Las fakenews de Bolsonaro complican el operativo de vacunación en el Amazonas

Las noticias falsas se desperdigaron con rapidez en las aldeas indígenas brasileñas, impulsadas muchas veces por el mismo Poder Ejecutivo que encabeza Jair Bolsonaro, negacionista de la pandemia. La primera vacunada contra el covid-19 en el estado de Amazonas, Vanda Witoto, contó que sus parientes la llamaron para ver “si se había vuelto un caimán”, una de las tantas hipótesis descabelladas que sostuvo entre chistes el mandatario para desincentivar la aplicación del inmunizante. 

El doctor Douglas Rodrigues, que trabaja con indígenas en el Amazonas desde hace cinco décadas. atribuye la desinformación a “un fenómeno reciente, impulsado por muchas noticias falsas sobre supuestos efectos de la vacuna, con varios orígenes, principalmente de grupos evangélicos”, pero que también “empiezan en Brasilia“.

Para contrarrestar las noticias falsas, los indígenas lanzaron una campaña bajo el hashtag #VacinaParente (VacúnatePariente).

El impacto de las declaraciones de Bolsonaro

Las noticias falsas y la exclusión de los indígenas que viven fuera de las aldeas fueron discutidas el lunes en un encuentro virtual de mujeres indígenas. 

La educadora de Minas Gerais Célia Xakriaba abrió el foro diciendo: “Nuestra presencia incomoda”, y llamó a no temer a la vacuna: “Lo que tenemos que temer es ser asfixiados por esa política genocida del gobierno Bolsonaro”.

Bolsonaro, quien negó constantemente la gravedad de la pandemia, que ya dejó más de 217.000 muertos en Brasil, llegó a cuestionar en diciembre los posibles efectos colaterales de las vacunas: “Si te convertís en caimán, es tu problema”, indicó. 

La frase llegó a las aldeas. 

Rodrigues nunca vio semejante resistencia entre las comunidades ante un fármaco. “Es realmente preocupante. Uno conversa, explica y consigue revertirlo en la mayoría de los casos. En otros, da trabajo y atrasa bastante la vacunación”, lamentó. 

Beto Marubo, de la Unión de Pueblos Indígenas del Valle del Yavarí, se encontró con una actitud “prácticamente de negacionismo” en dos aldeas de esa región fronteriza con Perú.

“Hay quienes quieren vacunarse y otros que (…) se niegan a hacerlo por creer que no es seguro, repitiendo lo que dice el propio presidente Bolsonaro”, afirma Joao Voia, indígena xokleng de Santa Catarina (sur). 

“Estamos yendo a nuestras aldeas para deconstruir eso”, dice Vanda Witoto en Manaos, la capital de Amazonas, arrasada por la segunda ola de la pandemia y por el colapso sanitario.

Vanda, cuyo nombre en su lengua materna es Derequine (“hormiga brava”), responde a quienes la interrogan: “Soy hormiga brava, no un caimán”. 

Douglas Rodrigues cree que la vacunación en las aldeas será finalmente “un éxito” porque experiencias previas, como las campañas contra el sarampión, tuvieron buenos resultados. 

La exclusión a los “indígenas de la ciudad”

Hay en Brasil unos 900.000 indígenas (0,4% de la población), según el censo de 2010. El gobierno priorizó en el plan de vacunación a los que viven en aldeas, que se benefician del sistema de salud indígena, en detrimento de unos 380.000 instalados en áreas urbanas.

“El gobierno cree que el indígena de la ciudad es menos indígena que el que de las aldeas”, critica Beto Marubo. 

En once meses, 932 indígenas fallecieron por covid-19 y más de 46.000, pertenecientes a 161 pueblos, se contagiaron, según la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil (Apib), cuyos balances incluyen indistintamente a aldeanos y urbanos.

Un estudio de la Universidad de Pelotas, de Rio Grande do Sul, mostró en julio que los indígenas de las ciudades tenían cinco veces más posibilidades de contraer la enfermedad que los no indígenas.

“Presentan más riesgo, viven en situación precaria. El riesgo epidemiológico está probado” y su exclusión de la vacunación se debe a los “prejuicios contra los indígenas”, sostiene Douglas Rodrigues.

Vanda Witoto, técnica de enfermería, llevó adelante durante meses actividades de atención preventiva casa por casa en el Parque das Tribos, comunidad donde viven unos 3.000 indígenas en la periferia de Manaos. Su trabajo en el área de la salud le dio acceso a la vacuna, y no su condición indígena.

“Aquí hay una vulnerabilidad grande”, cuenta desde el improvisado hospital montado en la entrada de la comunidad. Varias mujeres protegidas de pies a cabeza analizan síntomas y aíslan casos sospechosos en un espacio semiabierto, con seis hamacas. Vanda Witoto enumera las carencias sanitarias de la comunidad y responsabiliza al gobierno por la situación precaria.

Los indígenas, diezmados a lo largo de la historia por enfermedades traídas desde fuera, ven un riesgo suplementario de contagio en el aumento de las invasiones de sus tierras por mineros ilegales, que relacionan con los proyectos económicos del gobierno. 

El cacique Raoni Metuktire, emblemático defensor de la Amazonía, pidió la semana pasada a la Corte Penal Internacional (CPI) investigar a Bolsonaro por “crímenes contra la humanidad”, por “perseguir” a los indígenas, destruir su hábitat e ignorar sus derechos.