Los medios confunden sus intereses con la información

“¿Dónde están las clases obreras en los noticieros y en los grandes diarios latinoamericanos?”, se pregunta Dênis de Moraes, doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro, un especialista brasileño que dedicó buena parte de su vida a investigar el sistema de medios en América Latina. Moraes asegura que la crisis por la que atraviesan los grandes medios en la región es producto de la perdida de credibilidad, en la medida que confunden sus propios intereses empresarios con libertad de expresión. 

Los medios confunden sus intereses con la información

Javier Borelli – Tiempo Argentino (Argentina)

Los grandes medios de comunicación están en crisis, sostiene Dênis de Moraes. “Lo están desde el punto de vista económico y financiero: sus tiradas disminuyen y el número de lectores se retrae. Pero la crisis más importante es la pérdida de credibilidad”, precisa el doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro que dedicó buena parte de su vida a investigar el sistema de medios en América Latina.

“¿Dónde están las clases obreras en los noticieros y en los grandes diarios latinoamericanos?”, se pregunta. “Están ocultas, ignoradas, silenciadas. Solamente en los momentos cruciales o en las tragedias aparecen en las tapas. Pero el cotidiano de las clases populares está fuera de las agendas de los medios y eso hace a la pérdida de credibilidad, porque se confunden los intereses empresariales con los informativos”, reflexiona.

De Moraes mueve los brazos y alza la voz para enfatizar las asimetrías que observa en el campo de la comunicación regional, convocando la atención de los ocupantes de las otras mesas del bar donde conversa con Tiempo Argentino. La pasión con la que habla muestra que no ha perdido la capacidad de indignación por lo que sucede a su alrededor. Eso le hizo elegir la carrera de periodismo a los 18 años, en plena dictadura militar brasileña, y por eso le preocupa lo que ocurre hoy con las nuevas generaciones de periodistas. Por eso decidió sumarse a Ignacio Ramonet y Pascual Serrano para impulsar el mensaje de que “otro periodismo independiente y crítico es posible”. De ello hablan en su libro, de reciente publicación, Medios, Poder y Contrapoder. De la concentración monopólica a la democratización de la información. A eso se refiere, hasta cuando camina para hacer las fotos de este artículo.

“Los compromisos éticos del periodismo están en conflicto con la práctica de la mayoría de las grandes empresas periodísticas”, retoma De Moraes, parado sobre los ladrillos del mito derribado del periodismo como control de los tres poderes. “El cuarto poder también está en crisis porque perdió su capacidad de criticar y de ser una fiscalía de los demás. Porque hay una complicidad cada vez mayor de los medios. Ignacio Ramonet dice una cosa muy interesante: siempre se pensó que el cuarto poder iba a ser moderador en la sociedad capitalista, pero, por el contrario, se transformó en un poder que acentúa las desigualdades y los dominios monopólicos. Eso tiene que ver con que los medios tienen un doble rol en la sociedad contemporánea: por un lado son agentes retóricos, ideológicos y políticos que defienden al neoliberalismo y al capital; y por el otro, son agentes económicos importantísimos. Entre las 200 mayores empresas no financieras del mundo, están las veinte primeras del ranking de los medios. ¡El 10% de las empresas más importantes son mediáticas!”

– Además, el “cuarto poder” asume el papel de controlador pero no quiere ser controlado…

– Regular democráticamente el funcionamiento de los medios no es una agresión a la libertad de expresión. Porque el punto central, que no está claro para la opinión pública y que los medios monopólicos intentan por todos los medios ocultar, es que su defensa no es por la libertad de expresión, sino por la libertad de empresa. Por eso no admiten cualquier forma democrática de control social sobre sus actividades y funciones. Los medios se creen intérpretes de la voluntad general. Claro que hay una mistificación, una mentira, son intérpretes de sus propias voluntades que tienen que ver con sus intereses, sobre todo de naturaleza económica, pero también política e ideológica. Porque quieren permanecer por la eternidad ejerciendo influencia en la conformación del imaginario social. En los valores, las mentalidades, los puntos de vista. Quieren siempre hacer una conciliación entre sus visiones del mundo y lo que serían los anhelos del conjunto de la sociedad. Claramente, es una pretensión autoritaria y manipuladora. No observan que nadie quiere impedir que existan medios comerciales privados. Hay lugar para ellos, pero sólo les corresponde un tercio del sistema de comunicación, no más de dos tercios como pasa hoy en toda América Latina. La concentración monopólica pone en riesgo no solamente la libertad de expresión, sino la propia democracia. Porque no hay inclusión de las voces sociales diferentes. Por el contrario, hay una idea de que todo lo que no coincide con las posiciones editoriales de los medios está en oposición a la sociedad y a la democracia. Un ejemplo de eso son las campañas violentas de los grandes grupos monopólicos contra los gobiernos progresistas que están enfrentando el problema de la democratización de los medios. No pasa sólo en la Argentina. Pasa en Venezuela, Bolivia y Ecuador de manera dramática. Entonces, el derecho humano a la comunicación es fundamental porque preserva los intereses colectivos de las ambiciones lucrativas de la iniciativa privada. No es posible imaginar una base democrática consistente sin un sistema de comunicación que preserve la pluralidad.

