Lula y Dilma en la mira de la derecha

Brasil

La ofensiva desestabilizadora llega a su apogeo con los ataques contra los dos máximos referentes del partido gobernante. Impulsada desde la dirigencia y los medios opositores, una furiosa campaña busca frenar la posibilidad de que el PT siga en el Palacio del Planalto más allá de 2018. El clima de intolerancia y odio busca materializarse en una nueva marcha en las calles.

Dilma y Lula en un encuentro del PT - Foto: Ricardo Stuckert / Instituto Lula

Juan Manuel Karg – Brasil 247 (Brasil)

El próximo 16 de agosto habrá en Brasil una nueva movilización contra el gobierno de Dilma Rousseff, reelecto en 2014 con más de 54 millones de votos. En eso podría encontrarse una similitud con las marchas convocadas meses atrás, aunque ahora es el propio PSDB el que llama a movilizar.

Sin embargo, el escenario cambió a partir de esta semana con la detención de José Dirceu, ex jefe de gabinete de Luiz Inácio Lula da Silva: subió un nivel más el acoso político-mediático contra el PT. ¿El intento consiste ahora en buscar disminuir los niveles de popularidad que aún conserva el ex presidente brasileño, a fin de evitar un posible retorno en 2018 al gobierno del nacido en Pernambuco? ¿La justicia brasileña, en connivencia con buena parte de la prensa hegemónica de aquel país, busca ver en prisión a Lula para acabar con la era del PT en el gobierno?

» Ahora los cañones apuntan al nordestino, como bien marca la periodista Tereza Cruvinel en una reciente editorial, donde marca el “giro narrativo” detrás de la causa Lava Jato – Petrobras, que ahora buscaría llegar al propio ex presidente para intentar mermar un posible retorno a Planalto «

De acuerdo a la declaración de la Comisión Ejecutiva Nacional del Partido de los Trabajadores, reunida el 4 de agosto pasado, la oposición conservadora brasileña busca tres objetivos, íntimamente vinculados entre sí:

a) Erosionar el gobierno de Dilma Rousseff;

b) Criminalizar al Partido de los Trabajadores;

c) Atacar la popularidad del ex presidente Lula da Silva.

En el primer y último punto se conjuga una idea central desde el punto de vista de la derecha brasileña: con Lula aún con -buenas- chances electorales, el PT seguirá vivo aún luego de un segundo gobierno complicado de Dilma.

¿Qué fenómeno explica esto? Es el ex presidente mejor valorado de la historia del país, muy por encima de Fernando Henrique Cardoso, fruto de las profundas transformaciones políticas, sociales y económicas que ha emprendido de 2003 a esta parte, luego de las administraciones neoliberales comandadas por el PSDB.

» Buscan frenar la posibilidad de que el PT permanezca en el Palacio del Planalto más allá de 2018. La “agenda de desestabilización” parece estar llegando a un climax en las semanas venideras. ¿A que más se animarán? ¿Qué tan masiva será la respuesta de la organizaciones sociales y políticas afines al PT? «

Por ello ahora los cañones apuntan al nordestino, como bien marca la periodista Tereza Cruvinel en una reciente editorial, donde marca el “giro narrativo” detrás de la causa Lava Jato – Petrobras, que ahora buscaría llegar al propio ex presidente para intentar mermar un posible retorno a Planalto. Incluso la movilización del próximo 16 de agosto ya no se asoma como “espontánea” -aún cuando no lo haya sido así en el pasado-, sino que es reivindicada por el propio PSDB, quien la ha convocado.

Hay un elemento que fue poco destacado por los medios de comunicación de la región, pero que sirve para ilustrar el escenario de acoso que la derecha brasileña montó frente al PT en general y a Lula en particular: la bomba lanzada el 30 de julio pasado contra el Instituto Lula, el think thank creado por el ex metalúrgico para reflexionar sobre la integración regional.

Para la Comisión Ejecutiva del PT, “el clima de intolerancia y odio que viene siendo desplegado por las fuerzas conservadoras derrotadas en las últimas elecciones es una afronta a las tradiciones del pueblo brasileño y agrava los problemas que el país viene superando”. ¿Cuál sería la conclusión del PT en relación a esto? Los casos de corrupción deben ser investigados y juzgados, pero hay que evitar un pretexto en ellos para avanzar en una posible privatización de aquellas empresas públicas, como se parece pretender desde cierta élite conservadora que busca ahora retornar al gobierno.

