Redistribución y equidad

Ecuador

Las clases adineradas están indignadas. El impuesto a la herencia propuesto por Rafael Correa arremete contra sus privilegios. En definitiva se trata de un proyecto redistributivo que busca sustentar y ampliar los programas sociales. Es una solución realista, que se enmarca en el Plan Nacional del Buen Vivir. No se puede lograr la equidad sin afectar los intereses de los poderosos.

Rafael Correa, presidente de Ecuador- Foto: Hispantv

Juan Manuel Karg- Tiempo Argentino (Argentina) 

La decisión de Rafael Correa de enviar, el 5 de junio pasado, el proyecto de Ley Orgánica para la Redistribución de la Riqueza a la Asamblea Nacional provocó el inmediato descontento del sector más acaudalado de la sociedad ecuatoriana.

¿Cuáles son los fundamentos principales de esta propuesta? El trasfondo es una contundente cifra que el presidente ecuatoriano desplegó con intensidad durante los últimos días: el 2% de las familias ecuatorianas concentran el 90% de las grandes empresas del país. “Se evidenció la concentración de la propiedad. Eso es malo, es una de las fuentes de inequidad en Ecuador y en el mundo”, declaró Correa a los medios, para luego aclarar que el impuesto es solamente “para los grandes conglomerados que generan dinastías”.

Para los herederos directos –hijos, nietos, padres o abuelos- la nueva legislación prevé una tasa marginal de hasta el 47,5% que se aplicará sólo al 1% más pudiente. Este porcentaje es inferior al de las tasas marginales de Japón -55%-y de Corea del Sur -50%-, y apenas un poco más alto del que se implementa en Francia -45%- y en Estados Unidos y Gran Bretaña -ambos con un 40 por ciento-.

Uno de los primeros representantes de la oposición en manifestar su desacuerdo a esta medida fue nada menos que el banquero y ex candidato presidencial Guillermo Lasso, quien fuera asesor económico y embajador itinerante del gobierno neoliberal de Lucio Gutiérrez. Lasso condenó la nueva medida afirmando que “el Estado correista pretende acabar con la familia ecuatoriana”. Como se ve, una exageración que no se condice con lo acontecido en otros países: ¿o acaso se destruyó la familia japonesa, coreana, francesa, inglesa o estadounidense por la implementación de una política tributaria similar a la que pretende impulsar Correa en relación a las herencias?

Para el analista económico ecuatoriano Juan Carlos Jaramillo “con una tasa marginal del 47,50% los herederos jamás pierden el control accionario sobre las empresas de sus padres, por lo cual con esta tasa es falso también argumentar que se quiere acabar con las empresas familiares”. Fue en base a este argumento que el presidente ecuatoriano no se quedó atrás: criticó al “linaje, la dinastía” de Lasso y representantes empresariales y habló de un “capitalismo anacrónico” comandado por esos grupos familiares.

” Más allá del impuesto a la herencia en sí, lo que parece estar en discusión en Ecuador es hasta que punto el Estado puede intervenir autónomamente en la arena económica. Es una discusión que, a esta misma hora, también se da en el resto de los países que albergan gobiernos posneoliberales, sobre todo en un momento de menor crecimiento económico en toda la región “

Más allá del impuesto a la herencia en sí, lo que parece estar en discusión en Ecuador es hasta que punto el Estado puede intervenir autónomamente en la arena económica. Es una discusión que, a esta misma hora, también se da en el resto de los países que albergan gobiernos posneoliberales, sobre todo en un momento de menor crecimiento económico en toda la región, producto de una caída de los precios de los commodities, pero, sobre todo, de una rebaja en las previsiones de crecimiento a escala global.

