La historia de Manu Chao en vinilo

Latinoamérica

Una presentación de los discos de Manu Chao en vinilo, que empezó en Argentina y se extenderá al resto de la región, se convierte en una buena excusa para recorrer su historia, su música y sus shows. Esta edición novedosa permite darse un banquete y disfrutar de lo conocido, mientras se espera la aparición de otras canciones, otro álbum, que será recibido por una multitud ansiosa.

Eduardo Fabregat – Página 12 (Argentina)

Sucedió en julio de 1992 frente a un Estadio Obras despoblado, aunque el correr de los años hizo sumar asistentes hasta un número que hoy quintuplica la capacidad del estadio de Avenida del Libertador. El grupo ya había desfilado por el centro porteño, pero en ese recorrido fue más visible la performance de la compañía Royal de Luxe; lo más resonante hasta ese momento había sido la escena protagonizada por Tomás Darnal, el tecladista que, al comienzo de la entrevista de Mario Pergolini en La TV Ataca, había tirado un monitor al piso al grito de “¡La TV es una mierda, salgan a vivir!”. Pero entonces Mano Negra salió al escenario, y Buenos Aires se enfrentó a una clase de bestia nunca antes vista. Al frente de ese vendaval que cruzaba aires franceses, españoles y latinos con The Clash, un pequeño demonio empezaba a escribir su historia de amor con la Argentina. Desde entonces y luego de la disolución de la banda, José-Manuel Thomas Arthur Chao, mejor conocido como Manu, se convirtió aquí en un músico querido y convocante, tan capaz de llenar estadios como de improvisar tocadas en lugares ínfimos, de tocar en Obras y en All Boys y de dar un calenturiento show callejero en la Mar del Plata que le volteó el ALCA a George Bush Jr. Manu Chao se siente a gusto en la Argentina y la Argentina adoptó a Manu Chao: por eso no extraña que sea ésta la cabeza de playa de un desembarco para celebrar con ganas.

En la era del reverdecer del vinilo, el asunto es una excelente noticia: este lunes se puso a la venta, aquí y en breve en toda Latinoamérica, la discografía completa de Manu Chao, en una lujosa edición de discos dobles y hasta triples, en vinilo 180 gramos, con tapas desplegables y el CD también incluido. Ninguno de ellos se había editado en ese formato antes en este país: Clandestino (1998), Próxima estación: Esperanza (2001), Radio Bemba Sound System (2002), Siberie M’État Contée (2004), La Radiolina (2007) y Baionarena (2009) lucen ahora en las vitrinas, para delirio de un público creciente que redescubrió el placentero ritual de apoyar una púa en el microsurco negro. Como si fuera poco, el lanzamiento conjunto de Because Music (el sello independiente de Manu), la local 300 Producciones y la distribuidora DBN alcanza también a los estantes de las librerías: se reedita Siberie M’État Contée, agotadísimo disco-libro conjunto de Manu y el ilustrador polaco-francés Jacek Wozniak que nunca se distribuyó en la Argentina, y se lanza Manu & Chao… Il y á la mer la-bas au lon… (“Afuera está el fondo del mar”, 2011), descomunal diario de viaje del músico con fotografías nunca antes vistas, intervenidas por Wozniak. La palabra “festín” se queda corta. Y por ello corresponde entrar en detalles.

De la furia al juglar

La historia es más o menos conocida, y la relata Ramón Chao (padre de Manu) en las crónicas de El tren de hielo y fuego – Mano Negra en Colombia. Esa gira de La Mano, ya con Fidel Nadal en sus filas, siempre al filo del peligro a bordo del tren La Consentida, fue el golpe de gracia para una banda que arrastraba las consecuencias de tanta intensidad desplegada desde 1987. El canto del cisne de Casa Babylon dejó a Manu a cargo de su propio destino, convertido en trotamundos armado solo con su guitarra. Y el resultado de ese viaje sin fin, tocando en bares pequeños o donde fuera, le fue dando forma a una faceta creativa hasta ese momento inédita. Cuando vio la luz Clandestino – Esperando la última ola…, los seguidores de Mano Negra se encontraron con un Manu diferente. No es casual que ahora, al apoyar la púa a 33 1/3, vuelva a cobrar significado lo primero que el músico tenía para decir en 1998: “Solo voy con mi pena / Sola va mi condena / correr es mi destino / para burlar la ley…”.

Lo que nadie pudo imaginar fue el rebote que ese disco tan solitario iba a tener. Con su guitarra, su voz y un paquete de samples tomados en varios de los lugares visitados, Manu le dio forma a canciones de impacto inmediato como “Clandestino”, “Welcome to Tijuana”, “Desaparecido”, “Lágrimas de oro” y “El viento”. Clandestino se convirtió en hit mundial, entonces y ahora: evaporadas las primeras ediciones, la caótica situación financiera de EMI en los últimos años llevó a que, desde 2010, el disco se volviera inconseguible. Tres años después, Próxima estación: Esperanza dividió aguas: algunos protestaron por lo que veían solo como un Clandestino II. Y aunque es cierto que el segundo solista de Manu seguía los lineamientos del primero, también allí hoy pueden redescubrirse grandes momentos como “Merry blues”, “Mr. Bobby” y “La primavera”. De más está decir que el sonido analógico de los vinilos hace plena justicia al formato eminentemente acústico de las dos primeras aventuras de Manu: por momentos se produce la curiosa sensación de estar en el fogón con el tipo ahí, canturreando eso de “Welcome to Tijuana, tequila, sexo y marihuana…”

Encender la radio

Inmediatamente después de la separación de Mano Negra, Manu prefirió no herir sentimientos de sus ex compañeros utilizando el viejo nombre y armó una banda a la que bautizó Radio Bemba. El proyecto se diluyó después de algunos shows, sobre todo porque el espíritu errante de Chao complicaba tener una formación estable. Pero en 2001 Manu dejó atrás la etapa juglaresca, y para presentar las canciones de su segundo disco se alió con el bajista Gambeat (ex Mano Negra), el guitarrista Madjid Fahem, el baterista David Bourgnion y el percusionista Gerrard, el tecladista Julio Lobos, los vientistas Roy Paci y Gianni y el acordeonista B-Roy. El resultado fue Radio Bemba Sound System, disco en vivo que reactivó el fuego manonegrista y a la vez mostró otras facetas a la hora de empaquetar las canciones de Manu. El disco doble, registrado en varias actuaciones europeas de 2002, es una disfrutable combinación de lecturas energizadas de “Por el suelo” y “Tijuana” y nuevas versiones de clásicos de La Mano como “Mala vida”, “Peligro” y el inoxidable “King Kong Five”.

De a poco, Manu volvía a los orígenes: los shows de Radio Bemba (nombre tomado del sistema de comunicaciones utilizado por la revolución castrista) volvían a poner en escena eso que asombró a los 1500 asistentes de Obras Sanitarias: un continuo adrenalínico en el que las canciones se funden unas con otras, reaparecen citas a un tema anterior, se mezclan fragmentos de canciones propias y ajenas, una vampirización traducida en el cóctel explosivo de una banda lanzada en velocidad y bien convencida de lo que hay que hacer para tomar el escenario. A pesar de haber llegado nuevamente a ese estado de las cosas, el siguiente paso de Manu fue un disco de tono diferente, que se editó en Francia, cantado exclusivamente en ese idioma, y sólo llegó a estas costas por vía del tráfico personal.

A pesar de contar con el aporte de Radio Bemba, Siberie M’État Contée suena más al primer Manu solista. Sobre todo porque vino acompañado por el bellísimo libro ilustrado por Wozniak –un polaco tan políticamente comprometido que debió abandonar su país y radicarse en Francia–, y con un aire general desprovisto de las rispideces punk de concierto, más cercano al formato de canción y apoyado en la expresividad de la voz de Manu. El cantante incluso aporta un sentido homenaje a He
lno (Noel Rota), líder de Les Negresses Vertes fallecido un año antes, en la despedida de “Helno est mort”. Para el oído argentino, Siberie… es uno de los mejores hallazgos: un disco poco transitado (en España hubo una sola edición que agotó sus 150 mil ejemplares en seis semanas), que recuerda a algunos pasajes cancionísticos del Mano Negra circa Puta’s fever. El delicado cierre de “…Siberie…”, con un Chao más chanson que nunca, puso un paréntesis antes de la versión más reciente del pequeño demonio.

