Los enojados de la historia

Latinoamérica y El Mundo

Roberto Mero – “Mejor ingleses en una colonia civilizada que españoles en el atraso”, decían algunos en los orígenes, enfurecidos con un sistema que no les ofrecía idea de futuro. Pero otros pensaban en la Patria, aún antes de la Patria misma. En el actual proceso electoral vuelven a enfrentarse estas dos visiones de país. En París han golpeado como en un matadero, consecuencia de la ceguera criminal del poder imperial.

Francia llamó a sus socios europeos para fortalecer el intercambio de inteligencia, el financiamiento del terrorismo y la seguridad fronteriza - Foto: Archivo Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Cuenta la leyenda que en los tiempos en que William Carr Beresford se había adueñado de Buenos Aires en 1805 había una larga lista de comerciantes acomodados rogándole al inglés que participase en sus tertulias. Algunos, como Saturnino Rodríguez Peña, argumentaban que su odio contra los españoles lo llevaba a aliarse con cualquiera para acabar con la colonia. Otros, se seducían embelesados ante la liberalización del mercado, boquiabiertos delante de aquellos barcos que habían llegado a ocupar Buenos Aires, cargados de rubiecitos. En su despacho del fuerte, William Carr Beresford dictaba sus artículos para el Southern Star, suerte de Clarín bilingüe donde se mataban por escribir loas al vencedor diversos cagatintas amansados. “Mejor ingleses en una colonia civilizada que españoles en el atraso”, sostenían los “enojados” con un sistema colonial español que no les daba idea de futuro. Otros pensaban distinto. Pensaban Patria aún antes de la Patria misma. Pensaban Patria organizando la revuelta. A esos “enojados” que hacían cola ante el despacho de Beresford, no tardó en alzarse una muralla de pechos dispuestos a jugarse la vida por una Patria en serio. Sin el miriñaque de las tertulias inglesas ni las agachadas del The Southern Star. Lo que siguió fueron horas de fuego y de sangre, de dolor y de zozobra en ese instante parturiento de la batalla. Peleando con lo que tenían contra el poder imperial y sus alcahuetes, el Pueblo se hizo Madrepadre y Padremadre de una Nación que aún no existía, parida por el coraje de unos nadies que jamás habían visto aquella taza de té que tomaban con Beresford los enojados de la historia.

Mi madre estaría allí

Cómo no verla cuando los veo sentados en una esquina de San Martín y Juan B Justo, con un cartel detrás: “No olvidamos el -13% de Patricia Bullrich a las jubilaciones. Cómo no verla cuando veo esas fotos en el patio, bajo la higuera, levantando el cartelito: “Tengo memoria. Voto a Scioli”. La veo también cargando años, y penas, y achaques, pero ahí, sabiendo que quizá esta batalla será la última. Ellos vieron caer las bombas en Plaza de Mayo en 1955. Ellos vieron en el miedo impuesto por los poderosos que la Patria se hacía añicos. Cómo no verla, digo, entre esos viejitos, como repitiéndole a sus nietas: “Esto ya lo viví, nena, estos tipos vienen por todo”. Ellos supieron de Alsogaray y Krieguer Vasena. Ellos escucharon hablar de las escenas atroces de la Semana Trágica. Ellos alguna vez escucharon sonar las alarmas y vieron o estuvieron en los camiones cargados de obreros que alzaban las cuchillas hacia los aviones, gritando sin ser escuchados “¡La vida por Perón!”. Por eso la veo cuando los veo, rodeados de nietos, sonrientes, esperanzados en la patriada, de nuevo casi pibes, pintando en las sábanas “¡Aguante Scioli!”. Haciendo bizcochos para quienes van a salir a militar y quizá preguntándoles si llevan pañuelo… Cómo no verla el sábado pasado en medio de la 9 de Julio. Cómo no verla defendiendo a lo que le dio la jubilación como un milagro. Cómo no verla peleándola en la línea, allí, junto a los pibes, contra “esos cogotudos conservadores”. Sus cenizas están en una cajita al lado de mi escritorio. Pero sé que si estuviera, mi madre estaría allí.

