Los aceleradores del péndulo

Argentina
Roberto Mero

Como si se tratase del movimiento de un reloj, que va de un lugar a otro, en el país se avecina un giro drástico hacia la derecha y se teme que cueste mucho volver hacia la izquierda. Pasándose por alto al Poder Legislativo, donde es minoría, Macri acaba de anunciar que gobernará por decreto, bajo lo que pareciera ser un sistema de monarquía constitucional.

El futuro presidente insiste con que el traspaso de mando sea en la Casa Rosada y no en el Congreso - Foto: ArchivoRoberto Mero* – Latinoamérica Piensa

En un curioso análisis reciente, el invalorable Roberto Navarro trataba de analizar al “Macri que se viene” argumentando que “Argentina entraba en la historia pendular que hace que la derecha gobierne cuatro u ocho años y luego la izquierda”. Metáfora simple y al parecer confirmada, pero absolutamente ineficaz: el péndulo de la crisis no es el del reloj de mi abuelo sino el del cuento de Edgard Allan Poe. Es decir, va de derecha a izquierda, pero descendiendo, hasta que su cuchilla me parta el cuerpo en dos. Es cierto que en Francia el socialista Hollande substituyó al derechista Sarkozy, pero sólo para abrirle el camino a la ultraderecha de Le Pen que pasó del 17% al 31%. No es falso que el socialista Zapatero se fue, pero entregándole el gobierno al derechista Rajoy, que completaría la entrega de España a las leyes de mercado. El derechista Samaras cayó ante la ola popular que prometía Alexis Tsipras y Syriza, pero sólo para hacerlo hocicar y firmar un acuerdo infame con la troika de los banksters europeos. Ocurre que el péndulo no vuelve para atrás sino como ilusión óptica. Me explico. El péndulo de la dictadura halló un cuerpo político inerme para detonar el plan económico de Martínez de Hoz: ocho años de padecimiento. El péndulo de las corporaciones que impulsaron bajo Alfonsín el Plan Austral y luego su derrocamiento por un golpe económico se desarrolló durante seis años. El menemato no duró una década. Duró cinco años de venta del país y cinco años de creciente resistencia popular. La Alianza no duró más que dos años, con el mismo personal y los mismos objetivos. El plan propuesto por el presidentrucho Macri tiene mucho péndulo, pero por sobre todo de viaje por el Túnel del Tiempo: las políticas que ya diseña su equipo no tienen ningún asidero en los Estados Unidos ni en Europa, abandonadas desde la crisis del 2008 por un recentraje sobre políticas de Estado, control absoluto del crédito, cierre paulatino a las importaciones, urgencia en reactivar el mercado interno. El “patriotismo económico” que reclama Hollande a los consumidores es la cara opuesta a la entrega al mercado que el presidentrucho anuncia como verdad revelada. Su péndulo atrasa en un siglo. El despertador quizá le suene antes de lo pensado. Muchísimo antes.

Sobre resistencias y gabinetes en la sombra

Zorra y vieja, la política británica creó una figura interesante a la cual le debe su sobrevivencia: el “shadow cabinet”. Gobierno paralelo que cada partido que acaba de perder la mayoría forma para retrucar y oponerse al gobierno oficial. Esto es: cuando el ministro de Economía oficialista propone, quien responde es el ministro del “gabinete de las sombras”. Cuando en Educación se lanzan en una barrabasada, es un plan paralelo el que se anuncia, evitando la vocinglería y el disparate. No siempre funciona así, pero es un éxito en la mayoría de los casos. El tajo brutal que separa en dos a la Argentina llama a reflexionar sobre este sistema, en el marco de la lucha por la reconquista democrática. No es una figura ilusoria. El presidentrucho Macri acaba de anunciar que gobernará por decreto, pasándose por el tujes al Poder Legislativo, donde sus fuerzas son minoría. Así gobernó la Ciudad de Buenos Aires y así gobernará el país, bajo un sistema de monarquía constitucional donde tratará de jugarla de Louis XVI: aquel célebre “Señor Veto” que pagó con su cabeza en la guillotina la traición a su Patria. Cristina deja el poder con un mando relativamente unificado, fuerzas dispuestas a resistir para defender lo conquistado y una experiencia gubernativa inigualable. Frente a estas ventajas se levanta un rompecabezas de ambiciones miserables, personajes impresentables y políticas económicas caducas. Se trata de responder a cada paso del enemigo de la Patria con una contrapropuesta avanzada. Se trata de organizar desde hoy hasta Dios sabe cuando la reconquista del aparato de Estado que debe servir al pueblo. Curiosidades de la memoria, el general De Gaulle debió organizar la resistencia interior y al mismo tiempo la estructura del Estado francés para cuando llegase el momento de la victoria. Perón recordaba que la organización vence al tiempo. Desde el 10 de diciembre ya habrá empezado la cuenta regresiva.