– El enfrentamiento abierto entre el Poder Ejecutivo y los grandes grupos mediáticos en la Argentina parece haber desnudado los intereses de las empresas informativas. Como analista extranjero, ¿puede ver ese efecto a nivel social?

– Una de las contribuciones más significativas que dejó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue su metodología de elaboración. Porque Cristina y su gobierno involucraron a toda la sociedad en el debate sobre un sistema de medios más democrático, más plural, más ciudadano. Por todo el país se hicieron asambleas, reuniones, debates sobre la necesidad de una nueva relación de medios. La consecuencia más importante fue la manera en cómo la sociedad fue esclarecida sobre la necesidad urgente de un avance en materia de regulación democrática, para modificar el sistema. Todos los actores sociales, políticos, económicos y empresariales tuvieron la posibilidad de expresarse, de defender sus posiciones sobre el sistema de comunicación. En Brasil, en contraste, se está muy lejos de entender la necesidad de ofrecer al país, por lo menos, la oportunidad de debatir el problema en la escena pública. Hay organizaciones que luchan por la democratización de la comunicación e intentan sensibilizar al gobierno y a la sociedad. Pero hay una dificultad terrible, que es el hecho de que los medios de producción, los canales, están en manos de grupos monopólicos que, por todos los modos, neutralizan o silencian la discusión. Porque hay una interdicción deliberada, pero no declarada, cínica, por parte de los grandes medios, que de ninguna manera quieren poner en discusión sus privilegios. Incluso los privilegios obtenidos durante la dictadura militar a la que los grandes diarios y las redes de televisión apoyaron en todo momento. Entonces, hay un déficit del debate público, y por tanto, un déficit de ciudadanía en materia de comunicación. El discurso de Dilma y, sobre todo, el del ex presidente Lula, es simplemente una pieza retórica. No hicieron nada para enfrentar al poder monopólico de los medios. La legislación brasileña en la materia representa la
vanguardia del retraso en toda América Latina.

– El año pasado cobró notoriedad el reconocimiento de la red O Globo de su apoyo a la dictadura brasileña. ¿Eso puede ser considerado un indicio de cambio?

– Esa fue una acción estratégica, porque el grupo O Globo estaba siendo y sigue aún cuestionado por sus vínculos con la dictadura. Pero no sólo ellos, también Folha, Estado de San Pablo y todos los grandes grupos. Hay dos razones para explicar la estrategia de O Globo: una de orden económica, porque los diarios están perdiendo lectores (claro que eso no significa pérdida de influencia ni penetración social, es un proceso histórico que no cambia del día a la noche); y la segunda, de naturaleza política-ideológica, la necesidad de la dinastía familiar que controla el grupo de posicionarse de otra manera. Ya no está más el empresario Roberto Marinho; son sus hijos y nietos quienes, por más contradictorio que parezca, quieren presentarse ante la opinión pública de una manera más liviana, más “progresista”. Es una estrategia de mercado y posiciona al grupo O Globo en el escenario político de una manera diferente. Pero la memoria no se apaga. Ni olvido ni perdón. Castigo y juicio. Ésta me parece que es la posición de los grupos progresistas de la sociedad brasileña. Un día, cuando nuestro país haya avanzado en términos de respeto a la memoria y ajuste cuentas con el pasado histórico, los crímenes de la dictadura militar van a ir a juicio y los genocidas serán juzgados con derecho de defensa, como en Chile, Argentina y Uruguay. Me parece una vergüenza que Brasil no haya investigado y castigado los crímenes de la dictadura. Lo que falta allá es un estadista como Néstor Kirchner. Él enfrentó en su gobierno, de manera democrática, firme, demostrando coraje cívico para cuestionar a la Corte Suprema, leyes que impedían la investigación y el juicio de los bandidos de la dictadura. Yo vivía en Buenos Aires en ese momento y acompañé el proceso. Brasil necesita alguien que tenga coraje para avanzar en el plano de los Derechos Humanos. También necesita de jueces federales como los que existen aquí, que no tienen miedo a los grupos paramilitares, a las viudas de la dictadura, y que conducen los juicios de manera equilibrada, democrática. Eso significa un avance civilizatorio, no sólo coyuntural. Eso va a hacer que las nuevas generaciones de argentinos puedan sentirse orgullosos. Creo que hay dos deudas históricas en Brasil: la deuda con los Derechos Humanos y la deuda con la comunicación. 

– En el libro se ubica a Internet como una esperanza para la construcción de un contrapoder al sistema de medios actual…

– Internet es un ecosistema comunicacional complementario que tiene ventajas importantes en relación al sistema tradicional de comunicación: bajo costo, descentralización de fuentes, posibilidad de acceso sin subordinación a los controles de los medios monopólicos. Un nuevo periodismo está surgiendo en los nodos de Internet. Un periodismo que se manifiesta incluso en las redes sociales, que no son solamente un espacio de sociabilidad, sino también de producción informativa, de debates, intercambios culturales, que se manifiesta por ejemplo en la encantadora multiplicación de agencias alternativas de noticias. Internet también es una posibilidad de comparar las versiones de los medios monopólicos que también están en una posición destacada, lamentablemente, por cuenta de su poderío. 