El “celu” como arma

Recuerdo “Charlemos”, aquel tango que cantaba Ignacio Corsini sobre un ciego que para enamorarse telefoneba al azar en la tarde en que llovía. Y lo lograba. ¿Por qué no hacer entonces que ese raro mecanismo de telefonito y satélite se convierta en el arma suprema esta semana? No necesitamos a Durán Barba, nuestras voces no surgirán de un robot que habla desde Miami con voz simpática de locutor hispanizado. Cada uno puede hacer un número cualquiera, decir buen día, decir “te hablo pero soy yo quien te habla. Un argentino, una argentina como vos, no una computadora en California”. Hablar, decir lo que tenés que decir con tu voz, que es la de otros millones. Decir que el 22 de noviembre es la Patria que está en juego. Decir que nadie te paga, que no estas rentado, que no sos ningún ñoqui. Que sos vos simplemente que le habla al otro llamándolo también a hacer lo mismo que vos: votar por la Patria contra Macri, votar por la esperanza y no por el dólar, votar por mañana y no por el pasado. Ahí estás, vos y tu celular. Ese pedacito de plástico y de metal que puede ser temible a la hora de la batalla decisiva.

Los peligros del bolero

“Me gusta o no me gusta”, “me gusta pero….”, “me gusta pero ahí…”. En algunos sinceros ciudadanos que son convocados a las urnas el próximo 22 de noviembre, se puede encontrar la misma duda de quien la piensa diez veces antes de decidirse entre el flan con dulce de leche o el panqueque de chocolate, entre una Adidas o una Reebook, entre una empanada de carne y una de pollo. Daniel Scioli nada tiene de menú de restaurante ni de combo con fritas o con ensalada. El “me gusta o no me gusta” ante esta elección poco tiene que ver con la repostería sino con el destino independiente del país, más allá de los sabores o los amores esperados. En mis años mozos se bailaba “suelto” con cualquier chica pero se esperaba la candidata ideal para los “lentos”. Yo no voto a Scioli para tenerlo entre mis brazos sino porque detrás de este proyecto hay país, hay corazón y hay pueblo. No me gusta de Scioli el traje, no me gustan los zapatos, menos aún las medias caídas. Pero yo no quiero a Scioli para hacerme el aguante y levantar minas: lo quiero porque ya no hay vuelta atrás para la historia. Se que Scioli no es el Arcángel Gabriel, se que no dirigirá el Paraíso sobre la Tierra y se que no multiplicará el pan y los peces. Scioli no es Cristo. Es el candidato de una idea hecha realidad en progreso, en pelea, en lucha por los reclamos populares. “Me gusta, pero…”, “Me gusta aunque”, “No me gusta.” Hay que suspender los amores carnales para después de la victoria por la que peleamos. Yo voto a Scioli porque voto Patria, no para sacarlo a bailar un bolero.

París matadero

Ahorraré el horror del relato de una París bajo estado de guerra. No entraré en aquellas raras disquisiciones sobre quién mata y quién muere o sobre aristocracias del dolor, indignas. Los actos de masacre cometidos en París en la noche del 13 de noviembre no pasaron en un planeta extraño sino en el corazón mismo de la capital y de Europa. Constatación de la acción de los nuevos esbirros del asesinato (ahora de masas) entrenados en los tiempos de la guerra contra el comunismo en Afganistán y que ahora clavan los dientes, sedientos de más en nombre de una excusa divina. No han atacado los cuarteles de la OTAN. No han puesto en jaque los barrios coquetos del oeste de París. Han golpeado como en un matadero, un viernes por la noche, allí donde los pibes se reúnen para hacer la previa. Como los nuestros. Allí están las consecuencias de la ceguera criminal comenzada por Sarkozy en la guerra contra Kaddafi. Aquí está la demencia diplomática reciente del gobierno francés de decir que el Estado Islámico y que el gobierno de Bachar El Assad “eran lo mismo”. ¿Irresponsabilidad o ignorancia?
Ahora los muertos se cuentan por centenas en Beiruth, en el avión ruso que bajaron, y esta masacre….Mantenidos por los poderosos jeques de Arabia Saudita, antiguamente armados por la CIA y perros fieles del poder financiero que los banco y aún los banca. Los pibes en París pagaron con su sangre la ceguera timbera de quienes apostaron a controlar a un mastín asesino y delirante. La respuesta no tardará en llegar ante la barbarie ejecutada por los asesinos, amparados por quienes bailan su danza de dinero en la cornisa de la civilización.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia