Manuel García, rock y folclore de ficción

Chile

El cantautor chileno terminó una gira con Calle 13 y presentará este año un disco doble -uno de rock y otro de foclore local y regional-. Tuvo como participantes a Angel Parra padre e hijo. García relata cómo trabajó con estos dos ángeles en todo el proceso de armado y de grabación del disco, en que se utilizó el micrófono que usó Violeta Parra en sus últimas composiciones.

The Clinic online

Daniel Nuñez Escobar – The Clinic Online (Chile)

Manuel García llegó hace unos días de una gira por Estados Unidos teloneando a Calle 13 y ahora está en plenos preparativos para presentar “Retrato Iluminado”, su quinto disco de estudio, este próximo 29 de agosto en el Movistar Arena. El nuevo trabajo tiene dos discos, uno dedicado al rock y el otro al folclore chileno y latinoamericano. Para ello, contó con la presencia de los dos Ángel Parra -padre e hijo-, que en un trío contundente, lograron uno de los trabajos más finos musicalmente de la carrera de García, según él mismo reconoce. Con la presencia de los “ángeles”, grabado en parte con el micrófono que utilizó Violeta Parra en sus últimas composiciones, e incluyendo la canción que apareció en la serie Ecos del Desierto y que Manuel cantó en el funeral de Carlos Berger –esposo de Carmen Hertz asesinado en dictadura-, a “Retrato Iluminado” le sobra mística y promete ser, al menos, uno de los discos más ambiciosos de la carrera de Manuel García. Esto nos contó en entrevista con The Clinic Online.

-¿Cómo fue la gira con Calle 13?

Fue una gira muy emocionante. Quedé muy contento, con la sensación de que fue exitoso por varias razones. Primero, porque uno conoce un nuevo terreno y por lo emocional, que fue muy lindo, porque resultó muy bien la relación con Calle 13, tanto con los integrantes de la banda como el equipo técnico y los músicos que acompañan a Eduardo, René y PG13. Eran cinco fechas y se fue creciendo desde el primero hasta el último. En el primer concierto salí un poco anticipado, con gente todavía entrando al teatro y el equipo técnico no tenía mucha costumbre de lo que yo iba a hacer. Partimos con un arranque muy difícil en San José, pero en el último concierto –en Houston- fue con bis, sacamos otra, la gente que estaba esperando a Calle 13 empezó a gritar ¡otra! ¡otra! Fue el mejor final.

-¿Cómo era el público gringo?

El público era joven, hijos de latinoamericanos en su mayoría. También había gringos y gente latina de la cultura, chilenos que tenían que ver con el tema cultural social político, gente de centros culturales, artistas, músicos. En San José me encontré al Pepino de Los Tetas y estuvimos conversando bastante. En otros lugares me encontré a socialistas, parejas de gente mayor que habían sido exiliadas y que iban a los conciertos por escuchar “al chileno” y porque estaban dentro de esta forma de pensamiento que señala Calle 13. Además, el público entregó algo muy emocional, una conexión y mucho respeto por un artista desconocido que salió con una guitarra y presentado como chileno, cosa que era un misterio para ellos. Me fueron aplaudiendo cada vez más a medida que yo fui tomando más confianza en cada teatro.

-¿Y cómo era la relación con René y Eduardo (Residente y Visitante)?

Mira, son personas bien genuinas. René habla y conversa en una actitud de estar pensando lo que va diciendo en esta velocidad rapera que él tiene, de esa poesía pensante, moviendo su cuerpo, instintivamente, tal como se ve en el escenario, como esos muchachos de los barrios que se formaron moviendo las manos de determinada manera al momento de expresarse y hablar. Y sus reflexiones en los camarines siempre están preocupadas y dirigidas a lo que está pasando con las personas alrededor, de convidarle una cerveza a alguien que entró, qué se yo. No importa quién sea, ni lo que esté hablando, es así. Y Visitante –Eduardo- es una persona sencilla, muy tranquilo pero tiene el dominio absoluto de lo que pasa a nivel musical. Él fue el primero en acercarse a darme la bienvenida en San José y se dio el trabajo de contarme que había visto unos videos y escuchado algunas cosas mías y nos invitó a irnos por tierra con ellos en vez de hacer nuestro itinerario en avión, donde teníamos algunas diferencias de horarios. Me invitó a estar con ellos en los camarines y me acercó a todo el equipo, fue muy cariñoso.

-¿Y viajaste con ellos?

No, al final seguimos nuestro itinerario, porque además de que teníamos armado nuestro viaje –entre aviones y buses- era bueno darle espacio a ellos, porque una cosa es la caballerosidad de invitarte, pero aparecer ahí como un intruso y enterarse de todas las situaciones íntimas que pasan en una gira, no… preferimos respetar ese espacio.

-¿Esta gira fue como un preámbulo para intentar entrar en el mercado estadounidense? Ya estás medio metido en México.

Si nosotros logramos hilar a través de festivales más invitaciones, puede que sí. Ahora hay una probabilidad de que volvamos a hacer una gira con Calle 13 más para el norte de Estados Unidos este año. Si eso vuelve a ir bien, sería interesante poder empezar a visitar ese terruño y cantar preparándose en pensar en este público y estas culturas.

