Las fuerzas de la ocupación

Argentina

Roberto Mero – En la medida en que el recuento de votos siga siendo sólo una petición y no un hecho, la duda va a seguir existiendo en base a esa diferencia ‘milimétrica’ del triunfo de Macri. Se convenció al pueblo de la victoria antes de las elecciones y esa probabilidad de trampa anunciada será la marca de inicio de una etapa peligrosamente anticonstitucional.

Bunker de Scioli en La Matanza - Foto: ArchivoRoberto Mero – Latinoamérica Piensa

La ola de fondo de la protesta por un fraude desembozado parece no alterar los proyectos de traspaso del mando. A Carlos Zannini se le niega el derecho del recuento de votos en Córdoba. Se tira la pelota para la semana que viene sobre las investigaciones de la Justicia Electoral con relación a las diferencias entre los cómputos definitivos de lo que no son sino planillas. Con premura que nada tiene de angelical sino de presión desembozada, Daniel Scioli debe aceptar ante Fantino que aceptó la derrota ante el peligro de “estallido social”. Esto recuerda a la rendición de Francia ante los nazis en junio de 1940, cuando aun ese país tenía más de 200.000 hombres armados hasta los dientes, pero la quinta columna política decidió la entrega. Esto recuerda a Manuel Azaña, rindiendo a la República Española aunque había resto para seguir. Puede ser triste reconocer que a algunos compañeros les falto coraje. Pero será más triste y peligroso el pasar por alto esta novedosa forma de dar un golpe de Estado por medio de una conferencia de presa, de periodistas y dueños de canales complotados, de nuestros dirigentes tartamudos y tímidos ante la enormidad de la manganeta. Una cosa es aceptar un resultado adverso y otra la dominación de una fuerza ocupante e ilegítima. Una realidad es la de un país partido en dos y otra la de un poder que se enseñorea en la ilegalidad. Es impensable que 40 millones de argentinos dependan de los estados de ánimo o las informaciones parciales de un órgano incierto como la Comisión Nacional Electoral. Si el macrismo triunfó por la ley, nada debe temer al recuento de voto por voto, urna por urna, mesa por mesa. Sin esa constatación (que le cabe a todas las fuerzas y a las cuales el FpV también debiera someterse) el Ejecutivo será de facto y las fuerzas que destaque no serán más que las de un ejército de ocupación, como en Francia en 1940. Con aval de Pétain o del silencio cómplice.

El silencio de las lápidas

Guardados durante doce años en nuestros cabales para no hacer frente a los provocadores, golpistas y dobermans a sueldo, en la noche del 22 de noviembre nos encontramos como un cuerpo sin resistencia. El corazón estaba allí y aún está, luego de una epopeya popular inimaginable aún dentro de nuestras pocas filas. Algo sin embargo faltó y algo falta. Faltó el plan alternativo ante el zarpazo macrista que los medios ya anunciaban que iban a dar segundos después del cierre del comicio. Y ahora falta la lucidez de entender que debemos pararnos ante la evidencia del chantaje: pasar por alto los turbios juegos de poder que harán de Macri un presidente de facto luego de haberse trampeado los resultados en las urnas. O bien hacer frente, con la Constitución y la legalidad a esta discreta elegancia del empioje, que llama a la paz social si aceptamos el fraude. Porque el fraude no significa sólo que quizá hayamos ganado por una diferencia milimétrica y que se quieran ocultar los resultados. El fraude significa que esta mitad del pueblo debe agachar la cabeza, no por el resultado de las urnas sino por la velocidad de los medios, su presteza y el desenfado de los ladrones a sueldo. Lanata no se va porque no tenga más pauta. Sáenz no abandona el barco porque no le dieron el puesto. Se van porque aún temen que ese globo mentiroso de resultados truchos estalle y sea desnudado que todo se trató de una manganeta. De un triunfo quizá arrancado a fuerza de pistola. ¿Se prueba, no se prueba? Los festejos compulsivos ante la despedida de la Presidenta, los silencios anormales del poder popular aún en el puesto, la falta absoluta de reclamo ante los organismos internacionales. Hay demasiado en todo esto que recuerda a los sepulcros laqueados. Mucho mármol y lagrimitas por afuera, flores muchas, pero la pudrición final por debajo.

