Los poetas y el mar

Bolivia
Homero C. Oliva

Los humanos se han sentido seducidos y asombrados históricamente por él. Incontables novelas y cuentos lo tienen como protagonista. Particularmente, en este país mediterráneo nacido con costa, su ausencia se ha convertido en la inspiración de muchos escritores. El origen de la insularidad de la literatura boliviana, en la nostalgia y la tristeza del vacío marítimo.

Homero Carvalho Oliva- La Época (Bolivia) 

El mar no es solamente una masa de agua salada, un puerto, un paisaje o un misterio, es también un estado de ánimo, un referente sentimental y una metáfora, por la que podemos ir de lo interior a lo exterior o viceversa. El mar es la voz de todas las voces, porque todas las aguas se igualan en sus profundidades. Desde que se tiene noción del lenguaje los seres humanos le hemos cantado, seducidos o asombrados, por la mar oceánica. Incontables novelas, cuentos y poemas tienen por protagonistas al mar. Paras nombras tres obras citaría La Odisea, de Homero, Moby Dick, de Herman Melville y el hermoso poema Ítaca, del griego Konstantinos P. Kavafis, poema en el que no se pronuncia la palabra mar y, sin embargo, está presente en todo el poema.

Los poetas, esencialmente, aman a El Mar o La mar, ya sea varonil o femenina. Tanto así que, como el poeta Rafael Alberti ruegan: “Si mi voz muriera en tierra, / llevadla al nivel del mar/y dejadla en la ribera”, un verso de un poema de Marinero en tierra. O Alejandra Pizarnik: “lloro, miro el mar y lloro. / canto algo, muy poco. / hay un mar, hay la luz. /Hay sombras, hay un rostro.”

Dejemos las playas y adentrémonos más allá de las montañas, en un país mediterráneo que, sin embargo, nació con costa, aunque muchos de los gobernantes de entonces parecieron no haberse enterado. Sin duda alguna que el tema del mar ausente ha contaminado la literatura boliviana, especialmente la poesía. Son muchos los poetas nacionales e incluso extranjeros que han escrito acerca de esta ausencia. Un lugar común en la crítica literaria es afirmar que nuestra mediterraneidad, ocasionada por la pérdida de la salida al mar luego de la Guerra del Pacífico, ha condicionado nuestra literatura y no es mentira; así lo podemos comprobar en muchos de los temas de nuestros poetas. La ausencia del mar fue y sigue siendo un motivo para la nostalgia y la escritura. Por eso se habla de la insularidad de la literatura boliviana.

” Un lugar común en la crítica literaria es afirmar que nuestra mediterraneidad, ocasionada por la pérdida de la salida al mar luego de la Guerra del Pacífico, ha condicionado nuestra literatura y no es mentira; así lo podemos comprobar en muchos de los temas de nuestros poetas. La ausencia del mar fue y sigue siendo un motivo para la nostalgia y la escritura “

Adolfo Cáceres Romero en el capítulo Cantores del mar, de su libro La Poesía social en Bolivia afirma: “Patético repertorio el que ahora nos ocupa. Patético, no por las composiciones que recogemos, pues son cívicas y patrióticas, sino por la situación histórica que las inspira. Situación que nos lleva a reflexionar seriamente a los bolivianos sobre nuestro destino, teniendo en cuenta que nunca aprendimos las duras lecciones de nuestra historia. Desde ya, no somos una nación guerrera, nunca lo fuimos; no, al menos, con las naciones vecinas; la prueba está en que no supimos defender los territorios que nos usurparon; tampoco quisimos anexarnos territorios ajenos”.

Ahora leamos algunos fragmentos de poemas alusivos al mar de poetas bolivianos:

● Alcira Cardona Torrico, (1926, 2003), “Canto al mar con voz de hipérboles transido/ de ritmos graves/ y desvelados tonos. / Canto al mar con preludio de cuarzos y de fibras, / junto a las minas y a las palas sobrias.// “Canto al océano que no deja silencio en sitio alguno”.

● Roberto Echazú Navajas; (1937-2007), “En el mar, / hombres colmados de tristeza, cargaban sus fusiles en el cielo. Levantaban castillos de victoria/ en el azur de la justicia. La muerte no tiene cuerpo cuando se defiende/ no solamente la vida.”

● Pedro Shimose, (1940): “¿Dónde está tu libertad?/ ¿Esas montañas son, acaso, tuyas?/ ¿Por qué este exilio, el mar y las distancias?/ ¿Qué tienes tú que todo lo entristeces?/ ¡Oh patria hostil, amorosa, amarga, mía, / mi corazón restalla en el aceite y el fuego!”

● Primo Castrillo (1896-1986): “Antofagasta es mi puerto y mi amor. / Allí anclaré mi barco/ para tomar provisiones/ antes de zarpar/ hacia tierras lejanas/ en busca de mis viejas amistades.”

● Yolanda Bedregal, (1916-1999): “Cuando ya la resaca deja mi alma en la playa/ y el arco agobiado de mi espalda se vaya/ el ala cercenada, cual vela desafiante, / en cicatriz y estela prolongará el instante. / Quedarán vigilando, símbolo intrascendente, / dos pobres ojos pródigos y una mendiga frente. / ¡Catacumba de agua, mi amor! ¡No me conoces!/ (…) Somos polvo y lucero, todo en nosotros mismos. / Para esta elemental ceniza taciturna/ sea la inmensa lágrima del Mar celeste urna.”

● Gonzalo Vásquez Méndez. (1928-2000): “Tu impenetrable sueño, espuma y ola, / tu transparente nácar, / tu olor a helecho tierno, / tu inmotivado azul, maravilla de espejo para el cielo. (…)// En qué remoto tiempo/ se formó tu país de peces/ tus algas escondidas/ ¿Dónde juegan los niños subterráneos?/ ¿Qué población, de naves hoy duerme al fondo tuyo?/ ¿Qué magia es la que oculta/ tu dulce corazón eterno?”

He querido dejar para el último al poeta Óscar Cerruto (1912-1981) y su poema Cantar, que refleja y expresa de manera conmovedora la ausencia del mar en el imaginario nacional.

Mi patria tiene montañas,

no mar.

Olas de trigo y trigales,

no mar.

Espuma azul los pinares,

no mar.

Cielos de esmalte fundido,

no mar.

Y el coro ronco del viento

sin mar

Leer el artículo aquí