Retrato iluminado, Rock y Folclore de Ficción

Un disco doble; uno dedicado al rock y otro al folclore chileno y latinoamericano, ese es “Retrato Iluminado”, quinto disco de la carrera de Manuel García, que probablemente sea uno de sus trabajos más ambiciosos debido a la amplitud estilística.

Para lograr bien el objetivo el cantautor contó con el trabajo de Ángel Parra padre y Ángel Parra hijo. El primero, fue su corregidor de versos y escrituras, además de cantar varias canciones solo en el disco dos, en una especie de “mano a mano” con Manuel García, y el segundo, fue la mente técnica detrás de todo el proceso: produjo, hizo arreglos, tocó guitarra, armó maquetas y empujó a Manuel García hacia nuevos horizontes en el uso de su voz. La relación del oriundo de Arica con ambos músicos nació gracias al acercamiento que facilitó Javiera Parra, cuando lo invitó a tocar en el álbum “El árbol de la vida” y le dio el correo de su padre para que un tímido Manuel le enviara un correo felicitándolo por el libro “Violeta se fue a los cielos”, que luego se convertiría en película. “Javiera, con su intuición de mujer, siempre más sabia que los hombres, supo que íbamos a enganchar”.

-¿Qué nos traerá el nuevo disco?

El disco tiene dos vertientes en que fue bastante fundamental el trabajo de Angelito Parra. Primero que alcanza el status a nivel técnico y sonoro y de trabajo interpretativo que yo no había alcanzado antes con el género rock. Y por otro lado está esa veta de poder relacionarse al género chileno o latinoamericano del folclore con más propiedad. Tiene esos dos ámbitos radicales que creo que están bien logrados, y que además son complementarios. Y que es algo que siempre me caracterizó. De repente yo terminaba un concierto con “Reloj”, uno de mis temas más rockeros, pero no me olvidaba de que en el último saludo más solemne y profundo, tocar “Los colores” casi a capela, sólo con un bombo. Ahí está la no-contradicción entre tocar una canción muy de raíz y otra muy rockera. En Retrato Iluminado, en el fondo, hice crecer esas dos esferas, que es lo que el público se merece.

-¿Por qué se llama Retrato Iluminado?

Retrato Iluminado es una técnica fotográfica antigua que era una forma que tenía la gente más humilde para hacerse pinturas, lo más cercano a un cuadro. Había en la clase alta pero los más curiosos son los que pasaban
por el campo, por los lugares más marginados de la sociedad, porque era ahí cuando el iluminador, o el monero como le decía la gente, podía agregar aquellas cosas de la que la gente carecía: una corbata, unos aros, unos collares, etcétera. Lo encontré interesante como una forma de establecer de manera presente ciertos valores antiguos. Por los públicos que me viene a ver a mí, siempre pienso que estoy cantando para gente mayor, o que estoy recogiendo historias de esa gente más antigua, pero siempre dirigiéndome también a la gente muy joven. Y pensaba que el disco que estábamos armando tenía mucho de eso, algo muy transgeneracional.

-Ángel Parra (hijo) fue productor, arreglista e intérprete del disco. ¿Cómo fue trabajar con él?

Es un hombre múltiple. Tuvimos mucho feeling a la hora de ponernos a trabajar. En el estudio fue estupendo contar con él, recibiendo sus ideas de producción. Fue como un hombre orquesta, hizo de ingeniero improvisado grabando las cosas, armando las maquetas y fue muy humano todo. De ahí se generó, de esta relación que podría haber sido solo profesional, un sentido de amistad y cariño. Además, me aportó muchas cosas en lo personal. Un sentido del humor que yo no tengo, por ejemplo, con su punto de vista tan parriano para ver las cosas, es muy divertido. Y, bueno, con toda su experiencia de los grandes años del rock and roll. Esas experiencias las fui incorporando. Por ejemplo, él veía ciertas cosas en mi capacidad de cantar y me exigía tratar de llegar, alzar más el tono de la voz, buscar nuevos registros, o me mostraba nuevas afinaciones de guitarras para que yo pudiera componer con otras sonoridades, fue bien pedagógico para mí y nos complementamos muy bien. No dejé de ser yo mismo pero hay toda una impronta nueva gracias a él.

-En el coro de Medusa se te escucha una forma de cantar que no habías utilizado antes… ¿eso fue aporte de Parra?

Sí porque yo me empecé a entusiasmar con la forma de componer y arreglar que él tiene. Me empezó a hacer cantar registros con más potencia, porque claro, yo decía que no podía estar igual de plano que en los otros discos, con la voz “quedita”. Y con esa idea empecé a componer Medusa y ahí salió esa frase del coro. Cuando se la canté, la tendí a grabar como yo canto, porque según yo estaba marcando con mi voz lo que iban a hacer los vientos y los violines, pero el Ángel me dijo: “no, no, grábalo así no más, cántalo con hartas ganas”. Y ahí saqué todo el yo mexicano que me pudo salir, sobre una base a pura guitarra súper bien grabada que hizo él. Cuando me mandó la maqueta al otro día figuraba que las partes que yo creía que eran los vientos y violines las cantaba yo, más los bronces y las cuerdas por debajo, pero yo me hacía cargo de las alturas del canto. Bueno, en ese tipo de cosas Ángel me ayudó y me empujó mucho.

