Los retos de Sánchez Cerén y el FMLN

El Salvador

Salvador Sánchez Cerén asumió el domingo como presidente de un segundo mandato del FMLN. Su impronta, su historia de comandante del frente y su discurso hacen prever que habrá, en esta oportunidad, una mayor determinación para afrontar desafíos como la reducción de la inseguridad. En su discurso habló de un crecimiento para todos y las bases esperan un giro a la izquierda.

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Salvador Sánchez Cerén tiene un complejo reto en El Salvador. El segundo presidente consecutivo que instala el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) tiene un perfil muy diferente al presidente saliente, Mauricio Funes, presentador de televisión y voz tibia que, sin embargo, permitió la llegada del FMLN al poder.

Ahora, Sánchez Cerén, cercano a los 70 años, llega con tono de maestro jubilado pero con la experiencia y la autoridad moral de haber sido uno de los 5 comandantes del FMLN (Leonel González) durante la cruenta guerra civil y represión instalada por el partido Arena en El Salvador. En su discurso de toma de posesión, el pasado domingo, Sánchez Cerén habló de concertación e insistió: “unidos crecemos todos”. El presidente obviaba así los agresivos ataques de los políticos de Arena que desde hace años lo han dibujado como un “asesino” y un peligro para el país. El experimentado político ganó la presidencia de El Salvador en segunda vuelta el pasado 9 de marzo con un ajustado 50.11% de los votos frente al 49.89 del candidato de Arena,  el odontólogo Norman Quijano. Menos de 6.000 votos definieron estas elecciones.

Sánchez Cerén tiene muchos retos por delante. El Faro resume así el momento de transición: “Con Sánchez Cerén en la presidencia, el FMLN aspira a impulsar algunas de las reformas económicas y de estructura del Estado que durante los últimos cinco años reclamó sin suerte a su predecesor. [Mauricio] Funes, que en 2009 llegó al poder bajo la bandera del Frente pero no es miembro orgánico del partido, ha desarrollado un gobierno de cortos pero evidentes avances en transparencia, inclusión y políticas sociales. Se le recordará sin embargo por sus arbitrariedades, sus favores a amigos cercanos y su carácter personalista y estridente”.

«Sánchez Cerén, cercano a los 70 años, llega con tono de maestro jubilado pero con la experiencia y la autoridad moral de haber sido uno de los 5 comandantes del FMLN (Leonel González) durante la cruenta guerra civil y represión instalada por el partido Arena en El Salvador»

Aunque se habla de la modernización del Estado, la descentralización y reformas legales de fondo, uno de los asuntos que más preocupa a la opinión púbica salvadoreña es el de la seguridad pública. El país vive una media de 13 asesinatos al día y en el último año se ha denunciado la desaparición de 2.212 personas. Por eso, Sánchez Cerén ha decidido ponerse al frente en persona del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana y dijo en su toma de posesión: “Veo un El Salvador donde la vida esté libre de riesgos, donde las ciudades sean espacios seguros de convivencia, donde los ciudadanos se encuentren protegidos”.

Difícil conciliación

Aunque el discurso político de Sánchez Cerén es de conciliación, la toma de posesión fue más un acto partidario que de Estado. Unas 6.000 personas demostraron que este “sí” es un presidente del Frente (FMLN). El acto se tornó en una celebración para este partido, acompañado por los presidentes progresistas del continente, que tuvieron un papel protagónico.

En las bases del Frente se presiona para que el gobierno gire hacia la izquierda. De hecho, en la toma de posesión los aplausos y abucheos fueron un termómetro de la polarización política del país que decanta instituciones y grupos hacia Arena o hacia el FMLN. Lo que se olvida es cómo el propio Frente se ha acomodado en estos años de ‘institucionalización’ al sistema clientelista instalado por las élites tradicionales y por su partido: Arena. En el análisis de El Faro… “el FMLN poco a poco comenzó a adoptar los vicios de que el partido Arena hizo gala durante décadas. Incluso acudió a la fórmula de elegir anticipadamente Corte Suprema de Justicia, y se dedicó a gobernar con el respaldo de los partidos pequeños, seduciéndolos y pactando en secreto con ellos madrugones legislativos que desde finales de 2009 (…). El gobierno que terminó este domingo, el de Mauricio Funes, fue durante la segunda mitad, casi de absoluta confrontación abierta entre el presidente y el partido Arena y el sector empresarial representado por la Asociación Nacional de la Empresa Privada. Durante los últimos 22 meses, Funes tuvo un programa de radio que usó con frecuencia -demasiada frecuencia- para atacar a sus adversarios, y particularmente a Arena -incluso en la campaña electoral- y a la ANEP. La apuesta por la crispación, por la tensión permanente, se convirtió en el estilo que caracterizó la segunda mitad de la administración Funes. Y sirvió de muy poco. Cero entendimientos entre algunos de los actores más relevantes de la vida nacional, cero diálogo”.

«En las bases del Frente se presiona para que el gobierno gire hacia la izquierda. De hecho, en la toma de posesión los aplausos y abucheos fueron un termómetro de la polarización política del país que decanta instituciones y grupos hacia Arena o hacia el FMLN»

Es más, el relevo en la Presidencia, aunque las administraciones entrante y saliente respondan al FMLN, no ha sido precisamente idílico. Mauricio Funes, el primer presidente respaldado por el Frente, ha terminado su mandato con un fuerte distanciamiento con la formación política que lo aupó al poder. El FMLN no ha visto con buenos ojos sus alianzas con diputados del partido ultraconservador Arena que se declararon independientes para apoyar al mandatario o con el partido Gana (también compuesto por ex arenistas). Tampoco le ha gustado su estrecha relación con parte del empresariado, especialmente con Miguel Menéndez (conocido en El Salvador como Mecafé), quien ha forzado nombramientos en estos cinco años y que según los medios independientes salvadoreños se ha beneficiado de jugosos contratos y prebendas durante el mandato de Funes. El presidente saliente enfrenta ahora una situación compleja: sin el apoyo del FMLN, con una sentencia de la Corte Suprema de Justicia que le impide protegerse judicialmente en el Parlacem y muchos enemigos, dentro y fuera de su casa.

 

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