Los intelectuales francotiradores

Latinoamérica

Son autónomos, no pertenecen a partidos de izquierda. Se ocupan de cuestiones estéticas y metodológicas, sin abordar el análisis económico, político, social o de la correlación de fuerzas. Los pensadores progresistas fallan cuando sus análisis tienen que medirse con la realidad, porque la política supone tomar partido, insertase en el proceso de cambio que vive la región.

Emir Sader durante una conferencia - Foto: Heinrich Aikawa/Instituto Lula

Emir Sader – Blog (Brasil)

Intelectuales de izquierda que no pertenecen a partidos políticos de izquierda, tienen mucha dificultad para entender la lucha política. ¿Desde donde hablan? ¿Qué horizonte representan? ¿El de la teoría pura? ¿O el de la ortodoxia abstracta?

No obstante, por varias razones, existen en gran cantidad y muchas veces producen análisis muy útiles para los procesos políticos reales. Sólo que fallan cuando sus análisis tienen que medirse con la realidad, porque las política supone partido, inserción en los procesos concretos.

Analizando los llamados ‘marxistas occidentales’, Perry Anderson constata que su supervivencia como intelectual desvinculado de partidos de izquierda, supone encerrarse en temas específicos, relativamente autónomos en relación a la realidad concreta, entre otras cuestiones estéticas, metodológicas. Abandonaron los análisis económicos, políticos, sociales, de la correlación de fuerzas, de las líneas concretas de los partidos.

  ” Este es el dilema de los intelectuales no comprometidos en la práctica política concreta. Terminan desarrollando visiones descriptivas de la realidad, que captan aspectos de esa realidad, pero sin poder articularlos con lo que, para el marxismo es un elemento esencial, la práctica concreta. El concepto de praxis es un desafío para los intelectuales francotiradores “

Este es el dilema de los intelectuales no comprometidos en la práctica política concreta. Terminan desarrollando visiones descriptivas de la realidad, que captan aspectos de esa realidad, pero sin poder articularlos con lo que, para el marxismo es un elemento esencial, la práctica concreta. El concepto de praxis es un desafío para los intelectuales francotiradores, que pretenden discutir sobre la realidad de forma desvinculada de las acumulaciones de fuerza, de las estrategias y tácticas, de las alianzas y de la constitución de bloques de fuerzas para organizar un nuevo poder.

De un tiempo a esta parte, a partir del debilitamiento de los partidos de izquierda a escala mundial y del surgimiento de ONGs, varios intelectuales consagran formas de expresión de francotiradores. Un de ellas es mandar cartas –individuales o colectivas- a dirigentes políticos del campo popular, criticando aspectos de las prácticas de esos gobiernos.

¿Desde qué punto de vista se pronuncia esos intelectuales? Denuncian situaciones concretas, pretenden defender movimientos sociales, sin ningún compromiso con los procesos concretos de los países sobre los cuales se pronuncian.

Recientemente en Ecuador y en Bolivia –los países que más avanzaron en la región en el proceso de superación del neoliberalismo- son víctimas de este tipo de pronunciamientos, casi siempre protagonizado por las mismas personas, intelectuales europeos y latinoamericanos. Acusan a esos gobiernos de posturas represivas, supuestamente desconocedoras de las necesidades del medio ambiente, de los interés indígenas, etcétera.

” No se sitúan en relación a la realidad desde el punto de vista de su práctica, en la perspectiva de proyectos concretos de transformación de la realidad. Se resumen a ser intelectuales críticos de la realidad. Pretenden encarnar una visión teórica por encima de la realidad, pero no pasan de aspiraciones intelectuales mesiánicas, sin ninguna capacidad de influencia en la realidad “

En esos países, personas que formaron parte de los procesos políticos dirigidos por Evo Morales y por Rafael Correa, rompieron con esos gobiernos y se fueron rápidamente radicalizando, por la denuncia de ‘traición’ de esos dirigentes. No se constituyeron como una corriente más de la izquierda, en un extraño movimiento, pasaron a centralizar su lucha en el derrumbe de esos gobiernos, aliándose con la derecha tradicional para intentar llegar a esos objetivos. En los dos países -Ecuador y Bolivia- el proceso es muy similar a lo que ocurre también Venezuela, en Brasil, en Argentina, en Uruguay. En todos ellos terminan tomando a los gobiernos y a sus líderes como sus enemigos fundamentales, favoreciendo así alianzas con las fuerzas de la derecha.

Cuando hay elecciones, en ninguno de estos países –ni en Bolivia, Ecuador, Argentina o Brasil- estas personas encuentran algún tipo de apoyo popular. Cuando se candidatean, tienen votaciones irrisorias. Hacen un alboroto vía internet, juntando nombres. Aunque revelan no tener ningún apoyo popular.

Porque no se sitúan en relación a la realidad desde el punto de vista de su práctica, en la perspectiva de proyectos concretos de transformación de la realidad. Se resumen a ser intelectuales críticos de la realidad. Pretenden encarnar una visión teórica por encima de la realidad, pero no pasan de aspiraciones intelectuales mesiánicas, sin ninguna capacidad de influencia en la realidad y auto marginados de los procesos concretos de construcción de modelos de superación del neoliberalismo en América Latina. 

Por eso no contribuyen a ningún tipo de construcción de alternativa política, porque a menudo caracterizan a cada uno de los procesos concretos como ‘traidores’ de los ideales puros que ellos pretenden representar. Un movimiento abstracto, intelectual, sin ningún vínculo con la izquierda latinoamericana realmente existente.

 

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