-¿Has pensando en singles después de Medusa?

Estoy viendo, podría ser “La Aguja”, “La Luz” del disco uno. Del disco dos –el folclórico- me gustaría Retrato Iluminado, naturalmente, o la misma “Canción del desvelado” pero por ahora de ese disco no hay nada porque estamos trabajando con lo más power en sonido que son los singles del disco número uno.

-¿Y por qué hacer un disco de folclore?

El folclore que yo hice es un folclore onírico o un folclore de ficción. Siempre me pasa que la gente me relaciona a la música folclórica a pesar de que no he grabado folclore y he tocado mucho rock and roll. Entonces en este disco estoy respondiendo a cierta inquietud del público, porque yo al ver a la gente cantando “Pañeulí” –una especie de cueca del disco Témpera- o “Los colores”, o mis versiones de Víctor Jara o la Violeta, me di cuenta que la gente joven está necesitando un folclore que no es solamente lo antiguo. Pero no ese folclor perfecto ni arregladito, queríamos una cosa más natural. Para dar esa sensación y recuperar los vicios y ripios propios del estilo, registramos toda el disco dos en una sesión en vivo. Ahí apareció el micrófono de la Violeta.

-¿El micrófono de la Violeta?

Sí, es que Alejandro Lyon se consiguió el micrófono con el que la Violeta grabó las últimas composiciones, tanto por la poesía del asunto, y para que se lograra el concepto que yo andaba buscando.

El funeral de Carlos Berger

-Te quería preguntar por la canción de Ecos del Desierto, la serie de CHV dirigida por Andrés Wood. Me acuerdo que fuiste trending topic el día del estreno porque a la gente le encantó. ¿Cómo nació la canción?

Bueno, se llama “La canción del desvelado” y viene publicada en Retrato Iluminado completa, porque lo que se escucha en la serie es una estrofa no más. Es curioso cómo nació, porque en ese tiempo yo estaba pegado con “Cuando amanece el día”, la canción de Ángel Parra padre. Y un día en la noche, en el living de mi casa, me puse a componerla, como acompañado con la sensación del tema de Ángel. La estaba haciendo cuando me llamó José Miguel Tobar –compositor que trabajó con Wood en muchos de sus films- y me dijo: “mira, necesitamos una canción para Ecos del Desierto y habíamos pensado que la canción fuera “Cuando amanece el día” de Ángel Parra, pero queremos que tenga una marca contemporánea, que el referente no sea tan nueva canción chilena, si no algo más actual”. Y le dije: “Mira, estoy ahora mismo haciendo una canción, que por lo que me dices, me late que podría funcionar”. Fue como telepático. Me contó el guión y yo le dije que se la mandaba al otro día. La terminé, se la envié en un mp3, y funcionó. Ellos omitieron las guitarras, le pusieron unos teclados encima, dejaron solo la segunda estrofa y me pareció perfecto y así quedó.

-Y tocaste en el funeral de Carlos Berger, esposo de Carmen Hertz, que fue asesinado en la dictadura, y justamente es la historia en la que se basó Ecos del Desierto. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue bien fuerte. Nos invitó su familia, la Carmen Hertz. Fue en el Memorial a los Detenidos Desaparecidos en el Cementerio General, y abrimos junto a la Javiera y el Ángel Parra hijo con una versión bien bonita de “Gracias a la vida”. Después toqué yo solo “La canción del desvelado” y después cantó Jorge Coulón. Fue muy breve pero muy fuerte. Los mejores que catalizan nuestra historia son aquellas familias que se hacen responsables de lo que les pasó y lo hacen de una forma no egoísta ni propia, si no que ya por sus propios hijos, de una forma generosa. El hijo de Berger decía que la carencia de su padre muerto la suple al tener a sus hijas en la noche. Entonces a mí me quedó un sentido súper altruista sobre la vida, de cuánto puede el ser humano soportar sobre sus hombros y proyectar a partir del dolor. Y también me queda la fragilidad pequeñita de ocupar un rincón de la historia tan honorable como despedir a Carlos Berger, aguantándose que se te salgan las lágrimas poder cantar bien. Y claro, queda como una nueva emoción permanente. Lo que podría haber sido una emoción pasajera, queda para siempre, basta ver una foto y ya se revive la experiencia.

-¿Qué viene para ti ahora?

Lanzar el disco en el concierto del 29 de agosto. Lograr establecer la gira a Estados Unidos ojalá en vinculación con Calle 13 de nuevo –este 2014-, atender a Europa de donde nos han llamado para ir a algunos festivales y ojalá poder estar en México con este disco y que sea más latinoamericano. Y bueno, nunca abandonar aquellos espacios sociales, invitaciones de los estudiantes o universidades, y ahí la agenda se va completando.

 

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