– Sigue pendiente el gran problema de los medios alternativos, que es su sostenibilidad.

– Los medios alternativos siempre se han enfrentado a la discriminación en las inversiones publicitarias oficiales y a la desconfianza de los patrocinadores privados. El problema es que su alcance es mucho menor que el de los grandes medios y que sus posiciones críticas siempre molestan a los poderosos, las elites y los sectores sociales más conservadores. Hay otra posibilidad de sostenibilidad que son los fondos de contribución pública para proyectos (crowdfounding), para que la gente contribuya de manera voluntaria a la financiación. Pero hay problemas que dificultan bastante, como la necesidad de equipos y de otros costos fijos que generalmente no cubren estas donaciones voluntarias. Y por la crisis financiera, además, hubo una retracción de las fundaciones internacionales que contribuían con los medios alternativos de América Latina. El cuadro es complejo. Por eso creo que el Estado tiene un papel crucial para que fuentes alternativas de financiamiento y apoyo se ofrezcan a esos medios. Y hay que reconocer que en los últimos años, por cuenta de los gobiernos progresistas, están surgiendo otras formas de cooperación que tendencialmente favorecen a los medios comunitarios con intensidades diferentes.

– Sin embargo, a nivel regional no hay legislación que avance en establecer criterios que garanticen la inversión estatal en medios alternativos y comunitarios.

– Hay contradicciones entre los gobiernos progresistas y los planes de inversión publicitaria. ¿Cuál es la contradicción? Creen que son víctimas de manipulaciones y lecturas tendenciosas de los medios y no redistribuyen la pauta, al menos, de manera equitativa: ampliando las reservas de presupuesto para otros medios que no sean los corporativos-empresariales. Hay que usar criterios que no tomen en cuenta solamente la audiencia. Porque es un criterio burgués, autoritario y antisocial. ¿Cuál es el resultado de once años de reproducción del mismo hecho en Brasil? Más concentración monopólica. Porque se está alimentando permanentemente al dragón. Y me parece que planes que contemplen los medios alternativos y comunitarios de manera equitativa serían un camino, aunque no el único, de prestigiar, apoyar y desarrollar otras visiones del mundo en el campo del periodismo. Ramonet, Serrano y yo creemos que apoyar estas iniciativas, sobre todo en Internet, es un camino seguro para estimular la diversidad y la pluralidad. 

– En ese sentido, Internet se presenta como un espacio con menor regulación, aunque está probado que hay controles por parte de las agencias de seguridad, y además, un predominio hegemónico del principal buscador de contenidos.

– Esas barreras son integrantes del mundo contradictorio de Internet. Me parece que es una ilusión pensar que la red no está sujeta a las intromisiones económicas, financieras y  monopólicas. Siempre será un ecosistema en el que conviven, con pesos diferentes, todos los actores que actúan allí. Desde nuestro punto de vista, que está comprometido con otra sociedad, otro mundo, otra comunicación posible, Internet es una posibilidad concreta de profundizar la variedad informativa, la pluralidad cultural, la manifestación de voces sociales que estaban simplemente neutralizadas sin la red planetaria. Pero no representa El Dorado. No tiene el poder de deshacer desigualdades sociales gravísimas. Es un medio que también refleja el mundo desigual en el cual vivimos. Lo que me parece una novedad es la posibilidad de explotar los recursos que hay en favor de la ciudadanía y de un mundo con más justicia social. Sobre todo, un espacio donde las manipulaciones y mentiras mediáticas pueden ser combatidas y denunciadas en todo momento.

Las nuevas plataformas digitales, un contrapoder

“En este momento, en Twitter están denunciando las mentiras de los grandes medios latinoamericanos”, dice Dênis de Moraes, que se entusiasma con las posibilidades que habilitan las nuevas plataformas de comunicación. “Ahora hay personas que se organizan en comunidades virtuales para discutir todo aquello que no aparece en los noticieros y todo eso forma una especie de vacuna informática y virtual contra los dominios mediáticos”, agrega. En ello pensaban con Ignacio Ramonet y Pascual Serrano cuando eligieron la palabra “contrapoder” para el título del libro. “Es para llamar la atención de que las situaciones actuales
que se presentan como desfavorables a la libertad de expresión, a los mejores anhelos de los periodistas que tienen los ideales más genuinos, no son definitivos. Hay posibilidad de contrainformación, y en ese sentido, los tres autores llamamos la atención sobre el papel estratégico de Internet en la actualidad, de la tevé móvil e instantánea, de las aplicaciones como whatsapp y otras que permiten no sólo sociabilidad, sino la circulación de informaciones, contenidos culturales e informativos. En ese sentido, una de nuestras más interesantes luchas es la apropiación de la digitalización con sentido ciudadano, crítico y participativo”. Medios, Poder y Contrapoder se consigue en librerías de todo el país.

 

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