Los buitres y el imperio

Argentina

La situación causada por el nuevo fallo que favorece a los fondos buitre, demuestra otra vez que cualquier proyecto de desarrollo de largo plazo tendrá que exacerbar las herramientas de independencia económica. Paul Singer, quien conduce el fondo NML, había dicho que prefería negociar con varios de los precandidatos presidenciales para 2015 antes que con el gobierno.

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Analía Llorente – El Cronista (Argentina)

Paul Singer es la cara visible de la disputa entre la Argentina y los fondos buitre que compraron deuda soberana en default y reclaman el pago total de esos bonos. Representan un escaso porcentaje de los tenedores de bonos que no entraron a los tres canjes de deuda que ofreció la Argentina en 2005, 2010 y 2013.

El ejecutivo norteamericano nació en Nueva York y proviene de una familia judía. Se graduó en Hardvard como abogado y se volvió ‘famoso’ cuando financió las aspiraciones presidenciales del ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani.

El propio sitio de la fundación que lleva su nombre, The Paul E.Singer Foundation, destaca los comentarios de dos de los diarios estadounidenses más influyentes sobre su figura. Por un lado, The Wall Street Journal, que reconoció a su holding inversor Elliot Management Corporation “por su previsión inicial de la crisis económica de 2008”. Por otro lado, al The New York Times, que publicó que “de todos los gestores de hedge funds de Wall Street, Elliott es uno de los más venerados”.

La fundación también lo describe a Singer en sus actividades de filantropía, en las cuales se asegura que “jugó un papel de liderazgo en el apoyo a la investigación y académicos en las áreas de economía de libre mercado, estado de derecho, la innovación de atención de la salud, la seguridad nacional de EE.UU., y el futuro de Israel”.

Singer no suele dar entrevistas y cultiva la ‘humildad’ y la discreción lo máximo posible. De todos modos, trascendió que, influido por su hijo, quien se casó en 2010 con otro hombre, el empresario donó más de u$s 12 millones para las campañas a favor del matrimonio homosexual.

“Y de cara a 2015, el fondo que lidera Singer había dicho que prefiere negociar con líderes políticos como el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli; el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, o el diputado Sergio Massa, quienes ya dieron a conocer sus ambiciones para suceder a Cristina Kirchner en 2015, antes que con el Gobierno actual”

Singer es además miembro del consejo de la administración de la Escuela de Medicina de Harvard y de la revista Commentary. Es también el presidente del Manhattan Institute for Policy Research, Inc.

La corporación Elliot Management es, a su vez, propietaria de NML Capital, el fondo buitre que consiguió ayer que la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos no aceptara la apelación argentina contra de los bonistas que no aceptaron los canje de deuda en default.

Pero hasta llegar a esta instancia de intervención del máximo tribunal de justicia de Estados Unidos, el fondo NML Capital logró, entre otras cosas, embargar en 2012 la Fragata Libertad, mientras estaba anclada en un puerto del país africano Ghana.

Por otra parte, es sabido que Singer lleva décadas especializándose en comprar deuda de países como Perú o Congo, cuando su valor se encuentra depreciado para después reclamar un precio mucho más elevado. Lo mismo que hizo con la Argentina después de que declarara el default en 2001.

Hace menos de dos meses, el fondo Elliott Management advirtió que el gobierno argentino se negaba a una solución a la deuda, y calificó de “inexperto” al equipo económico liderado por el actual ministro de Economía, Axel Kicillof.

Y de cara a 2015, el fondo que lidera Singer había dicho que prefiere negociar con líderes políticos como el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli; el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, o el diputado Sergio Massa, quienes ya dieron a conocer sus ambiciones para suceder a Cristina Kirchner en 2015, antes que con el Gobierno actual.

Claudio Scaletta – Página 12 (Argentina)

Los defensores del capitalismo más salvaje suelen estar tan enamorados de la criatura que hasta exaltan sus excrecencias. El cine hollywoodense es un buen ejemplo: abundan los elogios a la codicia o a las diferencias extremas de clase como dinamizadoras del sistema. En la política estadounidense quienes apenas se apartan de la agenda ultracorporativa son acusados de “socialistas”, anatema que alcanza a cualquier propuesta meramente reformista, como el plan de salud de Obama. Muchos integrantes del Tea Party, la influyente corriente ultraconservadora del Partido Republicano, defienden el “creacionismo” frente al evolucionismo; insólito sesgo anticientífico de la clase política de una economía que envía naves interplanetarias al espacio y drones a sus enemigos. No es sólo un dato de color. Este es el país donde los jueces fallan con mayorías casi absolutas en favor de una de las excrecencias por antonomasia del sistema financiero global: los fondos buitre. El país al que quienes endeudaron por generaciones al Estado argentino delegaron la soberanía jurídica sobre sus instrumentos de deuda. Algo debe estar mal en el orden jurídico local si esta delegación fue posible con impunidad. Allí andan todavía los Cavallo, los Sturzenegger, repitiendo lo que la actual administración habría hecho mal y ellos bien.

