El malón mapuche

Chile 

El joven historiador mapurbe Fernando Pairicán pretende con su obra literaria visibilizar las demandas mapuches. Él quiere que todos conozcan la lucha de sus antecesores y que todos los chilenos reconozcan su identidad. En “Malón” analiza la rebelión de su pueblo para rescatar la tradición. Habla también de la politización de los mapuches y de la defensa de la tierra. 

Fernando Pairicán, escritor mapurbe
Leonel Retamal Muñoz- El Ciudadano {Chile) 

Pairicán (30) es guaripola, junto a otros nóveles historiadores mapuches, de una generación de jóvenes que bregan por hacer frente a lo que llaman “la historiografía tradicional Huinca”, de la que pretenden descorrer los maquillajes que han ocultado la profusa historia mapuche, invisibilizando sus demandas y contribuyendo a profundizar el relato de una sociedad chilena homogénea donde, como dijera Pinochet en 1979 “hoy ya no existen los mapuche, somos todos chilenos”.

Desde la Comunidad de Historia Mapuche en que participa, están en ese esfuerzo de recontar la historia mapuche y el primer libro de Fernando Pairicán “Malon. La rebelión del movimiento mapuche 199-2013″, pretende, en palabras del autor, “rescatar algo tradicional mapuche, que es el ngenpin, esa persona que antiguamente contaba la historia en el mundo mapuche y yo trato de hacerlo de forma escrita”.

Su libro ya fue presentado exitosamente en la Feria del Libro de Santiago 2014 y este lunes 17 será relanzado en el Centro Cultural Gabriela Mistral, GAM, a las 19.30 hrs y será comentado por Magdalena Cajías, Cónsul de Bolivia e Historiadora; Nibaldo Mosciatti, periodista Radio Bío Bío; Rolando Álvarez, Historiador IDEA-USACH y Jaime Huenun, poeta y uno de los prologuistas del libro, junto con José Ancan.

¿Cuál es la tesis principal del libro?

Las grandes páginas del libro están enfocados en el año ’80 en adelante, pero este proceso es imposible entenderlo sin el proceso de ocupación de la Araucanía. Entonces, en el primer capítulo visibilizo la voz de dirigentes de la época como (José) Mañil Wenü o el rol de (José Santos) Quilapán como toqui, viendo qué es lo planteaban los mapuche para detener la expansión del centralismo de Santiago, que ya estaban visibilizando en 1830.

Ellos realizan diversas estrategias políticas para detener este avance, que es distinto a los centralismo hispanos, porque plantea la civilización versus la barbarie y es un centralismo que lleva la modernidad, y para eso va a aplastar a los pueblos tradicionales.

El mundo mapuche se rebela, hay un malón, una rebelión restauradora. Lo que buscan Mañil Wenü y Quilapán es generar una rebelión restauradora del viejo orden colonial, de los pactos que se habían acordado con los hispanos y después con la República chilena y, por lo tanto, esta sociedad de frontera que mantenía espacios de autonomía del pueblo mapuche. Mañil Wenü escribía sus cartas desde territorio indígena y eso me parece bastante graficante, lo que refleja una postura de posesión, de ejercer soberanía territorial, diciendo aquí hay un “otro”, del Bío Bío al sur hay “otro”.

Ese es el primer capítulo y desde ahí replanteo el tema de que hay un ciclo organizacional mapuche fundamental para explicar el segundo ciclo del movimiento mapuche contemporáneo, además de darle realce a esas organizaciones que estaban un poco invisibilizadas.

Pero tu libro se aboca a entender lo que ocurre de 1980 en adelante…

Este segundo ciclo tiene continuidades, pero también rupturas. Creo que el movimiento actual nace de 1980 y perdura hasta el día de hoy.

Es la historia del movimiento mapuche autonomista o como yo lo llamo, la historia del segundo ciclo del movimiento mapuche contemporáneo, haciendo honor al primer legado que deja el movimiento mapuche que nace en 1910, encabezado por Manuel Aburto Panguilef, Ignacio Coñoepan, hasta que decrece ese 1960.

Malón no es fiesta 

¿Y a qué se refiere el concepto del “malón”?

Hace mención a la rebelión, a un levantamiento. Se trata de retomar un concepto mapuche que estaba un poco distorsionado, porque el malón desde la élite en el siglo XIX significaba pillaje, robo, asalto. Y en la década del ’60 el malón fue el carrete, desvirtuando un concepto que en la historia mapuche es muy importante. Entonces yo recupero ese concepto, y lo tomo como rebelión, para plantear que en la década del ’90 estamos frente a la rebelión de una parcialidad del pueblo mapuche en pos de conquistar la autodeterminación del pueblo mapuche.

¿Hay un malón a comienzos del siglo XX, con el Parlamento de Koz Koz, por ejemplo?

En 1910 no estamos frente a un malón, sino frente a una organización mapuche más tradicional que ocupa los espacios de la institucionalidad chilena para ejercer un poder político mapuche.

Lo que vemos en el período post ocupación de la Araucanía es un periodo de reducción y de chilenización de la sociedad mapuche, a través de las reducciones de tierra -estos pequeños espacios donde van a sobrevivir la gente de la tierra- las escuelas, que buscan re-educar y resocializar a los mapuches, bajo la lógica chilena y todo el aparato burocrático y las leyes que empiezan a quitarle la sociabilidad a los mapuche y se la llevan dentro de la institucionalidad chilena.

En resumen, lo que hace el parlamento de Koz Koz es una denuncia ante esta irregularidad que se está cometiendo y las organizaciones de 1910 nacen en respuesta a este proceso de reducción.