La furia otra vez

El 30 de septiembre de 2007, el mundo supo otra vez de Manu Chao. Pero no fue en Francia, ni en España ni en Argentina: el primer país donde se editó La Radiolina, término italiano para “pequeña radio”, fue precisamente en Italia. El enérgico punteo de guitarra en la apertura “13 días” ya pone en otro contexto la recurrente frase “No tengo calefacción / me hielo en la habitación”; canciones como “Rainin’ in paradize” o “Mama Cuchara” ponen un pulso rockero, pero fueron otros dos títulos los que provocaron otro rebote mundial para Manu. Uno fue “Me llaman calle”, bella canción de aires flamencos que formó parte de la película Princesas, de Fernando León de Aranoa, y terminó ganando el Goya a la Mejor Canción en 2005. La otra, claro, es “La vida tómbola”, homenaje a Diego Armando Maradona que le dio a Manu el enorme placer de filmar un video con el mismísimo 10 argentino participando en una tocada callejera.

La Radiolina, también con diseños de Wozniak, abrió la puerta para uno de los lanzamientos más llamativos de esta serie en vinilo: el doble CD + DVD Baionarena se convierte ahora en tres discos de vinilo (más los dos CD) que reflejan la calenturienta noche del 30 de julio de 2008 en el Arènes de Bayona. Allí donde España apoya su nariz en Portugal, el Radio Bemba Sound System (con el regreso del manonegrista Philippe “Garbancito” Teboul) entrega una performance incendiaria, que va de “Desaparecido” a “Mentira”, “Día luna, día pena” y una versión de “Me quedo contigo” (aquel amargo tema de cierre de Deprisa, deprisa, de Carlos Saura), pasando por páginas inolvidables de La Mano como “Mala vida”, “Sidi H’Bibi”, “The monkey” y “Machine gun”. Es lo último registrado hasta ahora por Manu, a quien no le falta precisamente material: en cada lugar que visita, el guitarrista y cantante da rienda suelta a sus canciones, y lleva registrada una enorme cantidad de material, en múltiples idiomas y estilos, que algún día irán viendo la luz. Imposible saber cuál será el próximo paso discográfico: mientras tanto, este banquete de vinilos permite zambullirse en un universo disfrutable de principio a fin.

El libro mágico

El postre llega en forma de libro de colección. Manu & Chao… Il y á la mer la-bas au lon… es una auténtica locura, producto de la simbiosis creativa de Manu y Wozniak (que a veces firman como Manwoz). Se entiende por qué este artista nacido en Cracovia en 1954 terminó publicando en Le Canard, Le Monde, Le Nouvel Observateur, Libèration, Playboy e infinidad de medios que quisieron publicarlo en Europa; si ya lo hecho en Siberia me ha dicho llama la atención, el trabajo de intervención de fotografías que hace en el diario de viaje de Manu es de un detallismo y un sentido estético que abruma. Las imágenes retratan el interminable derrotero del francés por el mundo (hay varias imágenes con los locos de La Colifata, y en una imagen en Sèvres se lo ve junto a un poster de… ¡Clara de noche!). Pero además del valor documental de las instantáneas, el dibujante agrega un universo de textos y dibujos que hacen de cada página una aventura. Y la impresión en Bélgica, centro mundial del comic, ayuda a que ese universo se disfrute en plenitud.

En salvajadas sobre el escenario o con la guitarrita en una peña ínfima; sumergido en la música o pateando calles, playas y sierras de todo el mundo; en la juventud del primer Mano Negra o con las canas que no consiguen quitarle brillo juvenil a la sonrisa y los ojos pícaros, el Manu & Chao retratado por la cámara y enriquecido por Wozniak parece la mejor síntesis de ese pequeño demonio que empezó a ganarse el corazón argento hace 22 años. Y que en cada regreso enarbola el grito de guerra de “¿Qué pasa por la calle…?”, y siempre encuentra una multitud dispuesta a responder.

 

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