Liberales contra la pluralidad de voces

Latinoamérica
Joe Emersberger

Mauricio Macri y el resto de los políticos de derecha de la región arremeten contra los avances en la democratización de la información para así tomar el control de los medios. Los gobiernos progresistas han utilizado regulaciones para romper el dominio que los ricos tenían sobre el debate público pero el retorno al neoliberalismo pone en jaque todo lo logrado.

Luna Maximiliano- Télam

Joe Emersberger- Telesur (Venezuela) 

Mauricio Macri, el Presidente derechista electo en Argentina, ya está tratando de tomar el control de los medios públicos. A pesar de ganar la presidencia con sólo el 51 por ciento de los votos y frente a un Congreso controlado por la oposición, podría tener éxito. Macri necesita toda la cobertura de los medios de comunicación que pueda obtener, tanto por razones personales como políticas. Macri y sus aliados ya están implicados en un gran número de escándalos de corrupción. Si la mitad de los medios de comunicación – que refleja el voto en las elecciones – están dispuestos a exigirle agresivamente que rinda cuentas, entonces él tendrá tiempos muy difíciles. El éxito a largo plazo de Macri requiere el tipo de medios que ayudaron a las dictaduras militares y al Gobierno electo. El mismo caso es cierto para el resto de políticos de derecha en América Latina en general.

La implosión económica de Argentina en 2001 – a consecuencia del menú de políticas de la derecha económica que han llegado a ser conocidas como neoliberalismo – fue tan horrible que los medios de comunicación no pudieron evitar el cambio progresivo. Historias similares ocurrieron en toda América del Sur, lo que dio lugar a la llamada “marea rosa” de los Gobiernos de Izquierda en la región. ¿Pero que si los ricos – a través de un político como Mauricio Macri – terminan en una posición de dominio del debate público de nuevo? Fácilmente podía haber ocurrido en Venezuela en 2013, cuando Henrique Capriles estuvo a dos puntos porcentuales de ganar la presidencia. El gran triunfo de la oposición venezolana en las elecciones de la Asamblea Nacional podría retroceder el reloj al año 2002, cuando los medios privados desempeñaron un papel crucial en el logro de un golpe militar. En Ecuador y Bolivia, el retorno a unos medios dominados por la oligarquía parece mucho menos amenazante en este momento porque los presidentes Rafael Correa y Evo Morales están en la cresta de la ola en las encuestas.

” Los gobiernos progresistas de América Latina han ampliado los medios de comunicación estatales y utilizado regulaciones para romper el dominio que los ricos tenían sobre el debate público. La prensa internacional y algunas ONG de alto perfil han demonizado previsiblemente este proceso como una ‘ofensiva contra la libertad de expresión'” 

Los gobiernos progresistas de América Latina han ampliado los medios de comunicación estatales y utilizado regulaciones para romper el dominio que los ricos tenían sobre el debate público. La prensa internacional y algunas organizaciones no gubernamentales de alto perfil han demonizado previsiblemente este proceso como una “ofensiva contra la libertad de expresión”. Pero para la gente que realmente valora la libertad de expresión y la democracia, la crítica que debe hacerse es muy diferente.

En Ecuador, Rafael Correa con mucha razón, llamaa la “prensa mercantilista” el más formidable rival de su partido político. Sin embargo, es difícil ver cómo las reformas a los medios que ha implementado desde que asumió el cargo en 2007 no podrían ser rápidamente deshechos si un Presidente de derecha y la Asamblea Nacional toman el poder – incluso si lo hacen en elecciones muy disputadas.

Considere el Informe Semanal de Correa por radio y televisión – donde refuta a los medios de comunicación y actualiza a la ciudadanía sobre su trabajo. Es muy popular, muy informativo, y una táctica clave que ha utilizado para nivelar el panorama de los medios, pero un Presidente de derecha podría poner fin al informe de inmediato. El programa sería cancelado o utilizado para repetir lo quedicen en los medios de comunicación de la derecha. En la actualidad, esa posibilidad parece muy remota por lo que Correa anunció que no se postulará para la reelección en 2017.

La derecha – con el respaldo de personas muy adineradas que son dueños de medios de comunicación y que son sus clientes más influyentes (los anunciantes) – no necesitan mantener el poder político a nivel nacional para tener una voz significativa en los medios y, al contrario de la fantasía, su voz ha estado muy lejos de ser silenciada en países como Ecuador desde el fin de la era neoliberal. Para los progresistas, por otra parte, una pérdida de poder político puede conducir rápidamente a que sean marginados de los medios de comunicación. La organización política de base es una capa importante de protección contra esto – una manera de evitar a los medios de comunicación. Sin embargo, los medios de comunicación son importantes– específicamente, tener los recursos para llegar a una audiencia significativa, importa tremendamente – y sería muy imprudente ignorarlo.

” Ningún proceso político (…) se puede realmente hacer ‘irreversible’. Sin embargo, mientras el público vea más a los medios de comunicación como algo que es verdaderamente suyo y responsables ante ellos –no políticos de alto nivel o, incluso peor, magnates que nadie eligió – más difícil será para las élites socavar la democracia “

Los medios de comunicación proporcionan (o se supone) un servicio democrático esencial. Deben permitir a los ciudadanos hacerlos responsables de sus actos, tanto a los funcionarios electos, como a las élites privadas no electas. Confiando en el poder concentrado –ya sea oficiales electos de alto nivel, propietarios millonarios y anunciantes – de los recursos para hacer esto, crea serios problemas, sobre todo cuando las élites en el Gobierno y en la industria privada se alían contra el público en cuestiones clave. Eso básicamente describe la situación en muchos países ricos como Canadá y el Reino Unido, donde los delirios son promovidos como lo que establece el estándar de la “libertad de prensa”.

Hace varios años, John Nichols y Robert McChesney sugirieron una ingeniosa solución a este dilema. Permitir a cada persona en edad de votar,control sobre una igual cantidad de dinero del Gobierno que él o ella puedan dirigir a cualquier medio de comunicación, sin-publicidad, sin fines de lucro, de su elección. Los fondos, básicamente valespara los medios de comunicación, provienen del Gobierno, pero el control de los fondos es compartido igualmente por todos los votantes. Irónicamente, esta idea se inspiró en un ensayo escrito en 1955 por Milton Friedman, economista de extrema derecha, que promovió que el Gobierno suministre vales como una manera de reformar la educación pública. Aplicada a la educación, la idea es un desastre, pero escoger qué medios de comunicación le gustaría ver prosperar no es igual en nada a escoger una escuela primaria para sus hijos.

Ningún proceso político, lo consideremos maravilloso o repugnante, se puede realmente hacer “irreversible”. Sin embargo, mientras el público vea más a los medios de comunicación como algo que es verdaderamente suyo y responsables ante ellos –no políticos de alto nivel o, incluso peor, magnates que nadie eligió – más difícil será para las élites socavar la democracia dominando el debate público. De hecho, más difícil será para las élites irresponsables existir en absoluto.

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