¿Qué sucede con los mapuche en los años 60’ con la reforma agraria?

La reforma agraria ocurre antes de caer el primer ciclo, porque todo el proceso de romper los cercos, de hacer la reforma, va a quitarle el capital político a las organizaciones y en el ’60 vemos el declive de ellas y vemos que la historia mapuche se inserta en el proceso de reforma agraria y rompe después, a fines de la década del ’70, con los centros culturales mapuche y Admapu, que se funda en el año ’81.

Todo el tema de la reforma agraria va a politizar a una sociedad mapuche -que siempre ha sido política- pero le va a dar instrumentos, formas, estrategias, para poder conquistar las tierras, que ya Miguel Coliqueo en 1916 gritaba en manifestaciones: “que nos devuelvan nuestras tierras ancestrales”.

¿Estos movimientos se están politizando al mismo tiempo que la sociedad chilena o están viviendo un proceso político aparte?

Creo que el primer ciclo lega una experiencia organizativa al segundo ciclo, estoy pensando en don Luis Huilcamán, que es miembro de la Corporación Araucana, va a fundar Admapu y es papá de Aucán Huilcamán. Ahí hay una experiencia que se traslada.

Entonces, la reforma agraria es importante, porque hay una devolución de tierras, pero el tema más interesante es el de las corridas de cerco y las tomas de tierras, porque son experiencias que se van a repetir en los ’90. Vemos aquí que las comunidades que van a ser emblemáticas en esta década, como Temulemu, encabezada por Pascual Pichún o Temucuicui en el caso de Ercilla, y otras que se están dando en este proceso, ya tienen una experiencia de trabajo político y politización durante la reforma agraria.

Es un proceso de politización que se va construyendo a través de la historia. Por ejemplo, don Aburto Panguilef, que es parte de la Federación Araucana, ya en 1925, habla de la República Araucana. En 1940 él estaba mirando a Israel, cuando consigue su estado y piensa que esta es la forma en que ellos se pueden plantear la República Indígena (1933). Ya está dando ingredientes políticos que a futuro se van a tomar o se van a reconceptualizar en en la idea de autonomía.

Todo esto se ve claramente con la diáspora de los mapuches que comienzan a habitar la periferia de los centros urbanos, cuando todos esos “mapurbes”, comienzan a generar canales de politización para la resistencia, como ciclo organizacional y también resistencias individuales, como el tema de las tradiciones y la cultura, ya que a pesar de las restricciones, se seguía hablando el mapuzungún en las rukas y en las reducciones (indígenas).

¿Entonces que carateriza el segundo ciclo que identificas en “Malón…”?

Hay factores estructurales que lo explican: uno es la chilenización neoliberal, como la llamo en el libro, en la cual, creo que estamos ante una nueva chilenización, pero bastante distinta a la que vivieron los abuelos de estas generaciones, porque tiene la particularidad de introducir un modelo económico que busca reformular al ser humano, como es el neoliberalismo, que no es sólo un sistema económico, sino también un sistema ideológico, que impone un sistema social y cultural.

El movimiento mapuche, como la sociedad chilena en su totalidad, se enfrentan a este modelo que busca resocializar a los sujetos y hacer creer que el individualismo y el consumo son la nueva utopía que nos va a llevar a la libertad.

¿Cómo se expresa eso en el mundo mapuche?

Con la división de las reducciones, a través de los títulos de propiedad individual. Lo que era la legalización de la ocupación en la Araucanía, con este nuevo proceso se buscaba chilenizar en su totalidad. Imponer la propiedad privada a través del decreto de ley del año ’79 que plantea en el artículo 1° “dejan de ser indígenas sus habitantes y pasan a ser chilenos”. Incluso Pinochet dice en su discurso de Villarrica “hoy ya no existen mapuches, porque somos todos chilenos”. Hay una nueva chilenización, bajo el tutelaje del sistema neoliberal.

¿Esto afecta el concepto comunitario en torno a la tierra, pero en qué momento comienza el problema con las empresas forestales?

Es en el año ’79 cuando se ataca el sistema más interno del mundo mapuche, con la llegada de las forestales, que es una forma de productividad moderna, propiamente neoliberal, las cuales comienzan a generar las plantaciones de la década de los ’80. Joaquín Lavín, en su panfleto a la dictadura “La revolución silenciosa”, del año ‘87, decía que “este es el nuevo cobre, que las forestales van a reemplazar el cobre”.

Por ende, se van a derribar los bosques nativos que empiezan a cambiar por estas plantaciones y ello genera todo un cambio en el ecosistema de la región, va a generar también la pérdida de tierras, que aún estaba peleándose bajo la figura de los títulos de merced. Con la llegada de este imperio económico, llega la contaminación de las aguas y la sequía de las napas subterráneas, el cambio del ecosistema, hace que se vayan pájaros y otras especies que son importantes para la cosmovisión mapuche y desaparecen las plantas medicinales.

Ya en los ‘90, cuando estas plantaciones están maduras y empiezan a ser cortadas, el mundo mapuche ya fue modificado y la gente mapuche comienza a sentir que están frente a un nuevo exterminio, como lo llaman sus dirigentes, que es bastante distinto a la ocupación de la Araucanía porque es un exterminio ecológico y económico.

¿Qué ocurre allí, hay un nuevo malón?

El mundo mapuche se levanta en defensa de la tierra para no perder lo que te conforma como mapuche, desde una hierba medicinal, hasta un pajarito que es de esa zona. La lluvia, todo el ecosistema, se está transformando a raíz de la imposición de este mundo neoliberal, que es mucho más moderno.

 

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