De lo que se trata, en definitiva, es de sustentar -y ampliar- los programas sociales puestos en marcha por estos gobiernos posneoliberales, para lo cual se necesitan recursos. El argumento de Lasso -no aumentar impuestos a los que más tienen, sino reducirlos- tiene sintonía con propuestas de otros líderes opositores de la región, como Mauricio Macri en Argentina y Aecio Neves en Brasil, quienes anuncian que, de llegar a la presidencia, continuarían con las políticas sociales, pero sin tocar bajo ningún concepto los intereses empresariales. ¿Y de dónde sacarían el dinero, se preguntará usted? Vaya uno a saber. Ecuador, por lo pronto, propone una solución realista -similar a la efectuada en algunos estados europeos y asiáticos- para continuar su política social enmarcada en el Plan Nacional Buen Vivir 2013-2017: que los que más tienen, más aporten, apostando asimismo a una redistribución garantizada por la propia Constitución del país. El debate continental en relación a este tema se incrementará en los próximos meses.

Juan J. Paz y Miño C.- El Telégrafo* (Ecuador) 

Qué resistencia han generado las clases adineradas del Ecuador al respecto de un nuevo esquema de impuestos en el país! De repente, los protagonistas de las noticias pasaron a ser una serie de banqueros, comerciantes, industriales o agricultores; dirigentes de las cámaras de la producción han puesto su grito en el cielo; entre las capas medias crece el temor; hay sectores populares que entran en dudas.

Episodios así no son nuevos en la historia. Los amos saltaron cuando el general y dictador José María Urbina abolió la esclavitud (1851). Decían que se atentaba contra la propiedad privada; pero quedaron tranquilos cuando el Estado indemnizó a los sufridos esclavistas. Otro general y dictador, Francisco Robles, al abolir el tributo de indios (1857), que llegó a sostener hasta una tercera parte de los ingresos fiscales, se topó con los hacendados, para quienes ello arruinaría los campos, quitaba “protección” a los indios y los volvía vagos.

” Qué resistencia han generado las clases adineradas del Ecuador al respecto de un nuevo esquema de impuestos en el país! De repente, los protagonistas de las noticias pasaron a ser una serie de banqueros, comerciantes, industriales o agricultores; dirigentes de las cámaras de la producción han puesto su grito en el cielo; entre las capas medias crece el temor; hay sectores populares que entran en dudas “

Fue la Revolución Juliana (1925) la primera en crear el impuesto a las rentas, sobre ganancias del capital y hasta sobre herencias, lo que provocó el estallido de los ricos, que anunciaban la muerte de la empresa privada y la confiscación de los frutos del trabajo personal. También los julianos crearon el Banco Central (1927), que la oligarquía bancaria de Guayaquil atacó, pues “el oro de la Costa se quieren llevar los serranos”.

Cuando se dictó el Código del Trabajo (1938) otra vez los ricos se destaparon: aumentaría el desempleo, se atentaba contra la libertad de contratación, nos caería el “comunismo”. La dictadura pronorteamericana y anticomunista que dictó la Ley de Reforma Agraria (1964) fue acusada de “comunista” y los hacendados, acompañados por industriales, banqueros y comerciantes ligados familiar, social o políticamente a sus intereses, anunciaban la fuga de capitales, la ruina del país y la miseria y desprotección de los indios, que quedaban sin “huasipungos”.

La Constitución de 1945 fue atacada por “comunista; la de 1979, primera en aprobarse por referéndum, como “estatista” y también “comunista”: era un horror que esta Constitución consagrara un sector estatal de economía y que el petróleo lo controlara el Estado.

En la década de 1960 un tema central en la economía fue la redistribución de la riqueza, postulado eje de la Cepal. Estuvo claro el papel del impuesto a la renta para esa redistribución. También se discutía sobre la herencia, pues se sabía bien que era un mecanismo que, sobre todo, perpetúa el dom
inio de las clases adineradas. Y los estudios de entonces también advertían los límites al desarrollo que genera la empresa simplemente “familística”.

