Lo que simboliza la voz de Lula

Brasil

Paulo Nogueira/Saul Leblon – La maquinaria conservadora ambiciona la restauración plena del neoliberalismo, pero el ex presidente habla con la lengua del pueblo y es la piedra angular de una estructura cuyo derrumbe permitirá demoler al conjunto. Sacarlo de la contienda electoral es el plan acariciado por los golpistas desde hace una década, que ahora llega a su punto de inflexión.

Lula con Kennedy Alencar, en la entrevista de SBT - Foto: Ricardo Stuckert/Instituto LulaPaulo Nogueira – DCM (Brasil) 

A usted puede no gustarle Lula. Puede detestarlo. Puedo abominarlo.

Pero usted ve una entrevista como la que concedió ayer al periodista Kennedy Alencar, de SBT, y pronto entiende por qué los muchachos le tienen tanto miedo.

Imagínese a Lula en una eventual campaña en 2018, debatiendo con Aécio. O con Serra. O con Alckmin.

O con quiera que sea.

Es una competencia desleal. Es un profesional frente a juveniles.

El tiempo dejó en claro que desde Lacerda los brasileños no veían un talento tan notable para la oratoria.

Con la diferencia de que Lacerda hablaba el idioma de la clase media, y Lula habla la lengua del pueblo.

Lula es un natural, para usar una expresión inglesa. Nació orador. El resto fue una consecuencia, de la carrera sindical a la presidencia.

Habla con gracia, con entusiasmo, con espíritu. Y, tal vez el mayor de sus atributos retóricos, transmite sinceridad.

Todo esto se vio en la entrevista de ayer.

La forma en que se refirió a las invenciones contra su hijo Lulinha hace reír y reflexionar. Dijo que Lulinha es dueño de la Casa Blanca y de la Torre Eiffel.

Sólo con mucho mal humor no se puede dejar escapar la risa.

Las referencias a Fernando Henrique Cardozo (FHC) fueron también uno de los puntos altos de la entrevista.

Primero, la cuestión de fondo: la envidia que FHC parece tener de Lula. Con el correr del tiempo, FHC fue disminuyendo desde un punto de vista histórico y Lula aumentando.

» Desde Lacerda los brasileños no veían un talento tan notable para la oratoria. Con la diferencia de que Lacerda hablaba el idioma de la clase media, y Lula habla la lengua del pueblo. Lula es un natural, para usar una expresión inglesa. Nació orador. El resto fue una consecuencia, de la carrera sindical a la presidencia. Él habla con gracia, con entusiasmo, con espíritu «

Hoy está claro que FHC gobernó para los ricos, para la plutocracia. Y Lula para los excluidos.

Es justo, en un país tan desigual, que por eso Lula sea tanto más grande que FHC.

Lula dio también una respuesta definitiva a FHC en el tema de la corrupción. Toda vez que él habla de corrupción tiene que pensar en la enmienda que permitió su reelección.

El Congreso fue comprado con dinero en efectivo, embalado en bolsas, para que FHC pudiese tener un segundo mandato.

Sobre la cuestión de Petrobras Lula dejó escapar una estocada sutil pero dolorosa para la prensa.

Dijo que jamás nuestra gloriosa  prensa advirtió sobre la corrupción en Petrobras. Es verdad. Nunca los diarios y revistas hicieron nada en el campo de la investigación sobre Petrobras.

Se trata de medios de comunicación viciados por las filtraciones, por recibir todo en el regazo y que después gritan como si estuviera haciendo otro Watergate.

En la entrevista, Lula también mostró una buena sensación que le viene faltando a casi todo el mundo.

Estar hablando de elecciones tres años antes es una insensatez. Es conocida la gran frase de Keynes: «A largo plazo estaremos todos muertos».

Hay un tiempo para cuidar de las elecciones, y no es este de ahora. Hay problemas actuales que deben ser enfrentados antes de arrojarnos sobre el 2018.

Tenemos, en la presidente de la Cámara, por ejemplo, una vergüenza monstruosa, Eduardo Cunha.

Y tenemos también una prensa que golpea hasta contra el derecho de réplica, algo sagrado en cualquier democracia.

Hay un tiempo para todo.

Por ahora, lo que se vio ayer, no es de extrañar que los muchachos teman tanto a Lula.

¿Quién no temería si estuviera en lugar de ellos?

Lula en la 5º Conferencia Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional - Foto: Ricardo Stuckert/Instituto Lula

Saul Leblon – Carta Maior (Brasil)

Quien todavía piensa que el cerco de fuego en torno de Lula abrirá un claro propicio para el florecimiento de la ‘izquierda consecuente’ en el país, coquetea con la tragedia de su propia extinción.

El cuello de Lula, la garganta de Lula, la voz que resuena, las cosas que dice y, sobre todo, lo que este conjunto simboliza (leer el blog de Emir) representan un obstáculo a lo que anhela, de hecho, la maquinaria conservadora de Brasil.

Lo que se ambiciona es la restauración plena del neoliberalismo en la economía y en la sociedad.

Para que este resurgimiento se consolide, y en este proceso el PSDB puede completar el servicio iniciado en los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardozo (FHC), es necesario estallar y romper los siete huesos que forman el cuello del pueblo brasileño.

Este es el verdadero y definitivo objetivo del garrote vil en marcha en la sociedad.

