Los escenarios de la confrontación

Brasil

Las manifestaciones convocadas el fin de semana para exigir la destitución de la presidenta Rousseff reunieron mucha menos gente de lo esperado. Es el reflejo de una oposición dividida sólo busca presionar al gobierno, mientras en una difícil situación, Lula intenta recuperar al PT. El gran interrogante es saber cuáles son las alternativas de salida a la crisis que atraviesa el país.

Manifestantes paulistas con consignas golpistas - Foto: Oswaldo Corneti / Fotos Públicas

Eric Nepomuceno – Página 12 (Argentina)

Desde hace al menos tres días los ojos de los políticos brasileños –tanto del gobierno como de la oposición– estaban concentrados en las calles. O, más exactamente, en lo que ocurriría ayer en las calles de unas 400 ciudades del país. Movimientos que oscilan de la derecha a la extremaderecha, sin liderazgos fácilmente reconocibles, sin que se sepa cuáles son sus fuentes de recursos, y con gran movilidad a través de las redes sociales, convocaron manifestaciones “por todo el país” para exigir la inmediata destitución de Dilma Rousseff, reelecta el pasado octubre y que apenas cumplió siete meses y medio de su segundo mandato presidencial.

Para el gobierno, la gran preocupación era que se diese una repetición de las marchas similares realizadas en marzo, cuando alrededor de un millón 500 mil personas copó calles en más de un centenar de ciudades. En aquella ocasión, había de todo: pedidos de destitución de Dilma, protestas contra la corrupción y hasta los que pedían la vuelta de los militares. En abril las marchas se repitieron, pero su poder de convocatoria fue menor: los manifestantes no superaron los 750 mil, en unas 200 ciudades. Claro que son cantidades impactantes, aún si se considera la población brasileña (200 millones de personas) y el número de municipios existentes (más de 5 mil).

La disminución del volumen de gente reunida en las calles se debió principalmente a la divergencia entre las consignas (hubo fuerte resistencia, por ejemplo, a los pedidos de vuelta de los militares) y también a la ausencia de líderes opositores en las convocatorias. Anoche, el gobierno pudo respirar un poco más aliviado: hubo mucha menos gente que lo anunciado por los organizadores. Un poco más que en abril, pero mucho menos que en marzo.

Agosto, como estaba previsto, fue –al menos hasta la semana pasada– un mes muy duro para Dilma. Pero como en un pase de algún misterioso prestidigitador, súbitamente surgieron brechas de alivio. El renitente presidente del Senado y del Congreso, Renan Calheiros, que venía ejerciendo un juego duro frente al gobierno, accedió a firmar un pacto de paz. Hay muchas y muy justificadas dudas sobre hasta cuándo esa paz logrará sobrevivir, pero ha sido un alivio. Además, Lula da Silva parece haber decidido dejar claro que no está dispuesto a ver el gobierno de la sucesora inventada por él naufragar estrepitosamente, barriendo el PT del mapa político brasileño.

” La disminución del volumen de gente reunida en las calles se debió principalmente a la divergencia entre las consignas (hubo fuerte resistencia, por ejemplo, a los pedidos de vuelta de los militares) y también a la ausencia de líderes opositores en las convocatorias. Anoche, el gobierno pudo respirar un poco más aliviado: hubo mucha menos gente que lo anunciado “

El partido sigue en situación muy grave, pero todavía no está moribundo del todo. Al menos Lula cree que es ésa la situación. Sabe que la recuperación es extremadamente difícil, sabe que es casi imposible recuperar el aura de antes, pero algo se salvará. Y cuanto más sustantivo sea, mejor. Dilma, a su vez, vio nuevos bolsones de alivio en tres instancias judiciales: la Corte Suprema, el Tribunal Superior Electoral y en el Tribunal de Cuentas de la Unión. Nada está solucionado, nada está decidido, pero hay indicios concretos de que el peligro mayor fue neutralizado. Y, una vez más, cabe la pregunta: ¿hasta cuándo?

Al anochecer de un domingo de sol y temperaturas agradables en casi todo Brasil, un balance inicial y sumario de los protestas indicaba que menos de un millón de personas salió a las calles. Los organizadores, como de costumbre, inflaron inmensamente ese número, calculando en “por lo menos dos millones”. Ni ellos mismos creen en esa cuenta irreal.

Sin ninguna sorpresa, las mayores concentraciones se dieron en el eje San Pablo (la ciudad más anti-PT del país, núcleo de los movimientos que defienden la destitución de Dilma y de la derecha más furiosa), Brasilia (la ciudad con la mayor renta per cápita de Brasil) y Río de Janeiro. Preocupa al PT la adhesión significativa de manifestantes en capitales del noreste, región que concentra el grueso del electorado del partido.

Al no repetirse el número de manifestantes de marzo, el gobierno obtuvo un nuevo espacio de alivio, que seguramente ayudará a consolidar la nueva alianza con el presidente del Senado. Al menos, ésa es la intención de Lula da Silva y del vicepresidente de la República y articulador político del gobierno, Michel Temer.

” Algunas de las voces más poderosas del sector empresarial y de la banca piden, con determinación, que se termine de una vez con ese clima de confrontación peligrosa y que se dediquen todos a buscar soluciones para los problemas existentes, que no son pocos. Por fin, queda por ver qué hará la derecha más descabellada, ampliamente instalada en […] los principales medios “

Hay una “Agenda Brasil” presentada por Calheiros, integrada por una serie de propuestas polémicas. Dilma Rousseff ya dijo que tiene resistencia a algunos puntos. El problema número uno es que su gobierno tiene muy escasas condiciones de oponerse a lo que sea. El problema número dos es que Calheiros, jugador de larga experiencia, seguramente incluyó propuestas que sabe que difícilmente serían aceptables por el gobierno justamente para poder negociar. Resta saber ahora su precio.

