Los caminos de Alfredo Alcón

Hasta sus 84 años, Alfredo Alcón fue el actor por excelencia de Argentina. Murió esta madrugada. Sus actuaciones de Shakespeare y Lorca fueron memorales para cada uno de los espectadores que lo disfrutó en una sala. Se consagró no sólo en teatro, sino también en cine y televisión. Fue un hombre que le daba sentido a cada palabra que utilizaba. No tenía participación político partidaria y en los últimos años defendió algunas legislaciones encabezadas por el gobierno.

Télam (Argentina)

Alcón fue el actor argentino por excelencia, el emblemático, el calificado alguna vez como el mejor, el más mimado, el más envidiado por los que minimizaban su arte, el que marcó más de medio siglo el teatro, el cine y aun la televisión de la patria.

Especializado en los clásicos -Shakespeare y Lorca, sobre todo- hubo gente que decía: “Alcón siempre hace de Alcón”, en tanto otros iban a ver a Alcón haciendo de Alcón como los ingleses iban a ver a Laurence Olivier hacer de Olivier o a John Gielgud hacer de Gielgud.

Lo cierto que luego de haber declamado a aquellos y otros clásicos y haber sido el rostro visible en varias películas de Leopoldo Torre Nilsson, dio muestras de gran madurez en obras como la última, “Final de partida”, en el San Martín, y hasta se atrevió al humor con “Vulnerables” y “Durmiendo con mi jefe”, por Canal 13.

Alcón tuvo varios privilegios: la eufonía de su nombre, un rostro y un cuerpo privilegiados que le permitieron parecer siempre varias décadas menor, una voz característica que bien podía hablar en porteño o en madrileño con la misma versatilidad y una bonhomía que le permitió no subirse nunca al caballo, aun sabiendo quién era.

“Fue el actor argentino por excelencia, el emblemático, el calificado alguna vez como el mejor, el más mimado, el más envidiado por los que minimizaban su arte, el que marcó más de medio siglo el teatro, el cine y aun la televisión de la patria”

Fue un hombre siempre atento al requerimiento periodístico, florido de verba y certero en frases nunca vacías que han quedado en el papel impreso, auténtico progresista en sus ideas aunque no estuviera adscripto a un partido, y defensor de políticas y legislaciones de la última década.

Había nacido en Ciudadela, el 3 de marzo de 1930, aunque otras versiones hablan del barrio porteño de Liniers, como Alfredo Félix Alcón Riesgo, quien al egresar del Conservatorio Nacional de Arte Dramático ingresó al ciclo “Las dos carátulas”, que en 1951 se emitía por Radio del Estado, hoy Nacional, la Radio Pública, aunque al mismo tiempo el contrato lo obligaba a leer informes del Mercado de Hacienda.

A principios de la década debutó en los escenarios con “Colomba”, inspirada en Próspero Mérimée y dirigida por Juan Carlos Thorry, que fue el principio de una larguísima carrera en las tablas que incluyó al principio pésimas críticas, inseguridades de su parte y el ingreso en el cine con “El amor nunca muere”, de 1955, como galán de Mirtha Legrand.

Debió ser el galancito durante un puñado de filmes, de Tita Merello, otra vez de Legrand, de Graciela Borges en “Zafra”, debut de la actriz- y padeció el pedido de Samuel Eichelbaum de que quitaran su nombre como dramaturgo de “Un guapo del 900” si él era el protagonista.

“Fue un hombre siempre atento al requerimiento periodístico, florido de verba y certero en frases nunca vacías que han quedado en el papel impreso, auténtico progresista en sus ideas aunque no estuviera adscripto a un partido, y defensor de políticas y legislaciones de la última década”

El filme de Leopoldo Torre Nilsson (1960) fue sin embargo la consagración de Alcón y éxito de público, pese a que el futuro gran actor suponía que el personaje era “propiedad” de Francisco Petrone, quien lo había encarnado varias veces.

Además de sus películas con el director -“Piel de verano”, “Martín Fierro”, “El santo de la espada”, “Güemes, la tierra en armas”, “La maffia”, “Los siete locos”, “El pibe Cabeza”, “Boquitas pintadas”-, descolló en “Los inocentes” (1964), del español Juan Antonio Bardem, “Prisioneros de una noche” y “¿Qué es el otoño?”, de David José Kohon, “Nazareno Cruz y el lobo”, de Leonardo Favio, “Pubis angelical”, de Raúl de la Torre.

En 1978 rodó en España “Cartas de amor de una monja”, de Jorge Grau, junto a Analía Gadé, prohibida en la Argentina durante años y en la que ambos cumplían escenas con desnudos que sorprendieron a los pocos que concurrieron tiempo después a su estreno en el ex cine Gloria.

En teatro actuó con éxito no sólo en la Argentina sino también España, además de otros países, sobre autores como Arthur Miller, Tennessee Williams, Henrik Ibsen, George Tavori, Eugene O`Neill, Neil Simon y Juan Villoro.

 

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