El cuello de Lula está en medio del camino del tornillo; silenciar antes la trayectoria de la rosca es ser cómplice del estrangulamiento final.

No existe medio golpe de Estado en la historia.

La naturaleza explícita de 1964 se reveló plenamente no del 5 al 13 de diciembre 1968.

Del mismo modo, la selectividad obscena de Moro contra el PT luego ganará sucesores omnívoros que no perdonará siquiera la actual connivencia silenciosa en relación a Lula.

El objetivo impone la cobertura de la intolerancia.

Naufragamos en una transición del ciclo de desarrollo, que la restauración conservadora pretende transformar en un aluvión de supremacía granítica de los intereses del mercado sobre las urgencias de la sociedad.

«El cuello de Lula está en medio del camino del tornillo; silenciar antes la trayectoria de la rosca es ser cómplice del estrangulamiento final. No existe medio golpe de Estado en la historia […] la selectividad obscena de Moro contra el PT luego ganará sucesores omnívoros que no perdonará siquiera la actual connivencia silenciosa en relación a Lula «

Se trata, por eso, de reducir el interés popular a un pollo deshuesado de Sadia; de retroceder al Brasil pobre al punto de ser incapaces de equilibrar la canaleta social por donde transita el hambre, el desempleo y el limbo de las vidas franquiciadas a las justas demandas en tiempos de la casa grande. 

Despegar al país de todos los vínculos constitucionales, políticos y simbólicos que sustentan la solidaridad colectiva es crucial. 

Incluida la caída de anclajes emancipadores recientes, históricos o futuros, entre estas, la legislación laboral de Vargas, la simiente de democracia social contenida en la Constitución Ciudadana del 1988, el salario mínimo actualizado de Lula, las jubilaciones de los pobres del campo, la Bolsa Familia, el pre-sal…

Estos son los objetivos subyacentes de la ofensiva bulliciosa del conservadurismo.

El tamaño del contrato requiere arra
ncar las piedras del camino, siendo Lula la piedra angular de una estructura, cuyo desplazamiento permitirá demoler al conjunto.

Permanecerán de pie montículos de testimonios desprovistos de relevancia política, salvo para destacar la magnitud devastadora del revés.

Quien critica -con razón, como lo hace Carta Maior, desde 2005- el letargo de los gobiernos y del PT ante el paso de ganso de la Liga de los Golpistas no deben alimentar ilusiones.

Vivimos un acelerado asalto al espacio político de la resistencia democrática en Brasil.

Con todas las virtudes y defectos catalogables, Lula es hoy una especie de pilar simbólico del suelo expandido alrededor de ese barranco que avanza aceleradamente sobre el legado de la lenta construcción de una verdadera democracia social en el país.

Decapitarlo con las azadas del descrédito y la sospecha -como se ha hecho- hasta arrancarlo del suelo de las posibilidades electorales, como se aúlla explícitamente, es el plan acariciado por la Liga Golpista desde 2005.

Una década de incesante labor en esta dirección alcanzó ahora su punto de inflexión.

» Con todas las virtudes y defectos catalogables, Lula es hoy una especie de pilar simbólico del suelo expandido alrededor de ese barranco que avanza aceleradamente sobre el legado de la lenta construcción de una verdadera democracia social en el país. Decapitarlo con las azadas del descrédito y la sospecha […] es el plan acariciado por la Liga Golpista desde 2005 «

¿Significa que las ambigüedades y vacilaciones petistas deben ser salvadas de críticas, avances y confrontaciones?

Al contrario.

La autocrítica y la superación de los errores cometidos es crucial para enfrentar una encrucijada de vacilaciones y decisiones angustiantes.

Pero cada crisis tiene una contradicción central.

Ignorar esta jerarquía o compararla en importancia a las demás, acostumbra ser devastador para la suerte y el destino de las grandes mayorías de una nación.

A la dialéctica dura de las transformaciones históricas no le importan las buenas intenciones avocadas en el camino.

El largo amanecer de una sociedad más justa es un laberinto de contradicciones, que inmoviliza, ahoga, destruye, desperdiga energía, escupe, vomita, patina, salta o retrocede en cada pendiente del terreno espinoso de la historia.

No retroceder en este entorno requiere, antes que nada, la renuncia a cualquier sectarismo para ver en medio de la neblina la contradicción central del recorrido y contra ella unir las fuerzas de la nación.

La contradicción central y objetiva del proyecto conservador hoy en Brasil es la existencia de una vasta mayoría de millones de familias que pasaron a disfrutar del empleo, sorber aires de consumo, aspirar a una ciudadanía plena, alimentar la esperanza en sí mismos y tener confianza en el horizonte de la nación, tras 12 años de gobiernos progresistas.

Juntas, forman una especie de pre-sal de posibilidades emancipadoras, cuya columna vertebral de discernimiento necesita ser doblegada para que vuelva a arrastrase con la cabeza gacha, deformada por la tragedia, resignada a no pertenecer a ningún lugar, y tampoco disponer de una voz, organización o liderazgo que hablen por ella.

La existencia de Lula dificulta el primer estirón de ese asalto. 

Si logran éxito en desmenuzar su cuello, disfrutando del silencio respetuoso de una parte de la izquierda y de líderes sociales, rápidamente el garrote conservador cerrará sus anillos sobre lo que resta del campo progresista para, de inmediato, asfixiar lo que realmente importa: la respiración social del pueblo brasileño. Qué hacer.

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