Los vecinos y los no vecinos argentinos

Prueba Volanta

Los linchamientos ocurridos la semana pasada en diversos lugares de Argentina han generado un profunda reflexión sobre los hechos en algunos sectores de la sociedad. Entre los análisis se encuentra el que vincula estos hechos con los tiempos de la dictadura, en los que muchos vecinos se mantuvieron indiferentes ante los secuestros y desapariciones de miles de ciudadanos. Son esos que no tienen rostro y resguardan sus actos en la privacidad. 

Martina Miravalles * – Página 12 (Argentina)

El chico que boquea en el suelo mientras lo patean es el que vestido de soldadito hace un poco más de 30 años se fue, aplaudido, a morir congelado y maltratado en Malvinas. Los vivadores de ayer y pateadores de hoy también son los mismos. Son los vecinos que hace un poco más de 30 años no vieron ni escucharon, ni sintieron nada frente a otros –que nunca son vecinos– que, de un día para otro, no estuvieron más.

Agudeza perceptiva nula en el pasado, águilas implacables hoy para descubrir sin dudar a un supuesto ladroncito de sus billeteras. Esas de donde salen los billetes para gratificar al agente cuando exceden la velocidad, para la atención al empleado que agilizará su trámite o para comprar en la calle Warnes –o como se llame en cada ciudad– repuestos usados de otros vecinos con quienes comparten el amor supremo por el coche, el odio supremo por los que no son vecinos y el desconocimiento sobre del origen de los repuestos y de lo que les sucedía a los no vecinos que de un día para otro no se vieron más.

“Los vecinos pateadores no tienen cara ni nombre conocido. Resguardan su privacidad. Los no vecinos: los soldaditos, los supuestos ladrones y los ladrones de billeteras y los que hace un poco más de 30 años de un día para otro no se vieron más, tienen rostro, miran. Hasta muertos miran”

Más coincidencias. Los vecinos pateadores no tienen cara ni nombre conocido. Resguardan su privacidad, la misma que exponen en las redes desde sus Blackberries que también les sirven para autoconvocarse –por sus vidas amenazadas– en los mismos barrios a donde patean hasta matar a los otros no vecinos para asegurar su seguridad. Cuando postean, sólo muestran sus zapatos y la presa. Nunca los colmillos.

Los no vecinos: los soldaditos, los supuestos ladrones y los ladrones de billeteras y los que hace un poco más de 30 años de un día para otro no se vieron más, tienen rostro, miran. Hasta muertos miran. Insisten, se obstinan en recuperar el nombre que una madre les dio cuando nacieron. La madre del David asesinado (no del pastor pobre que venció a Goliat) no se esconde ni explica, mira y cuenta del hijo persona y pide justicia a la Justicia. No venganza. Las Madres, las Abuelas, de los no vecinos que de un día para otro no se vieron más pidieron, piden justicia y no venganza.

Me gustaría creer que desde sus cavernas reforzadas algunos vecinos pudieran experimentar algo que los inquiete frente al dolor de los otros. Pero no, no lo creo. Entonces más allá de los vecinos, los otros, nosotras, seguimos pidiendo y luchando por la justicia. Aunque a veces nos cueste mucho, justicia, no venganza.

* Socióloga.

 

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