Por ello, y como una respuesta a la marcha convocada por el PSDB, el PT se propone convocar a una gran movilización de movimientos sociales para el próximo 20 de agosto, en defensa de la democracia brasileña, de la empresa Petrobras, y del propio Partido de los Trabajadores. El “van por todo”, supuestamente atribuído a los cambios de los gobiernos posneoliberales, más bien podría explicarse en Brasil como una estrategia de la oposición conservadora: van por Dilma, pero también por Lula.

Buscan frenar la posibilidad de que el PT permanezca en el Palacio del Planalto más allá de 2018. La “agenda de desestabilización” parece estar llegando a un climax en las semanas venideras. ¿A que más se animarán? ¿Qué tan masiva será la respuesta de la organizaciones sociales y políticas afines al PT?

 

Eric Nepomuceno – Página/12 (Argentina)

Toda la furiosa campaña contra el PT en primer lugar, Lula da Silva en segundo y luego Dilma Rousseff encuentra fuerte eco en el Congreso, especialmente en la Cámara de Diputados, donde la bancada que representa al gran negocio de las sectas evangélicas –los autonombrados obispos y pastores electrónicos– defiende iniciativas contrarias a todos los avances igualitarios y de inclusión social. Buen ejemplo de eso es el proyecto de ley, defendido por el presidente de Diputados, el evangélico Eduardo Cunha, que propone, como respuesta al Día del Orgullo Gay, se decrete el Día del Orgullo Heterosexual. Sería apenas cómico, si no fuese el reflejo de una amplia serie de otros proyectos que van de la prohibición de clases de orientación sexual en las escuelas públicas al combate abierto de lo que llaman “dictadura de las minorías”, en referencia tanto a afrodescendientes como a indígenas, al reconocimiento de derechos de las parejas homoafectivas y a todo lo que suene como contrario “a la moral y a las buenas costumbres”.

En los medios de comunicación, periodistas de trayectoria más bien discretas hasta hace un par de años ganaron espacio consolidado. El otrora respetable semanario Veja, de la editorial Abril, abriga a un grueso puñado de columnistas que se dedican, de manera extremadamente agresiva, a demonizar no sólo al gobierno, al PT y a Lula, sino a todo lo que les parezca izquierdista. Su principal estrella es Reynaldo Azevedo, cuyo texto bien estructurado no ahorra expresiones que, más que agresivas, suelen ser directamente groseras. Además del sitio de Veja en Internet, Azevedo es también columnista del diario Folha de Sao Paulo y participa de programas de la radio Joven Pan, de San Pablo.

El caso de esa radio, a su vez, sirve de redondo ejemplo del avance desmesurado de la derecha. Hasta hace poco, la emisora agonizaba por falta de audiencia. Fue cuando su sagaz propietario decidió abrir espacio a una programación exclusivamente dedicada a bombardear con cualquier tipo de argumento –lo que incluye denuncias infundadas e informaciones claramente manipuladas– al PT, a Dilma, a Lula y a la izquierda en general. Resultado: la moribunda emisora pasó a integrar la lista de las más oídas en San Pablo. Esa tónica –inventar denuncias, crear falsas verdades, acusar sin ningún pudor– es la principal característica de la nueva derecha. Son varias las estrellas de esa nueva ola en las redes sociales. Pocas, sin embargo, tienen p
blico tan amplio como Olavo Carvalho, que se autotitula “filósofo” (jamás concluyó un curso académico de filosofía). En el mercado editorial, los libros escritos por Carvalho y sus pares suelen superar la marca de los cien mil ejemplares, para la alegría de los editores.

» Toda la furiosa campaña contra el PT en primer lugar, Lula da Silva en segundo y luego Dilma Rousseff encuentra fuerte eco en el Congreso, especialmente en la Cámara de Diputados, donde la bancada que representa al gran negocio de las sectas evangélicas –los autonombrados obispos y pastores electrónicos– defiende iniciativas contrarias a todos los avances igualitarios y de inclusión social «

El epicentro de esa derecha que asume su verdadero rostro está en las clases medias de San Pablo, la mayor y más rica ciudad brasileña. Pero otros grandes centros urbanos, como Curitiba, Belo Horizonte y hasta Río de Janeiro, por años considerada la más progresista ciudad del país, también cuentan con gruesos contingentes de lo que, en Estados Unidos, serían alegres integrantes del ultraconservador Tea Party. Además de la furiosa y desmedida campaña contra la izquierda brasileña, otros gobiernos regionales suelen provocar urticaria en sus voceros. Cristina Kirchner, Rafael Correa son blanco de epítetos ofensivos. Evo Morales, a su vez, suele ser tratado como “falso indio”, mientras que Nicolás Maduro y su antecesor, Hugo Chávez, son “dictadores sanguinarios”. De Cuba y Raúl Castro, mejor ni hablar.

