La nueva debilidad

Brasil 

Marina Silva demostró que puede lograr una buena relación con los sectores financieros, la industria y el agronegocio. Ahora su debilidad pasa por otro lado, por su falta de consenso con las coaliciones. Las últimas declaraciones del candidato a vicepresidente de su partido, que pidió que se ignorara al congreso, no la dejaron en una buena posición ante los votantes.

CongressoemfocoTeresa Cruvinel- 247 (Brasil) 

Aunque la presidenta Dilma Rousseff no haya sido del todo clara sobre la naturaleza de sus preocupaciones respecto del programa de gobierno de Marina Silva, sí mostró que sus temores se relacionan con la economía: la inestabilidad, la desindustrialización o el quiebre de la matriz energética, por ejemplo.

Pero respecto de la economía, Marina ya se arrodilló y besó la cruz como una señal al mercado. Y viene diciendo lo que los sectores financiero, la industria y hasta el agronegocio quieren escuchar, contrariando su propio discurso reciente. Incluso ya se comprometió con la fórmula “cambio libre-metas de inflación-superávit y Banco Central independiente”.

Pero el mayor riesgo del gobierno de una candidata que en los hechos no tiene partido político sino que está alojada en uno (el Partido Socialista Brasileño, PSB), de baja densidad y expresión, y viene mostrándose contraria a las coaliciones en un presidencialismo como el brasileño que no puede prescindir de ellas, es fundamentalmente político.

Como informó Brasil/247, el candidato a vice de Marina, Beto Albuquerque, hizo el fin de semana las declaraciones más graves registradas en toda la campaña electoral.

Si Lula, Dilma o cualquier candidato del Partido de los Trabajadores (PT) pregonara algo parecido a lo que dijo Albuquerque, estarían siendo linchados verbalmente y calificados como populistas, chavistas, bolivarianos y epítetos similares que pueden resumirse en “cesaristas”, es decir, los gobernantes que, como los césares de Roma, dispensan la mediación de los partidos e instituciones y buscan entenderse directamente con el pueblo.

“Respecto de la economía, Marina ya se arrodilló y besó la cruz como una señal al mercado”

“Después de elegir a Marina tenemos que salir a las calles a darle cobertura para que pueda exigirle al Congreso los cambios que necesita el país”, dijo el compañero de fórmula de la ambientalista.

Todos los gobernantes brasileños que intentaron ignorar al Congreso -desde la monarquía parlamentaria de Don Pedro- salieron mal parados. Excepto los dictadores: Getulio Vargas y los militares post-1964.

En contraste, Washington Luís fue barrido por la Revolución del ´30; Jânio Quadros (1961) renunció y no volvió; Collor de Mello (1990-1992) fue destituido por impeachment. Jango Goulart (1961-1964) fue “tolerado” hasta que, en un discurso apeló al pueblo para que lo ayudara a aprobar reformas presionando al Congreso. Vino el golpe.

La coalición de partidos que apoya a Marina cuenta hoy con 30 diputados: 24 del PSB y seis del PPS. Si las dos bancadas se duplicaran en las elecciones del 5 de octubre por la fuerza del “efecto Marina”, serán 60.

“Pero yo voy a gobernar con los mejores de cada partido”, ha dicho la candidata, hablando específicamente de “los mejores del PT y del socialdemócrata PSDB”.

Los individuos no forman coaliciones ni garantizan mayorías. Para llegar a los 257 diputados en la Cámara (sin la cual nadie puede gobernar) Marina tendría que recurrir a lo que llama “vieja política”: hacer alianzas, compartir el poder, ceder cargos y negociar las políticas que se van a votar. ¿Estará dispuesta a hacerlo?; su vice informa que prefieren apelar a las calles para doblegar al Congreso.

El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) bien sabe lo que significa la falta de estructura y base política para gobernar. Aun sabiendo que ganaría la elección de 1994 gracias al Plan Real, Fernando Henrique Cardoso trató de hacer una alianza con el Partido del Frente Liberal (PFL), partido que fue importante para su gobernabilidad.

“‘Después de elegir a Marina tenemos que salir a las calles a darle cobertura para que pueda exigirle al Congreso los cambios que necesita el país’, dijo el compañero de fórmula de la ambientalista”

Ahora, buena parte de los socialdemócratas del PSDB se acercan discretamente a Marina creyendo que así llegarán al gobierno. Aun así, el PSDB hoy es un partido de 44 diputados; si la bancada se duplica, una coalición PSB-PPS-PSDB aún estará lejos de la mayoría. El resto tendrá que ser coaccionado por las masas.

Sacando al Congreso, la estabilidad política exige capacidad de negociar también con los diferentes segmentos de la sociedad civil, empresarios, sindicatos y corporaciones. Marina ha dicho que quiere “escuchar”. Su mecenas Neca Setúbal dice que Marina difiere de Dilma porque escucha. Escuchar es una cosa, negociar y conciliar es otra. A la hora de los choques de fuerza e interés, ¿cederá o apelará al pueblo?

“Pierdo el cuello, pero no el juicio”, dijo Marina cuando colisionó con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (del cual fue ministra de Medio Ambiente), negándose a flexibilizar posiciones en relación a los permisos ambientales para acelerar las obras de construcción de las hidroeléctricas amazónicas, fundamentales para que Brasil tenga mayor oferta de energía.

Si en la presidencia Marina repite y practica aquel refrán, estará arriesgando el cuello, pero no sólo el suyo. Será el nuestro, el de la democracia que los brasileños vienen construyendo con todos los vicios y virtudes de nuestro sistema político que necesita reformas, pero por la vía de la negociación y dentro de la normalidad institucional.

Un presidente que sale fortalecido de las calles debe aprovechar el momento en que transpira fuerza y legitimidad para conducirlas. Fernando Henrique, Lula y Dilma perdieron el “timing”, la luna de miel pasó y no priorizaron la reforma política. Después ya era tarde. Pero lo que Beto Albuquerque anuncia es otra cosa: es cesarismo, con cualquier nombre contemporáneo que se le quiera dar.

 

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