El MAS no se agota y Evo tampoco

Bolivia

El festejo de la oposición por los resultados de las elecciones del domingo no tiene razón de ser. Si bien ha sido un golpe duro para el MAS la derrota en La Paz y El Alto, las tres victorias regionales de los antioficialistas no logran trascender para proyectarse con chances ciertas hacia una propuesta seria a nivel nacional. No hay unificación ni un futuro promisorio. 

Evo Morales

Mariano Vázquez- Cuadernos de Cooyuntura UBA (Argentina) 

En las elecciones subnacionales en Bolivia el MAS se impuso en cuatro de nueve gobernaciones. Consolidó su triunfo en Oruro, Potosí, Cochabamba y Pando y la oposición dividida se quedó con La Paz, Tarija y Santa Cruz. Beni y Chuquisaca disputarán una segunda vuelta en mayo. ¿Qué pasó entre la contundente reelección presidencial de Evo en 2014 y la pérdida de algunos bastiones históricos del MAS en estas elecciones? Los desafíos electorales para el 2019.

El pasado 29 de marzo se desarrollaron las elecciones subnacionales en Bolivia, cuyo resultado merece varios análisis para el Movimiento Al Socialismo (MAS) liderado por Evo Morales. Un primer dato nos muestra que el partido del presidente Evo Morales es la única fuerza nacional, ha logrado obtener la primera minoría en los votos para gobernadores, alcaldes y asambleístas departamentales, y conservar su impronta en todo el territorio. De nueve gobernaciones, se impuso en cuatro. La oposición se quedó con tres, pero estas no fueron obtenidas por una misma sigla partidaria. En las dos restantes se disputará en mayo una segunda vuelta entre el MAS y dos fuerzas opositoras. En el caso de Chuquisaca, el oficialismo quedó a un punto de ganar en primera vuelta.

” ¿Podemos decir que el domingo ganó la oposición? No, porque esa victoria no es de una formación unificada. Por el contrario, su dispersión y su carácter regional muestran un futuro incierto. Las derrotas del MAS, sobre todo en bastiones históricos, se debe más a las internas en el propio instrumento político que a las virtudes de sus contrincantes “

En la tienda anti-Evo no hay unidad. No hay espacio que condense esas lógicas locales. Las tres victorias son regionales, de formaciones que no logran trascender el ámbito micro para proyectarse con chances ciertas hacia una propuesta seria a nivel nacional. La esperanza reside en que los políticos electos tanto en la Gobernación de La Paz (Felix Patzi), como en Tarija (Adrián Oliva) y en la Alcaldía de El Alto (Soledad Chapetón) puedan impulsar desde esos cargos ejecutivos una alternativa al único líder nacional que hoy tiene Bolivia: el presidente Evo Morales. Son caras nuevas, jóvenes. No sólo de ellos dependerá.

De todas formas, no se puede tapar el sol con un dedo. Ha sido un golpe durísimo para el proceso de cambio la pérdida de la Gobernación de La Paz y la simbólica ciudad de El Alto, más la alcaldía de Cochabamba, que constituye un llamado de atención sobre los candidatos impuestos para dirimir esas batallas y la estrategia de campaña que se empleó, que muchas veces fueron abiertamente en contra de los deseos de los movimientos sociales. La propia militancia del MAS demostró que no hace seguidismo y que es capaz de castigar duramente a los propios si los considera ajenos al proyecto político. Asimismo, el liderazgo de Evo se muestra intransferible. Su carisma, su imagen positiva, su arraigo no permearon en los candidatos. Cuando él no está, se resiente la votación al MAS. Desde 2006 en adelante este es un dato incontrastable: Morales ganó en 2005 con el 53,7%; en 2008 con el 67%; en 2010 con el 64%; y en 2014 con el 61%. En las elecciones regionales que subsiguieron a las nacionales esos porcentajes jamás se repitieron.

El voto castigo a las caras del MAS en La Paz se pudo observar en la imposibilidad de Felipa Huanca de retener la gobernación para el oficialismo, obteniendo apenas un 30%, mientras que el ganador, Félix Patzi, alcanzó el 50%. Lo paradójico es que la Asamblea Departamental estará dominada por el masismo, lo que demuestra el voto consciente y cruzado de sus bases.

Hace apenas cinco meses, el presidente Evo fue reelecto y en el departamento de La Paz obtuvo casi el 69% de los votos, contra apenas el 14,7% de su inmediato perseguidor. Para muestra basta un botón. O dos.

” En la tienda anti-Evo no hay unidad. No hay espacio que condense esas lógicas locales. Las tres victorias son regionales, de formaciones que no logran trascender el ámbito micro para proyectarse con chances ciertas hacia una propuesta seria a nivel nacional “

En el caso de El Alto, la ciudad aymara que se rebeló contra el neoliberalismo y fue el eje de la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, los números fueron similares. El alcalde Edgar Patana, que apuntaba a su reelección, apenas alcanzó el 32% y la joven Soledad Chapetón le arrebató sin pestañear este bastión del MAS con el 54%. La sociedad alteña cuestionó duramente la ineficiencia del quinqueño de Patana. En los pasillos de la Casa de Gobierno, se responsabiliza a los movimientos sociales de esa urbe por el sostenimiento de su candidatura.

El sistema electoral boliviano concentra la elección nacional y regional en pocos meses. Luego sobrevienen casi cinco años de silencio electoral. Recién en 2019 se volverá a votar, cuando se cumpla el tercer mandato de Evo Morales (habrá gobernado 14 años, con lo que se convertirá en el mandatario que más tiempo perduró en el cargo en la historia de Bolivia). El MAS enfrentará entonces el desafío de su sucesión y la oposición deberá buscar un liderazgo nacional con una figura que no esté atada al pasado colonial y neoliberal que la sociedad repudia.

¿Podemos decir que el domingo ganó la oposición? No, porque esa victoria no es de una formación unificada. Por el contrario, su dispersión y su carácter regional muestran un futuro incierto. Las derrotas del MAS, sobre todo en bastiones históricos, se debe más a las internas en el propio instrumento político que a las virtudes de sus contrincantes.

La euforia de la oposición puede ser peligrosa. La autocrítica del propio presidente Evo en una conferencia de prensa, por momentos descarnada, con la admisión de errores que muchos pensaron que sólo se podrían formular en ámbitos privados, demuestra que la dinámica del MAS está lejos de agotarse.

 

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