hay graves problemas a nivel económico, pero igual reconoce que este aspecto no va a ser un problema para el oficialismo. “De acá a final de mandato va a buscar todas las formas de inyectar dinero al mercado y que los problemas macroeconómicos que eso genere, que los solucione el que viene”, agregó.

Con respecto a los niveles de aprobación que mantiene Cristina Fernández, Tereschuk sostiene que se trata de un hecho inédito: “Tanto Alfonsín como Menem llegaron al final de sus mandatos con sus índices de imagen claramente en declive. El caso de Cristina es inédito porque por primera vez se da que un mandatario nacional crezca en imagen en el momento en que se está yendo”. Palumbo sostiene que en términos de operación de climas “el Gobierno obra como si fuera a gobernar 150 años y eso en términos electorales juega a favor del oficialismo”, admite. 

De acá a octubre cada espacio buscará explotar sus capacidades y esconder sus debilidades. El juego aparece más abierto que nunca. 

 

Reynaldo Sietecase- Diario Z (Argentina) 

Macri está convencido de que el ex intendente de Tigre resta más de lo que suma. Y que su estrategia de competir sin el apoyo de quienes “estuvieron comprometidos con el gobierno en los últimos doce años” le permitirá polarizar la elección con el candidato del Frente para la Victoria. “Será una pelea entre los que quieren el cambio y los que no”, explicó.

El heraldo negro fue Jaime Durán Barba. El asesor ecuatoriano de Mauricio Macri se reunió con Sergio Massa y Francisco de Narváez, en la casa de este último, y no sólo les comunicó que no habría acuerdo posible sino que le sugirió al fundador del Frente Renovador que se baje de la candidatura presidencial.

El ingeniero ni se molestó en hablar con sus antiguos socios políticos. De Narváez trató de torcer el desenlace renunciando a su candidatura a gobernador por el FR en función de una alianza que estaba muerta al nacer. “Renuncio para facilitar un acuerdo entre Massa y Macri”, sentenció públicamente.

El jefe de Gobierno porteño no se dio por aludido y señaló que si Massa lo llamaba (la prensa amiga sugería que sólo hacía falta una conversación telefónica para arreglar todo) le diría que ya tenía candidata a gobernadora: María Eugenia Vidal. No había más que hablar. 

 

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