Ya no es tiempo de penas ni velorios

Vieja práctica de la mafia en el box para que un buen boxeador no siga y pierda: tirarle la toalla en medio del ring, cagarse en él, dejar pasar la trampa. Los marinos ingleses agonizantes exigían que se les cosiera la nariz, para evitar ser arrojados al mar aún estando vivos. En este vasto entierro de un sueño colectivo, los medios, sus secuaces y sus cómplices (del lado que vengan) están jugando con nuestra pena para que aceptemos la desgarradora fatalidad de la muerte aunque estemos vivitos y pataleando. No hay más tiempo. El momento de la definición se acerca. La Justicia Electoral juega sin embargo a soplar la plumita, a desembozarse del reclamo de Carlos Zannini, a pasarles a otros la cruel carta del “culo sucio”, como si se tratase de un juego dominguero. Las urnas están allí, los votos también y que nadie dude que desaparecerán por arte de magia o por orden de Macri, una vez que se aplique la orden inevitable de las llamas. Que si decimos adiós el 9 de diciembre. Que si acompañamos a las Madres el 10. Que si La Cámpora organiza. Que si sí, que si no. Repuestos del golpe mediático de la noche del 22 de noviembre, visto que lo que nos espera es ser dirigidos por la sumatoria de ambiciones en banda organizada, la pregunta a hacerse es: ¿defender el recuento de votos cueste lo que cueste, con la ley de nuestro lado? ¿O bien aceptar en la melancolía que Cristina vuelva y la Historia un día demuestre que sólo se trató de una estafa a escala inusitada? ¿Y después qué? ¿Y ahora qué? No me resigno a este velorio ni a esta pena ni a enterrar a los muertos que gozan y luchan por la Patria en estado de perfectísima salud.

Probabilidades de una trampa anunciada 

“Ya está, ya perdimos, ya fue”, la frase imperante del derrotismo ante el rechazo del recuento de votos parece la continuación del “ya está, ya ganamos, ya se van”, que empleaba el macrismo como disco rayado. Buscaron convencernos de lo que aún no existía. Ahora intentan hacernos digerir lo que aún no existe. Es decir, ante la inmensa duda de resultados “milimétricos”, el recuento de votos que posibilite confirmar o no quien fue el vencedor de los comicios del pasado 22. Macri ya lo había preparado por SMS: “Salir a las 18,10, sea cual fuere el resultado”. Si no ganaban, la pudrían. Y si empataban, la pudrían también. En otras palabras: perder no era para Cambiemos de ninguna manera posible porque ya habían instalado el chantaje de quebrar el orden constitucional por cualquier medio que fuese. La trampa ya estaba anunciada. Fueron las urnas quemadas en Tucumán el primer aviso, suerte de laboratorio del incendio prometido. En repliegue, a pesar de la epopeya popular que se cargó al hombro la segunda vuelta, alguien dio la orden de mirar para otro lado. Alguien la está dando, mientras juega a la difícil cuerda floja de dejarnos culo al aire. Curiosidad: nadie de este lado afirma que ganamos. Como ese 25 de Mayo, cuando estaban ya enroñando el movimiento de la Revolución, el pueblo quiere saber. El Pueblo quiere saber si por ejemplo el Gobierno recibió amenazas de golpe de Estado por vía judicial (como en Paraguay y Honduras). El Pueblo quiere saber si el gobierno popular fue llevado ante el precipicio del golpe económico que había anunciado Melconián. El Pueblo quiere saber por qué Carlos Zannini recibe un “NO” al recuento de votos en Córdoba y por qué las autoridades electorales no se pronuncian y ponen los números en claro sobre la mesa, previa verificación de una Comi
sión Parlamentaria. Acá no se jugó a la monedita ni el premio a recibir es un osito de peluche. Las probabilidades de una trampa anunciada serán la marca de nacimiento de una etapa desconocida, peligrosamente anticonstitucional, violentamente ocultada.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.