Lula, enamorado: “su primer proyecto al salir de prisión es casarse”, aseguraron

Un exfuncionario brasileño reveló que el expresidente brasileño Lula Da Silva tiene intenciones de casarse ni bien salga de prisión, situación que podría darse en septiembre de este año, de acuerdo al último fallo del Supremo Tribunal de Justicia. «Está enamorado y su primer proyecto al salir de prisión es casarse», contó el exministro de Hacienda Luiz Carlos Bresser-Pereira tras una visita al penal de Curitiba. Según circuló, la mujer en cuestión sería una socióloga de 40 años que conoció militando en los noventa.

En los próximos meses, Lula podría beneficiarse de un régimen semiabierto, luego de que el 23 de abril un tribunal de apelaciones en Brasilia redujera su condena de 12 años y un mes de cárcel a 8 años y 10 meses. En ese marco, Bresser-Pereira dio detalles sobre los planes del exmandatario, quien “está en óptima forma física y psíquica” y cuyo mayor anhelo es “que sea reconocida su inocencia». Pero también tiene un proyecto amoroso que planea concretar fuera de prisión.

La novia es Rosángela da Silva, socióloga residente en Curitiba que en 2003 comenzó a trabajar en la represa de Itaipú, de acuerdo con la revista Epoca y el diario Folha de S. Paulo. Se conocieron en la década de los 90 cuando Lula ya había disputado la primera de sus cinco elecciones presidenciales –sería derrotado en ballottage por Fernando Collor de Mello– y Rosángela era por entonces una joven de poco más de 20 años de edad.

En 2017, su entonces esposa Marisa Lula da Silva falleció a los 66 años tras padecer un accidente cerebro vascular. Desde entonces, el líder de izquierda encadenó una serie de tragedias personales y reveses políticos.

Después de más de dos décadas de tener un vínculo profesional, Lula y Rosángela comenzaron su romance hace poco más de un año, antes de que el jefe petista fuera ingresado en la Superintendencia de la Policía de Curutiba. Ella lo ha visitado con cierta frecuencia en el presidio, de acuerdo a Epoca.

Preso desde el 7 de abril del año pasado, Lula ya afirmó que pedirá pasar al régimen semiabierto, en una de las primeras entrevistas que concedió en prisión desde que fue detenido, dos semanas después de que el STF lo autorizara hablar con los medios. «Lo voy a pedir. Quiero ir para casa. Ahora bien, si tengo que renunciar a seguir en la lucha por mi defensa, no tengo ningún problema en seguir aquí», había dicho.

La reducción de la pena para Lula fue fijada el 23 de abril por el tribunal del STJ, al juzgar el recurso interpuesto por líder del PT por la condena en el caso del triplex, investigación en la que se lo acusa de haber recibido un departamento en Guarujá como soborno de la constructora OAS. La Justicia no pudo probar nunca que el inmueble esté a su nombre o que al exmandatario haya estado ni diez minutos en el domicilio.

Los abogados de Lula habían reclamado la nulidad completa de la condena a la que le atribuyen vicios de origen como haberse apoyado en delaciones de arrepentidos en lugar de fundamentarse en pruebas fehacientes. Sus pedidos también incluían la remisión del caso a la Justicia Electoral por considerar que la sentencia lo había inhabilitado para competir en los últimos comicios y también ponían en tela de juicio lo actuado por el juez del Lava Jato Sergio Moro y el Ministerio Público Fiscal.