El gran problema con los fondos buitre es que son malos, muy malos, pero son legales. Es verdad que uno de ellos pagó en 2008 poco más de 48 millones de dólares por instrumentos de deuda por los que ahora el Poder Judicial estadounidense le reconoce 830 millones, pero siguió las reglas del sistema. La tasa de ganancia implícita de la operación, suponiendo que reciba el pago, superaría, según detalló la presidenta Cristina Fernández, el 1600 por ciento, quizá no tanto si se suman los costos judiciales y de lobby para dinamizar el fallo. Para cualquier financista esto es señal de genialidad, no de maldad. Este es el capitalismo realmente existente, el que defiende la “muy independiente”, según el colonizado juicio de algunos analistas locales, Corte Suprema de Justicia estadounidense. Una independencia que le habría permitido ignorar no sólo las opiniones en contrario de su propio gobierno, sino del mismísimo FMI y otros Estados, como Francia, quienes verían en los buitre una amenaza para futuras reestructuraciones de deuda, una muestra más de la obsolescencia de las reglas de la “arquitectura financiera internacional”.

Un dato histórico; el tema de moda en el ambiente de las finanzas globales a fines de los ’90, cuando la Argentina se encaminaba al default y Anne Krueger comandaba el FMI, era la crítica a la ausencia de “riesgo moral”, dato ahora olímpicamente ignorado por la Corte estadounidense, que envía a los mercados mundiales la señal de que no importa la prima de riesgo de un bono soberano, pues todo acreedor siempre será respaldado por la metrópoli en su pretensión de recobrar el ciento por ciento nominal.

“La decisión judicial estadounidense empuja así a la Argentina a un nuevo canje de deuda como única opción para cumplir sus compromisos evitando embargos”

Debe destacarse que el fallo Buitre friendly difundido el lunes representa sobre todo un dato exógeno a la política argentina. Es decir, es un dato del que la política local es “tomadora”, que no puede modificar. Frente a esta realidad, al margen de los sentimientos involucrados por su manifiesta arbitrariedad, sólo queda la gestión. Todo lo emocional debe descartarse. El problema no es de Justicia, tampoco jurídico. Es un problema de poder puro y duro: de imperialismo. Frente
a la potencia de este imperialismo, el margen del país es muy reducido.

En concreto, el rechazo de la Corte a tratar el pedido de revisión de Argentina, que significa la vigencia plena del fallo de primera instancia de Thomas Griesa, apunta contra todo lo realizado en materia de reestructuración de deuda desde 2005 en adelante. Como detalló ayer el ministro Axel Kicillof, no deja alternativas de pago bajo las actuales condiciones por más que exista la voluntad plena de hacerlo. Tampoco es opción negociar con quienes expresamente demostraron no querer negociar, con aquellos cuyo negocio es, precisamente, no negociar. La decisión judicial estadounidense empuja así a la Argentina a un nuevo canje de deuda como única opción para cumplir sus compromisos evitando embargos.

Pero el verdadero daño puede ocurrir en la macroeconomía. Como mínimo en el corto plazo, la presión imperial da por tierra con la iniciada estrategia oficial de financiar con la cuenta capital el déficit de cuenta corriente. El objetivo no era sólo contable, sino de sostenimiento de la demanda agregada y el crecimiento. El equipo económico había iniciado un camino de acercamiento a los mercados voluntarios de deuda a través del pago de algunos juicios en el Ciadi, del acuerdo con Repsol y del arreglo con el Club de París. Cuando la meta de regularización completa estaba al alcance de la mano, fue el mismo reticulado de intereses de las finanzas globales el que volvió a correr el arco. Una nueva muestra de que cualquier proyecto de desarrollo de largo plazo deberá exacerbar las herramientas de independencia ya conocidas que alejen, con recursos propios, las fuentes de la restricción externa; es decir: sustitución de importaciones, promoción de exportaciones, integración a cadenas de valor globales y, también, ingreso de capitales, aunque hoy la vía financiera parezca nuevamente cerrada. Nada de lo que viene será fácil.

 

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