Los límites peligrosos del “Club de Admiradores”

Salvo el gorilaje antipatria, a nadie se le ocurriría no lamentar de antemano la despedida de Cristina Fernández de Kirchner. Quedan atrás doce años sin represión en la calle, sin plan despiadado contra el pueblo, sin sumisión ante la banca internacional ni a los monopolios internos. No entraremos en más detalles. Pero Cristina se va, dejando inevitablemente atrás el puesto a un presidentrucho que llegó al comando gracias a la fuerza financiera de lo más corrupto de la burguesía, lo más rancio de la aristocracia y una alianza de los medios con las fuerzas de la extranjería. Cristina se va el 10 de diciembre. Podemos lloriquear pidiéndole a alguien que “nos abrace hasta que vuelva”. Podemos insistir que la vamos a extrañar. Podemos desgañitarnos en la Plaza el 9 o el 10 de diciembre. Pero Cristina se va. Todos los mecanismos políticos dentro del FpV, que Cristina dirige, tendrán la oportunidad de precisar que, luego de la sentimental despedida, queda un pueblo entre las fauces de las fieras. Tigres cebados por una victoria conseguida por medio de un golpe de Estado periodístico. Bestias que ya llaman a liberar a los torturadores y asesinos. Traidores a la Patria que buscan vaciar los cofres del Banco Central y pagarle al enemigo externo. Pero Cristina se va. Miles de posteos en las redes sociales hablan de la pena, de nuestra pena, pero pocos de la organización de la resistencia civil. Miles de tweets compiten en alabanzas dignas de un “Club de Admiradores”. Pero Cristina se va y Cristina no es Violetta. Y no podrá esperarse que nadie nos abrace mientras la heladera esté vacía, el golpe económico en la mesa devastada y en la arrogancia de los vencedores. Lo que ocurra no será sino la responsabilidad de todos y de cada uno. La reconquista es un deber que las lágrimas no pueden soslayar.

Turbio horizonte para los desilusionados 

Macri es como aquellos espejismos de las películas que cuentan historias del desierto: los desesperados ilusos creen que lo que se ve es agua, corren atolondrados, se agotan. Pero no hay nada más allá sino más sed, más calor y la muerte cierta. Cosa curiosa la del odio del gorilismo clasemediero: los “negros choripaneros” serán rápidamente olvidados bajo el mazazo del aumento de precios, la baja de subsidios, el corte del salario por el medio. La dictadura aplicó la misma política, pero para aquel entonces el FMI distribuía guita sin mirar a quién, alegremente. Pero la fiesta terminó con la crisis del 2008 y no habrá tregua ni “plata dulce”: el odiador clasemediero deberá cortar el aire acondicionado, limitar los llamados al delivery de helados, olvidarse de Punta, empezando por Punta Mogotes. Los codiciosos coleccionistas del dólar blue que se ufanaban en la ilusión de comprar lo que quisieran verán en algunos días sus esperanzas reducidas a añicos. Los puteadores profesionales contra la violencia observarán que TN parece ya un pelotero de amables niñitos educado
s. De nada servirá ponerse en el medio, dar explicaciones, gastarse en el “yo te lo había dicho”. Hay que dejar que cuezan su furor de haber quedado con el culo al aire, sin Patria ni honor, ni dólares en la billetera. Hay que ver que sucederá semana por semana, día por día, cuando descubran que hasta aquí se vivía en la difícil estabilidad de que todos comiesen, se curasen y se educasen sin balazos ni incendios. Tropa llevada al muere por un presidentrucho tilingo, correrán hacia su turbio horizonte de miseria en el que habrán hundido todos. Nosotros aún tenemos resto y tendremos que tenerlo más que nunca. Muy simplemente, porque a diferencia de ellos, nosotros tenemos Patria.

Con la antipatria no se colabora 

Que diga lo que diga el Rey Salomón, ni loco ni mamado jamás daría a mi hijo para que lo cortaran en dos o lo regalaran a los usurpadores. Ni con un palazo en la nuca me harán creer que quienes representaron el odio visceral hoy son corderos. Ni con tres litros de droga en las venas lograrán convencerme que los aliados de Cecilia Pando ahora son Bambi, que Melconián quizá no diga pelotudeces y que Alfredo Astiz quiere salir libre para tirarles maíz a las palomas. El respeto democrático es para los demócratas, no para sus verdugos, como lo descubrieron los alemanes obligados a pasearse mirando los cuerpos descarnados de sus víctimas a las que habían ignorado argumentando que “no sabían” lo que era Hitler. Recuerdo aquel film “La Cruz de Lorena”, donde un grupo de militares franceses es convencido de entregarse a los nazis, que no los iban a tratar mal. Triste fue su despertar en un campo de concentración. Ninguna colaboración con quienes me anuncian que se enfrentarán a Venezuela y a Cuba y mañana a Ecuador y a Brasil, a Bolivia o a Nicaragua. Ninguna colaboración con los fotografiados con Videla. Por cierto, el protocolo de los “oficiales” podrá decir lo que quiera y desearle buena suerte al presidentrucho. Que hagan lo que quieran, que digan lo que les plazca y que luego paguen el incierto de un pueblo que va a tragar tierra. Si a Macri “le va bien” con su programa, eso significa que a la Patria le irá muy mal. Si se trata de “ayudarlo a cumplirlo”, que no cuenten con nosotros. Ni ahora ni mañana ni dentro de seis meses. Más allá, es el vacío.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia