Luchar contra la sequía y la desertificación

Latinoamérica y El Mundo

Los efectos del cambio climático ya son constantes en relación con la biodiversidad. La sequía y la desertificación son una de sus consecuencias más acuciantes y es por ello que son necesarias acciones para mitigar sus efectos. Desde 1994 todos los 17 de junio se celebra el día de lucha contra esta problemática ambiental. Cuba se plantea el debate y qué hacer.

Ecoportal

Ana María Domínguez Cruz – Cubahora (Cuba)

Pudiéramos conformar una lista de los lugares más inseguros del mundo…Y aparecerían aquellos en los que la violencia cobra protagonismo cada tres segundos y en los que los eventos meteorológicos azoten con frecuencia.

Sin embargo, quizás a pocos se les ocurriría añadir las zonas en los que la degradación de la tierra roza límites elevados. Tierras en las que viven alrededor de 1 500 millones de personas y otras, en las que sobrevive aproximadamente el 40 por ciento de los habitantes más pobres del mundo.

Se desestabiliza la vida allí, y regiones enteras pueden disolverse. El sufrimiento de esas personas trasciende líneas geográficas y es la emigración la única salida a considerar, por lo que los países desarrollados no pueden darle la espalda al asunto que en seis años le provocará la llegada de unos 60 millones de personas, si es que pensamos solamente en África del Norte y Europa. 

El cambio climático deja de ser un “susto” del futuro en muchas regiones, pues sus efectos ya son constatables en relación con la biodiversidad, por ejemplo. Por ello, el lema que guía las acciones de este año en el día de hoy, declarado en 1994 por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, es “La tierra pertenece al futuro, protejámosla del cambio climático”.

Incrementar la resiliencia ecológica y reducir la vulnerabilidad de la población frente a las consecuencias del cambio climático, especialmente en las tierras áridas es una de las prioridades de este año que transcurre, como lo es, en gran medida, fomentar la puesta en acción de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en aquellos países afectados ya, sobre todo en el continente africano.

“Son muchas las acciones que debemos tener en cuenta para mantener la salud de la tierra, si dependemos de ella, aunque los avances del cambio climático no puedan ser reversibles”

Y llega usted a esta línea, y comienza a preguntarse cuánto pueden afectarle fenómenos como estos, y en qué medida Cuba puede ser, como muchos países de África y otras regiones, una zona “lastimada”.

No estamos ajenos a la mencionada situación y desde el año 2000, el país cuenta con un Programa Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, en el que se vinculan factores, procesos y ecosistemas que se encuentran en la naturaleza en constante interacción.

En dicho programa, donde se enmarca la Estrategia Nacional, se trata de respetar las premisas de conservación y uso de los recursos naturales, dentro de los principios del desarrollo sostenible del país. Se trabaja en función de un enfoque integrador de los aspectos físicos, químicos, biológicos y socioeconómicos que confluyen en los procesos de desertificación y sequía y en especial, se aspira a que todos los agricultores y tenentes de tierra se incorporen al mismo.

Son muchas las acciones que debemos tener en cuenta para mantener la salud de la tierra, si dependemos de ella, aunque los avances del cambio climático no puedan ser reversibles.

La aplicación de tecnologías para la explotación de los suelos y los recursos hídricos,  los procesos de contaminación de aguas y de los suelos, el manejo de los sistemas agrícolas y el aprovechamiento de los residuales en función de la protección y rehabilitación de suelos degradados no pueden considerarse aspectos de poco interés durante el ejercicio de la actividad económica.

También en la concepción del programa se tuvo en cuenta la inclusión de áreas protegidas, la influencia de la degradación y la deforestación sobre los ecosistemas costeros y humedales, y sobre todo, la labor educativa de las poblaciones residentes en las áreas afectadas por los procesos de desertificación.

“La no contaminación de las aguas, el aprovechamiento de los residuales de la producción, los restos de las cosechas, entre otros; el incremento de la diversidad de especies de cultivo y la eliminación de la quema de materiales y la tala de árboles son algunas de las principales acciones que, con la supervisión especializada, deben mantenerse en la mira”

Por fortuna, en el país se realizan esfuerzos multisectoriales y multidisciplinarios en busca de resultados integrales y  el aprovechamiento de los recursos con el apoyo de  la ciencia y del alto grado de sensibilización y de voluntad política por parte del Gobierno.

Existen diversos programas como el de mejoramiento y conservación de los suelos y el de reforestación, con los que se interrelaciona el de la lucha contra la desertificación y la sequía, como reflejo de la prioridad que representa para Cuba la integración de todos los programas, estrategias y planes de Desarrollo Sostenible.

En la Cuba actual, que se desvela por la actualización de su modelo económico, hablamos de la necesidad de incrementar la producción de productos agropecuarios pero a costa de ello, no se puede comprometer la capacidad de recuperación de los recursos naturales de los que disponemos por lo que el Manejo Sostenible de Tierras debe ser tenido en cuenta por cualquier agricultor, usufructuario, productor. La no contaminación de las aguas, el aprovechamiento de los residuales de la producción, los restos de las cosechas, entre otros; el incremento de la diversidad de especies de cultivo y la eliminación de la quema de materiales y la tala de árboles son algunas de las principales acciones que, con la supervisión especializada, deben mantenerse en la mira. Permitirán,  a la postre, que sus tierras pudieran ser calificadas como Iniciadas o Avanzadas en el Manejo Sostenible.

¿Desafíos? Tenemos también los nuestros…

Hay que prevenir el desarrollo de los procesos de desertificación en áreas poco degradadas o en buen estado, contribuir a la productividad de las tierras medianamente degradadas, aplicando las medidas correspondientes y con aquellas que sean de rehabilitación y saneamiento; hay que dirigir los esfuerzos a la recuperación de la productividad en las áreas que están en extremo degradadas. Los efectos de la sequía deben ser también prevenidos y mitigados.

Crecen los retos…y hay que lograr que fenómenos como la desertificación y la sequía sean cada vez más tenidos en cuenta en la política ambiental vinculada al desarrollo económico y social del país. Urge la integración de las políticas institucionales, y herramientas jurídicas disponibles para el desarrollo de actividades que permitan prevenir estas situaciones y como parte de un macroesquema, debemos lograr que todos los programas: el de Conservación y Mejoramiento de Suelos, el Hidráulico,  el de Acción de la Alimentación, el de Reforestación y  el Plan Turquino Manatí así como el Sistema de Alerta Temprana de la Sequía y Prevención de Desastres Naturales, las actividades propias de las ONGs y de los Organismos de la Administración Central del Estado y además, el Sistema Nacional de Ciencia y Técnica al igual que los Programas y estrategias para la aplicación de las convenciones sobre Diversidad Biológica y Cambio Climático….todos,  se conjuguen en una imbricación oportuna y necesaria.

Cualquier iniciativa que lo permita es bienvenida porque quiere Cuba convertirse en una zona de alerta
en el mundo ante el avance del cambio climático, en lo concerniente a la sequía y la desertificación. Dependemos de la tierra para hacer nuestro futuro.

 

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