Las víctimas de la inseguridad

Brasil

Mientras los niños y jóvenes negros sufren más de un tercio de los crímenes cometidos en el país, en su gran mayoría de manos de la policía que más mata en el mundo, ellos cometen menos del 2% de ese tipo de delitos. Los medios fabricaron en la opinión pública la idea que son los responsables por el aumento de la inseguridad, cuando en realidad son sus principales víctimas.

La policía durante un operativo en una favel - Foto: Archivo

Emir Sader – Blog (Brasil)

El primer valor para todas las personas es el derecho a la vida. Si ese derecho no está garantizado, de nada vale el resto.

En el Brasil de hoy vivimos una de las mayores transformaciones sociales de nuestra historia, donde las condiciones básicas de vida están aseguradas para toda la población. Sin embargo, las condiciones de seguridad para toda la sociedad -especialmente el derecho a la vida- hoy son negadas a un número cada vez mayor de personas, particularmente jóvenes de origen negro.

El genocidio de jóvenes negros es el mayor escándalo del Brasil de hoy. Las familias de estos jóvenes mejoraron innegablemente su vida en la última década, pero se elevó en casi un 200% el genocidio de jóvenes negros en esos mismos años.

Como correlato de este genocidio, Brasil tiene la policía más violenta del mundo. Estos fenómenos son posibles porque fue fabricada en la opinión pública la criminalización de los niños y jóvenes negros. De niños y jóvenes de las familias pobres de nuestra sociedad, que deberían merecer nuestra atención, nuestro cuidado, nuestro apoyo, pero pasaron a ser señales de riesgo, de peligro para la seguridad de los otros.

” Y esto no se convirtió en un escándalo, porque la situación de los niños y jóvenes negros está invisibilizada en nuestra sociedad, escondida por los medios de comunicación. Estos niños y jóvenes no son de las familias de clase media y de la burguesía. Los que mueren, los que están amontonados en las prisiones, no son sus hijos, que no corren el riesgo de pasar por estas situaciones “

Mientras que estos niños y jóvenes son víctimas de más de un tercio de los crímenes cometidos en Brasil -en su gran mayoría por la policía-, ellos son responsables de menos del 2% de los crímenes cometidos. Sin embargo, se fabricó diabólicamente en la mente de las personas la imagen de que estos niños y jóvenes son responsables por el aumento de los problemas de seguridad en nuestra sociedad y no las víctimas de la inseguridad, lo que se presta a una cruel discriminación contra ellos.

Así se construyeron clichés que permiten la masacre de jóvenes negros, con autorización y delegación de la opinión pública a la policía para su exterminio. Un mecanismo hediondo que hace que tengamos la policía que más mata en el mundo.

Y esto no se convirtió en un escándalo, porque la situación de los niños y jóvenes negros está invisibilizada en nuestra sociedad, escondida por los medios de comunicación. Estos niños y jóvenes no son de las familias de clase media y de la burguesía. Los que mueren, los que están amontonados en las prisiones, no son sus hijos, que no corren el riesgo de pasar por estas situaciones. No sólo no importa a estos sectores fundamentales para formar la opinión pública el destino de estos niños y jóvenes negros, como los consideran un riesgo para ellos, delegan, callan, no ven, y de alguna manera, aprueban, implícita o explícitamente su genocidio.

Sin embargo, incluso desde el punto de vista de su propia seguridad, estas personas nunca tienen la garantía total de su seguridad en tanto en nuestra sociedad haya personas que no tienen asegurada su vida. No alcanza con poner rejas en sus casas y en sus edificios, cerrar las calles, contratar policías privadas para sus barrios y hasta seguridad personal. No alcanzan todavía más cámaras de vigilancia, de nada sirve autorizar e incentivar a la policía para asesinar a estos niños y jóvenes.

” Incluso desde el punto de vista de su propia seguridad, estas personas nunca tienen la garantía total de su seguridad en tanto en nuestra sociedad haya personas que no tienen asegurada su vida. No alcanza con poner rejas en sus casas y en sus edificios, cerrar las calles, contratar policías privadas para sus barrios y hasta seguridad personal. No alcanzan todavía más cámaras de vigilancia “

Si no hay seguridad para todos, garantía de vida, de integridad física, derecho de ir y venir, derecho a vivir, terminaremos en una sociedad de guerra, de todos contra todos, de ojo por ojo, diente por diente, una sociedad del odio y de la intolerancia, de la violencia desenfrenada, como ya ocurre en algunos lugares del mundo e inevitablemente acabará llegando aquí también.

Aparte de que no podemos tolerar, financiar, delegar a una policía que mata a nuestros niños y jóvenes impunemente. No puede actuar en nuestro nombre. Basta que visibilicemos esta situación, para que se torne insoportable para los que todavía conservan un mínimo de humanidad. Por eso los medios de comunicación esconden, criminalizan a estos niños y jóvenes, condición previa para que sean exterminados. Sólo porque son deshumanizados, proyectados en las mentes de las personas como gente capaz de cometer crímenes atroces, es que luego pueden ser víctimas del genocidio cotidiano. 

Tres o cuatro o incluso diez de estos niños y adolescentes negros son muertos diariamente por la policía. ¿De qué lado estamos? ¿De los niños y jóvenes negros o de la policía? 

En verdad no deberíamos tener que elegir lado, aunque ahora debemos estar del lado de los niños y los jóvenes negros. Deberíamos desactivar estos mecanismos crueles, por los cuales terminamos siendo los autores intelectuales de este genocidio, que la policía comete en nuestro nombre, pagados con nuestros impuestos, usando el uniforme del Estado brasileño, actuando supuestamente para defendernos del peligro.

Desactivar estos mecanismos macabros supone reconquistar la opinión pública para una visión de paz y de convivencia entre las personas. Debemos hacer un gran equipo de trabajo nacional contra la violencia, contra la acción brutal de la policía contra los jóvenes negros en el Brasil de hoy. 

Sin esto, nunca tendremos una sociedad mínimamente humana, solidaria, democrática, un Brasil de todos y para todos.

 

Leer artículo en portugués aquí