” Fue la Revolución Juliana (1925) la primera en crear el impuesto a las rentas, sobre ganancias del capital y hasta sobre herencias, lo que provocó el estallido de los ricos, que anunciaban la muerte de la empresa privada y la confiscación de los frutos del trabajo personal “

Y en el Ecuador actual, uno de los países que todavía ocupa los primeros lugares de inequidad en el mundo, parece que “todos” han tenido propiedades, que “todos” han creado alguna riqueza “con el sudor de su frente”, que “todos” quieren dejar algo a sus descendientes y que “todos” pagan sus impuestos. En el país quiere triunfar la ideología del dominador y “todos” se inclinan por defender a los ricos. (O) 

Werner Vásquez Von Schoettler- El Telégrafo (Ecuador) 

Tanto revuelo ha causado el tema de los impuestos a las herencias que sorprende la diversidad de reacciones de algunos sectores. Las primeras sorpresas vienen de aquellos que dicen que este país se ha empobrecido, que la clase media está golpeada hace años, que no hay trabajo, que los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos, que no se apoya los emprendimientos, que las salvaguardias nos hunden,  etc., etc., etc. Resulta ahora que medio mundo ha acumulado tanto que están preocupados de qué van a dejar a sus pobrecillos hijos, que no saben qué les deparará el futuro, que sin esos recursos quedarán casi casi en la orfandad. 

Entonces eso de que la educación es el futuro, de que es la mejor inversión en la vida, de que los valores, los principios, la moral, la ética, Diosito, Jesús, la Pachamama, la venida del Papa, etc., etc., etc., no ha importado nada; sino cuánta plata se les va a dejar a los “herederos”. La sorpresa es mayúscula cuando hasta los que se dicen de izquierda, socialistas, alguno que otro progresista, están dolidos de que se grave a las grandes fortunas. ¿Cómo entender semejante reacción? ¿Cuánto tienen, cuánto han acumulado? De los sectores de derecha se podría decir que se entiende la reacción pero no se comprende que defiendan a los más ricos.

” Querer justicia, igualdad, equidad pero no cambiar nada. Querer que todo cambie pero continuar con privilegios y prebendas. Querer una sociedad con seguridad social pero no repartir nada. En esto no podemos ser ingenuos: debemos  avanzar con fuerza en la redistribución de la riqueza, ya que esto multiplicará la riqueza social, el empleo, la calidad de vida, la innovación, la economía del conocimiento, el talento humano, los emprendimientos “

A aquellos que no cederán ningún espacio económico, social, cultural para que entren en sus finos círculos. Lo peor de las reacciones vienen de aquellos que piensan que la riqueza la hace una persona y punto. Que piensan que el capital viene de la nada y de la nada de reproduce, casi mágicamente. Que piensan que solo su esfuerzo es el que hace que tengan ingresos. Es un doble juego: por un lado, si se trata del trabajo saben que necesitan a otros para explotarlos. Son aquellos que disfrutaron de enriquecerse con la tercerización y no tuvieron vergüenza alguna de hacerlo. Los que evadieron por años el pago de impuestos. Los que se enriquecieron pagando salarios bajos y que les duele una ley como la de justicia laboral.

Los que trataron al “servicio doméstico” como servidumbre y en condiciones de casi esclavitud; y, por otro lado, cuando se trata de las ganancias, la amnesia emerge con fuerza. Reclaman que lo ganado es por propio sacrificio, casi mártires y héroes solitarios que han hecho que el capital se multiplique. Se puede criticar que la forma de plantear el tema de las herencias no haya sido la  mejor; que quizás se debería haber puesto el énfasis en los mecanismos de evasión fiscal como los fideicomisos, pero no cabe duda que este tema ha causado revuelo y demuestra las hipocresías sociales.

Querer justicia, igualdad, equidad pero no cambiar nada. Querer que todo cambie pero continuar con privilegios y prebendas. Querer una sociedad con seguridad social pero no repartir nada. En esto no podemos ser ingenuos: debemos  avanzar con fuerza en la redistribución de la riqueza, ya que esto multiplicará la riqueza social, el empleo, la calidad de vida, la innovación, la economía del conocimiento, el talento humano, los emprendimientos. Quienes tienen miedo de una medida así son los que con su acumulación impiden el desarrollo del país. No es la clase media, no son los sectores populares los afectados, sino los privilegiados. La clase media no puede dejarse confundir. No debe asumir la defensa de aquellos que históricamente los han oprimido.

 

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