Los intereses del desencuentro entre Chile y Bolivia

La imposibilidad de encontrar una solución al conflicto por la salida a mar de Bolivia no está vinculada a la voluntad de los pueblos o los gobiernos, sino a las presiones de sectores empresarios, políticos y medios de comunicación que defienden sus propios negocios en los dos países. El tema se encuentra en el tribunal de La Haya, pero Michelle Bachelet y Evo Morales podrían hallar una resolución a través del proceso de integración regional.

Los intereses detrás del desencuentro entre Chile y Bolivia

Javier García de la Huerta* – Espacio Andino (Bolivia) Empresarios, políticos y medios de comunicación marcan la imposibilidad de que, en el marco de la integración sudamericana, ambos países encuentren una solución.

La presidenta Michelle Bachelet descartó, el 16 de marzo del presente año, retomar negociaciones respecto a una salida al mar para Bolivia con el gobierno de ese país. La Primera Mandataria afirmó que “si el gobierno boliviano estimó que debía llevar el tema a La Haya, es el lugar para verlo”; descartando toda opción de diálogo bilateral. 

El razonamiento es simple, el fallo de La Haya como máximo obligará al gobierno de La Moneda a negociar con Bolivia, retornar a punto cero quizá con mayor seriedad. 

Lo importante, sin embargo, es que en más de cien años Chile y Bolivia no han encontrado ninguna fórmula para resolver una diferencia que hoy podría pasar simplemente por una resolución pragmática de integración regional. El grado de conflictividad provocado con la demanda entablada por el gobierno de La Paz en contra de Chile en La Haya, sólo puede expresar un conjunto de intereses que no permiten que este problema sea saldado en el marco de los proyectos de integración sudamericana.

«Es evidente que las mayores presiones para que una solución no prospere provienen de Chile»

Es evidente que las mayores presiones para que una solución no prospere provienen de Chile. Desde el siglo XIX, los intereses empresariales han crecido constantemente en el norte, en el territorio que en algún momento fue de Perú y Bolivia. A pesar de todo, esos dos países no han cesado el proceso de integración e intercambio comercial con el nuestro, favoreciendo el crecimiento económico y el desarrollo de importantes emprendimientos industriales y comerciales.

El movimiento de carga total del Puerto de Arica el año 2005 fue de 1.137.252 toneladas y el año 2012 llegó a un total de 2.566.945 toneladas. Por otra parte, la región de Tarapacá alcanzó 10.115.558 toneladas en 2013. En relación a la carga movilizada por el Puerto de Arica en tránsito a Bolivia, el pronóstico para 2014 es de 1.438.568 toneladas, representando más de la mitad del movimiento. Estas cifras dan cuenta de la importancia que tienen hoy por hoy las relaciones comerciales, a través de los puertos de Arica e Iquique. 

Entre los negocios relevantes en Tarapacá y Arica figuran los puertos de Arica e Iquique, el primero de administración estatal y el segundo a cargo de la empresa Iquique Terminal Internacional (ITI), con mayoría accionaria de SAAM Puertos S.A. (85%).

Por su lado, la empresa COPEC S.A. es el principal proveedor de gasolina para las importaciones de La Paz, negocio que ronda los 100 millones de dólares. Existen también intereses de chilenos en Bolivia, el principal es probablemente la representación de Coca-Cola en Bolivia, de propiedad de la empresa EMBONOR, de los Vicuña, o la importadora Derco.

«El conjunto de intereses que están en juego frente a una salida al mar boliviana, no obstante son relativamente pequeños, representan interesantes negocios para algunos grupos empresariales, que han desarrollado un importante «lobby» con medios de comunicación y parlamentarios, incluso en Bolivia»

Algunos de estos intereses se han expandido en proyectos en Tarapacá y Arica para la generación de energía, por ejemplo, que permitirá producir 150MW, con una inversión de 300 millones de dólares, respaldada por los grupos dueños de Embonor, Viña Lapostolle y Juan Andrés Camus.

El conjunto de intereses que están en juego frente a una salida al mar boliviana, no obstante son relativamente pequeños, representan interesantes negocios para algunos grupos empresariales, que han desarrollado un importante “lobby” con medios de comunicación y parlamentarios, incluso en Bolivia. Quizá la figura clave en este escenario es la ex diputada Mónica Zalaquette, esposa del boliviano Dieter Garáfulic, miembro de una reconocida familia boliviana con una amplia trayectoria en el campo político y de medios de comunicación, quienes vivieron por largos años en La Paz. Mónica Zalaquette es también hermana del ex alcalde de Santiago, Pablo Zalaquette.

Ambos han articulado a sectores empresariales con otros políticos del ala derecha, como Alberto Cardemil, que ocupó altos cargos en el gobierno de facto de Augusto Pinochet, Enrique Estay, que llegó a decir, respecto a la demanda marítima boliviana, que “el tribunal de La Haya no está para perder el tiempo”. El ridículo alcanzó también a otros como Jorge Tarud, que se cuestionó “¿por qué no le piden asesoría también al sucesor de Bin Laden?”, o Iván Moreira, que aseveró que “lo que logra Evo Morales es condenar a Bolivia a cadena perpetua para que nunca obtenga salida soberana al mar”.

La propia Zalaquette, junto con José Manuel Edwards, manifestó, para completar el circo mediático, que “el presidente Morales está metido en un zapato chino”.

«Lo lógico es pensar que los intereses empresariales, articulados con el oportunismo político y el circo de los medios de comunicación estén bloqueando algo que desde el sentido ciudadano parece elemental»

El eco de éstas y otras declaraciones que contravienen el proceso de integración de los países de América del Sur, resuena en los medios, incluso en los bolivianos, aunque sería dudoso que declaraciones similares en contra de nuestro país recibieran tan buena acogida. No obstante, en Bolivia, el periodista chileno Raúl Peñaranda, con amplia cobertura en los medios de ese país, ha posicionado una importante tendencia de opinión favorable a Chile y contraria a las acciones del gobierno de La Paz. Lo acompañan otros como el boliviano Eddy Luis Franco, director de prensa de la importante cadena PAT, de Santa Cruz.

Todo este movimiento en los medios viene de la mano del empresario y político Raúl Garáfulic, cuñado de Mónica Zalaquette, y dueño del diario Página Siete de La Paz.

Es probable que una solución pacífica a la controversia de hace más de cien años entre Chile y Bolivia no encuentre una salida, pero no porque ambos pueblos o gobiernos no puedan llegar a un entendimiento en el marco de la integración de los países de América del Sur.

Lo lógico es pensar que los intereses empresariales, articulados con el oportunismo político y el circo de los medios de comunicación estén bloqueando algo que desde el sentido ciudadano parece elemental.

 

* Historiador chileno.

 

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