Ese fenómeno, cuya fuerza no deja de crecer, dio impulso a las manifestaciones callejeras del pasado marzo, cuando alrededor de un millón y medio de brasileños (sus defensores en la prensa primero hablaron de “más de dos millones”; ahora, ya mencionan “más de cuatro”) se unieron en gritos que iban del pedido de retorno de los militares al fin del gobierno de Dilma. En poco más de una semana, el domingo 16, habrá nuevas marchas defendiendo la deposición de Dilma, ahora claramente apoyadas por los partidos de oposición, empezando por el PSDB presidido por el mismo Aécio Neves que salió derrotado el pasado octubre.

Los organizadores esperan por lo menos cuatro millones de furiosos manifestantes. Pero esta vez, dadas la insatisfacción generalizada y la inmovilidad del gobierno, puede que ese número sea verdadero. Los estrategas de Dilma ya empiezan a trazar proyecciones sobre el tamaño del desastre y sus consecuencias inmediatas. El cuadro es feo.

Ángel Guerra Cabrera – Telesur

Pero no es Dilma el más importante blanco de la operación. No, el objetivo principal es Lula, único líder popular en Brasil con carisma, prestigio y capacidad para reconstituir el proyecto de justicia social, soberanía nacional y apoyo a la unidad e integración latino-caribeña iniciado en su dos mandatos y para ganar cómodamente una elección a cualquiera de los candidatos de la derecha.

La prueba es que mientras la feroz y bien orquestada conspiración derechista, y, también, la situación económica y errores del gobierno, han hecho hundirse estrepitosamente la popularidad de Dilma y del PT, la de Lula sigue indemne. En círculos políticos y periodísticos se afirma que después de la detención de Dirceu puede venir la de Lula en cualquier momento. Aunque el ex presidente todavía no ha sido acusado de nada, Dirceu fue su asesor y hombre de confianza hasta que renunció en 2005, secretario general del Partido de los Trabajadores de 1995 a 2002  y jefe de su campaña cuando llegó a la presidencia. La oposición ha convocado a una marcha el 16 de agosto supuestamente contra la corrupción en Petrobras que considera el preámbulo del juicio político a Dilma.

Dirceu ya estaba en prisión domiciliaria desde 2012, urdida por jueces y medios de difusión venales, que entonces, igual que ahora, intentaban acabar políticamente con Lula. Se basaron en un caso real de corrupción que involucraba de lleno al PT y llevó a Dirceu a la renuncia. La corrupción es particularmente consustancial a buena parte de la política brasileña. 

» Pero no es Dilma el más importante blanco de la operación. No, el objetivo principal es Lula, único líder popular en Brasil con carisma, prestigio y capacidad para reconstituir el proyecto de justicia social, soberanía nacional y apoyo a la unidad e integración latino-caribeña iniciado en su dos mandatos y para ganar cómodamente una elección a cualquiera de los candidatos de la derecha «

Pero esta operación, en la que participan el capital financiero internacional y casi seguramente los servicios secretos de Estados Unidos –que espiaron descaradamente a Dilma-, no lleva solo dedicatoria a Brasil. Puesto que si Lula fuera procesado y condenado, la restauración conservadora en el gigante suramericano parecería imposible de detener, lo que implicaría, a su vez, un rudo golpe a la unidad e integración de América Latina y el Caribe (ALC).

La ofensiva oligárquico-imperialista en nuestra región ya lleva tiempo. Condujo a los golpes de Estado y derrocamiento de los presidentes de Honduras y Paraguay, Manuel Zelaya y Fernando Lugo. Mucho más, a intentos golpistas contra todos los gobiernos posneliberales, excepto el de Uruguay, y hoy, además de en Brasil, continúan los aprestos desestabilizadores en Ecuador, Argentina, El Salvador y, por supuesto, Venezuela, a dónde Washington y la derecha internacional dirigen el golpe principal dado  su carácter de puntal del proceso de unidad e integración regional, además de poseer las mayores reservas de petróleo en el planeta. 

En Ecuador y Argentina se corrobora estos días que la derecha y el imperialismo solamente aceptan el juego democrático cuando es funcional a sus intereses. Imposibilitados de derrotar electoralmente a Correa o al kirchnerismo, su arma principal es el llamado golpe blando mediante las campañas de calumnias de las corporaciones mediáticas y, también la violencia, con tal de echar abajo a proyectos que han demostrado cuánto bienestar puede proporcionarse al pueblo aplicando políticas distintas a las neoliberales. 

 

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