Con relación a la oposición, ha sido un domingo desinflado. El PSDB, principal partido opositor, sigue dividido entre los que defienden la deposición inmediata de Dilma y los que defienden que la mejor estrategia es dejarla desangrar hasta el último día de su mandato. Esa división interna impide que se avance en cualquier dirección. Y mientras tanto, algunas de las voces más poderosas del sector empresarial y de la banca piden, con determinación, que se termine de una vez con ese clima de confrontación peligrosa y que se dediquen todos a buscar soluciones para los problemas existentes, que no son pocos.

Por fin, queda por ver qué hará la derecha más descabellada, ampliamente instalada en radios, emisoras de televisión, diarios, revistas semanales y en blogs vinculados a los principales medios.

Ayer, la primera reacción fue clara: no importa que fue mucho menos gente de la esperada. Lo que importa es seguir presionando: Fuera Dilma, Fuera Lula, Fuera PT.

Luego se verá quién llega, si es que queda algo del país.

 

Esteban Actis * – Página 12 (Argentina)

Hasta no hace muy poco tiempo, Brasil era considerado una excepción en su vecindario por ser ajeno a la “polarización política y social” y a”la irresponsabilidad en el manejo de los asuntos económicos”, características endilgadas a la mayoría de las experiencias de la izquierda del siglo XXI. Así, la coalición de gobierno liderada por el Partido de los Trabajadores (PT), primero bajo la conducción de Lula Da Silva y luego con Dilma Rousseff, era percibida como un ejemplo en la búsqueda de consensos en la arena política con los distintos sectores de la sociedad (trabajo y capital) y por implementar una política económica “racional” sustentada en el equilibrio macroeconómico.

S
in embargo, desde mediados del 2013 con la irrupción de masivas protestas callejeras contra algunas políticas del gobierno de Dilma Rousseff, Brasil comenzó un paulatino proceso de conflictividad política/social que hoy se ha transformado en el mayor escenario de crisis institucional al interior de la región, con el agravado de que se trata del actor estatal más importante de Sudamérica.

Si bien el ajustado triunfo de Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales del año pasado auguraba un complejo segundo mandato, muy pocos podrían haber imaginado el actual escenario. Casi un año después de haber ganado el ballottage con el 51,6 por ciento de los votos actualmente sólo el 8 por ciento de los brasileños aprueban el gobierno de Rousseff. Esta situación, sumada al agravamiento de la situación económica, al escándalo de corrupción entorno a Petrobras que salpica a gran parte de la cúpula del PT y a la amplificación y mayor penetración del discurso de la (neo) derecha explican la actual crisis brasileña.

” Independientemente de cómo se resuelva la fuerte crisis que hoy atraviesa Brasil, un aspecto debe quedar en claro. Para la maduración de la democracia brasileña y la consolidación democrática de la región, una salida forzada de Dilma Rousseff representaría un grave retroceso, además de convulsionar el escenario político económico de la región “

Ahora bien, ante esta realidad, ¿cuáles son los posibles escenarios en torno al actual atolladero que experimenta el gigante sudamericano?

1. Juicio político: desde hace un tiempo los sectores más reaccionarios al gobierno del PT vienen impulsando un juicio político (impeachment) a la Presidenta por su responsabilidad en torno a los casos de corrupción. Para que este avance se necesitan 2/3 de los votos en la Cámara de Diputados. La clave para que este escenario se materialice la tiene el PMDB, principal aliado en la coalición de gobierno. Si dicho partido termina de convertirse en opositor –la Cámara esta presidida por el Eduardo Cunha, político del PMDB, que es un férreo opositor del gobierno de Rousseff– el escenario para Dilma se torna muy difícil. Con los votos del PMBD la oposición estaría cerca de juntar la mayoría necesaria. Es importante destacar que de comenzar el proceso de Juicio Político se aparta al presidente de sus funciones a la espera del juicio.

2. Transición y elecciones anticipadas: como respuesta al primer escenario y ante el avance de la debilidad de Rousseff, el gobierno podría negociar un proceso de transición que se inicie con una cesión de la iniciativa política y de las principales decisiones al PMDB –por ejemplo en la figura del ex presidente Michael Tamer– y pactar un llamado elecciones anticipadas con la finalidad de descomprimir la crisis y que una figura política con mayor legitimidad ocupe el Palacio del Planalto.

3. Recomposición del poder del PT: la actual estrategia de Dilma Rousseff tiene un doble objetivo, por un lado recuperar la confianza de la base del PT y de los movimientos sociales a partir de cambios en el gobierno. Hoy se negocia la posibilidad de introducir como ministro al ex presidente Lula, figura capaz de “surfear” la crisis. Por otro lado, el gobierno intenta lograr el apoyo de la elite empresarial que alguna vez tuvo llegada al gobierno (Bradesco, Gerdau, BRF, entre otros). Este escenario necesita que el ajuste económico llevado adelante por el gobierno comience a dar algunas señales positivas para mejor las expectativas de los mercados.

En definitiva, independientemente de cómo se resuelva la fuerte crisis que hoy atraviesa Brasil, un aspecto debe quedar en claro. Para la maduración de la democracia brasileña y la consolidación democrática de la región, una salida forzada de Dilma Rousseff representaría un grave retroceso, además de convulsionar el escenario político económico de la región. En otras palabras, Brasil no es Honduras ni Paraguay.

 

*Doctor en Relaciones Internacionales. Docente de la UNR. Becario posdoctoral del Conicet.

 

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