Macri es de Temer

Argentina y Brasil
Roberto Mero

Que el presidente argentino sobreviva o no, que el desestabilizador brasileño pueda imponerse o no, la bomba de tiempo que los K y Lula-Dilma habían desarmado podría explotar con el aislamiento internacional de Brasil y su búsqueda desesperada de estabilización interna. La ruptura de la alianza regional y la confirmación de un nuevo Plan Cóndor.

Roberto Mero*- Latinoamérica Piensa

El aplauso de Mauricio Macri al golpe judicial en Brasil recuerda aquella alegría del que come bosta creyendo que es pasto. En geopolítica concreta el eje Brasil-Argentina había producido el efecto dómino de los gobiernos populares en América Latina. La incorporación de Venezuela al Mercosur, había creado las condiciones fundamentales de un eje regional con una potencia industrial (Brasil) una potencia agrícola (Argentina) y un productor petrolero decisivo en la OPEP (Venezuela). El imaginario imperial y el de las derechas vernáculas creen a rajacincha que la alianza Buenos Aires-Brasilia pondrá los péndulos a la hora. Y que la década del neoliberalismo salvaje volverá a enseñorearse en una suerte de “contra-dominó.” Sin embargo, esta esperanza macrista sólo puede convencer al piojerío resucitado de la burguesía dependiente. Para la derecha brasileña no se trata de volver a los 90, sino a los 70. Época dorada en la cual Richard Nixon y Henry Kissinger habían bendecido a Brasil como el “gendarme de América”. El desarrollo autónomo de la dictadura brasileña no tardaría en demostrarles su error. Con 8 millones de kilómetros cuadrados Brasil estaba en condiciones de generar un mercado propio de alcance interno, sin que la aventura regional tentase a su propia oligarquía. El fenómeno llegó a la confrontación cuando Brasilia decidió en 1989 crear su propia logística informática (y de Defensa) recibiendo la sanción de George Bush padre. En esos mismos momentos Carlos Menem abdicaba de toda autonomía, destruyendo el plan misilístico argentino, abdicando de la bomba atómica y entregando el mantenimiento de la fuerza aérea a Lockheed Martin. Las victorias del PT y las del kirchnerismo suspendieron la polarización de antaño que hora podría retomar la fuerza que conoció hace medio siglo atrás. O es eso lo que Brasilia espera, ante un Macri y una oligarquía argentina, sin proyecto ni estrategia. El sometimiento a la industria brasileña cubriría así el objetivo de los exportadores argentinos de recentrar al país en el caduco sistema agro-exportador. Imbecilidades anacrónicas que ningún acuerdo ideológico podrá allanar. El golpe de Estado pone a Brasilia en una posición dificilísima ante los BRICS (Brasil-Rusia-India-China-Sudáfrica), cuya ideología de autonomía ante el poder de los EEUU-Unión Europea-Japón, está creando las condiciones de un segundo mercado internacional donde el dólar sirva como figurita para los pibes. Macri no podrá jugar con Michel Temer la carta de los K con el PT. La ruptura de la alianza regional “populista” abrirá el juego a una carrera desesperada de Buenos Aires por no ser reducido al peso de una republiqueta bananera ante las decisiones del Planalto. Que Macri sobreviva o no, que Temer pueda imponerse o no, la bomba de tiempo que los K y Lula-Dilma habían desarmado podría explotar con el aislamiento internacional de Brasil y su búsqueda desesperada de estabilización interna. Para entonces Macri habrá perdido su carta de alcahuete principal del Imperio, limitado a bailarse una cumbita ante ese despertar despampanante y amenazador del gorilismo armado brasileño.

” Que sea Temer o Macri el denominador común no es salvar a “Occidente del avance comunista”, sino poner a sus países de rodillas ante el hampa bancaria internacional. Proyecto limitado y de corto vuelo. Por último, aquel Primer Plan Cóndor se apoyó en la utilización de las fuerzas armadas como garante del sistema, disciplinando el movimiento obrero “

La vieja garra del nuevo Cóndor

Gases, carga de caballería policial, sirenas. Las imágenes de Porto Alegre y San Pablo repiten en mayo 2016 el reestreno en Brasil de la primicia dada por Macri desde diciembre 2015. Pronto seguirán otras remakes del mismo film, con sus secuencias de palos, balas, manifestaciones, banderas. Sin embargo, la confirmación de un nuevo Plan Cóndor para América Latina podría servir como espada de dos filos. Primero, trampa de creer que en la segunda década del siglo XXI las derechas vencerán a los movimientos populares. Segundo, error de considerar que esas oligarquías se instalarán en el poder, como fue el caso en los años 60 del siglo XX. Me permito dudar de esos sinceros augurios de desastre que intentan explicar de manera anacrónica, fenómenos incomparables. Incomparables tanto en los medios como en sus posibilidades de éxito a largo plazo. El Primer Plan Cóndor, iniciado por los EEUU como respuesta a la Guerra Fría buscó golpear a movimientos populares que (con sus variantes) habían visto una referencia posible en la Revolución Cubana. Este remedo actual carece de una referencia “externa”: no se ataca a grupos revolucionarios tratándolos como el “enemigo interno” sino que se enfrenta a pueblos completos, de frente, en masa. El Primer Plan Cóndor se fundó en una “ideología de la Seguridad Nacional” por medio de la cual se pretendía desbaratar la “infiltración marxista”. El Plan actual carece de ese eje ideológico: aunque también sea perpetrado por las oligarquías nacionales con apoyo imperial, sus objetivos pedalean en el vacío, proponiendo la lucha contra la “corrupción”, ejecutada por los mismos cenáculos de corruptos, contando sólo con la concentración mediática y el Partido Judicial. Que sea Temer o Macri el denominador común no es salvar a “Occidente del avance comunista”, sino poner a sus países de rodillas ante el hampa bancaria internacional. Proyecto limitado y de corto vuelo. Por último, aquel Primer Plan Cóndor se apoyó en la utilización de las fuerzas armadas como garante del sistema, disciplinando el movimiento obrero, campesino y en alguna medida, el estudiantil. Ninguna de estas variables es, a priori, ejecutable en la actualidad. No sólo por falta de poder de fuego de esas fuerzas armadas sino por su reticencia a garantizar de manera durable el sometimiento de las fuerzas populares. El Primer Plan Cóndor contó con un aparato cívico-militar importante, aprovechó la inexperiencia de las masas populares, el aislamiento de las organizaciones revolucionarias y la debilidad demográfica de los trabajadores urbano-industriales. La presente intentona debe enfrentarse a la urbanización masiva, la existencia de organizaciones intermedias y el poder de convocatoria de los medios electrónicos, inexistentes en los años 60 del siglo XX. Por cierto, este nuevo Cóndor muestras sus garras de pasado amenazando a sociedades que comenzaban a vislumbrar otro futuro. La existencia de un bloque regional independiente y la historia de gobiernos populares no son un sueño sino una realidad que las sociedades no están dispuestas a olvidar. Frente a esa experiencia histórica reciente se alza hoy el zarpazo de fuerzas del pasado, cuya única ideología es la guerra abierta contra sus propios pueblos. No es ya una ofensiva contra el “peligro marxista” sino un intento desesperado por mantener el poder ante el avance irremisible de las fuerzas populares. Sin bien sería un error minimizar esta ofensiva del enemigo, también lo sería el sobreestimar sus capacidad a imponerse. A nuevo Plan, nuevos combates. Pensar con el fatalismo del pasado puede retardar nuestras futuras victorias.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.