Liberales desunidos y sin liderazgo

Nicaragua 

Los representantes políticos de los partidos liberales todavía no lograron la unión del partido, a pesar de sus numerosos intentos. No tienen un liderazgo ni una visión clara compartida para regresar al poder. La mayoría conforma alianzas electorales pero sólo por intereses individuales. Además, no proponen cosas nuevas que contribuyan a la democracia del país. 

el19digitalErick Ruiz José – El 19 (Nicaragua) 

Los liberales vienen trabajando su unidad desde 1986 y no lo han logrado. Hicieron un intento en 1990 que les dio la posibilidad de demostrar su democracia e intereses por explotar las potencialidades del país, pero fracasaron. Sus intereses se quedaron solo en la egolatría y la mezquindad.

Hace un par de meses decidieron votar contra tres préstamos que sobrepasaban los 100 millones de dólares combinados para apoyar al sector producción, a la Policía Nacional y a proyectos de salud en el interior del país. Votaron en contra aduciendo intereses políticos. Dejando a un lado la salud y bienestar de miles de nicaragüenses que necesitan esas obras de progreso.

Para ellos; votar a favor de alguna ley actual es pasarse a la acera sandinista. Una actitud politiquera que no revela más que sus ansias por regresar al poder sin ofrecer confianza y mucho menos prestigio.

Wilfredo Navarro, liberal que ostenta la tercera secretaría en la Asamblea Nacional, no cree que las intenciones de unidad liberal se concreten. El dice: “La unidad me la guindo de la oreja”. Y además destaca que los fracasos de la oposición se deben a que las finalidades son electoreras y que son tan avaras que incluyen solo a los allegados de los “caciques” que pueden simbolizar un buen salario e inmunidad.

Este tipo de acciones, donde los liberales se olvidan de temporadas de insultos, traiciones y humillaciones mutuas, se dan cada cinco años. Cuando se avecina la justa electoral presidencial y aquellos lobos hambrientos salen de sus cuevas en busca de un curul que les dé un nombre y una posición con privilegios.

“Los liberales vienen trabajando su unidad desde 1986 y no lo han logrado. Hicieron un intento en 1990 que les dio la posibilidad de demostrar su democracia e intereses por explotar las potencialidades del país, pero fracasaron. Sus intereses se quedaron solo en la egolatría y la mezquindad”

Estamos en esos tiempos. En esos que dejan ver que los partidos de oposición actúan como guerreros de la avaricia; tratando de desprestigiar al gobierno de turno aunque no tengan argumentos ni vergüenza para atreverse a ello.

Y ni siquiera tienen el respaldo de la población. Ni de las encuestas se salvan como quedó evidenciado en el último estudio de M&R, realizado del 16 al 26 de junio 2014, que definió que la popularidad de los liberales sigue en caída libre con solo un 7.1% de la aceptación partidaria. ¡Borrados del mapa casi por completo!

Desde el 86 hay más de 300 documentos de unidad firmados por la oposición sin que uno sea serio o comprometido con una sociedad que necesita avanzar. Porque son grupos que llevan décadas de retraso político, estructural y organizacional y que quieren hacer milagros en cuestión de meses.

En la oposición no hay liderazgo ni visión clara. Hay “ayatolescos” e independientes que logran su escaño en el parlamento para luego retirarse del grupo por “diferencias irreconciliables”. Ni siquiera existe el agradecimiento entre ellos mismos porque se traicionan diariamente y solo funcionan como artistas de espectáculo para los medios de comunicación. Mucho menos tienen compromiso.

Incluso en sus bases hay graves disputas. En el PLI por ejemplo hay varias facciones que se reclaman la personería jurídica desde hace varios años. Ignorando a sus fundadores como Virgilio Godoy, que ha estado observando con su deteriorada salud como se pulverizan las organizaciones que deberían representar a una oposición constructiva que acepte sus errores para tratar de enmendarlos.

“En la oposición no hay liderazgo ni visión clara. Hay `ayatolescos’ e independientes que logran su escaño en el parlamento para luego retirarse del grupo por ‘diferencias irreconciliables’ “

Dice el periodista liberal Moisés Absalón Pastora que “en la oposición deben desaparecer los apellidos”. Ya los Arnoldo Alemán y los Eduardo Montealegre jugaron su tiempo y “no pueden pretender hablar de cosas nuevas”.

Ni siquiera pueden acudir a la empresa privada como hacían en los 90 porque ese sector trabaja de la manera más armónica con el gobierno. Firmando acuerdos y superando metas al unísono. Demostrando que el país no necesita más protagonistas de telenovelas de mafiosos que no tienen voluntad para aportar al crecimiento.

Emilio Álvarez Montalván dijo alguna vez que “se necesita un santo para que haya una procesión.” Y en este particular ya no existen indicios de un personaje que pueda transgredir sus principios políticos y se convierta en una opción de voto para un pueblo que se cansó de tantas decepciones y que ahora apuesta por proyectos sociales que poco a poco los han ido levantando; en medio de la crisis económica y social que agobia al planeta.

En Nicaragua hay un par de Torquemadas que quieren volver a ser parte de una Inquisición. Dispuestos a quitarse las máscaras de la vergüenza para evitar que el péndulo de la justicia deje de balancearse y les pase factura.

Y es así como a lo largo de más de 20 años han permanecido estos Torquemadas. Con cuentas pendientes con el pueblo que “gracias” a la inmunidad parlamentaria se mantienen engavetadas. Pero eso puede acabar de un momento a otro y por es que cuando suena el timbre de las elecciones salen corriendo a meterse “como la pobreza” en las listas de los aspirantes. Mientras más arriba, mejor.

Por eso no tienen oportunidad. Porque el pueblo ya los conoce. Son los mismos de siempre y no engañan a nadie.

Si alguien tiene esperanzas en esa utopía llamada “unidad liberal”; son ellos mismos. Creadores de historietas más falsas que la ficción y más débiles que techos de cristal.

  

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