Las empanadas de Macri

Argentina
Roberto Mero

El régimen macrista carece de los cuadros políticos y económicos necesarios para dirigir el país y recurre al massismo y a la más rancia derecha peronista para establecer un pacto de gobernabilidad para darle viabilidad al proyecto de desmantelar la industria nacional. Puede contar con el visto bueno de Washington para endeudarse con el FMI, pero dinero, «money», no consigue.

Mauricio Macri junto a Sergio Massa - Foto: Archivo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Una empanada, antes de ser empanada, fue carne picada, tapa de masa, aceitunas, sal y cebolla. Luego de ser masticada y tragada, se hará un bolo de alimenticio y luego terminará en los recónditos misterios del inodoro. En cada uno de esos “momentos» de su «vida» la empanada fue muchas cosas juntas y terminó siendo otra. Con el régimen de Mauricio Macri pasa exactamente lo mismo. Antes de ser un gobierno, el actual régimen se compuso de un plan promocional de contenido neoliberal, promesas de distribución hacia la clase media de fondos que no tenía, de un espíritu de revanchismo de corte antipolular-antiperonista, y de una promesa de concentrar el poder en las corporaciones, que a su vez estaban en confrontación entre ellas mismas. Los «momentos» de su gestación (la fabricación de la empanada) contó con ingredientes precisos, pero incapaces de lograr una cierta continuidad en el corto tiempo. Dicho de otra manera, el macrismo fue un producto electoral para ser vendido en un momento eleccionario preciso, pero con corta fecha de vencimiento. Estos días muestran que los distintos «momentos» de su armado ya se han agotado para dar continuidad al conjunto del producto. El macrismo carece de los cuadros necesarios para dirigir el país, haciendo un llamado al massismo y al peronismo derechoso para poder establecer un pacto de gobernabilidad. El macrismo carece de cuadros económicos capaces de garantizar viabilidad al proyecto de desmantelamiento de la industria nacional y carece también de alternativas reales para aplicar en el mundo real: puede contar con el visto bueno de Washington para endeudarse ante el FMI, pero guita, lo que se llama money, no consigue. Por último, la empanada indigesta de sus orígenes ni siquiera es comestible para los “cacerolos” que la jugaron de cocineros. Las encuestadoras pueden hacer malabarismos con la «imagen positiva» de Ojitos Azules en la Ciudad de Buenos Aires, pero no explican el hecho que no exista hasta este momento una corriente policlasista organizándose para enfrentar al peronismo, que sí posee partidarios y militantes en todo el cuerpo social. Los saltos al vacío, avances provocadores, silencios y retiradas, auguran del macrismo un desgobierno político y social y al mismo tiempo una imposición del poder, por medio de la represión, donde el resultado será la violencia generalizada. Y este es el fantasma que con pánico observan sus antiguos defensores, advirtiendo que la empanada de carne duró un corto momento y que nadie se decide a tirar a la basura este menjunje hecho con materia fecal.

Diana Cohen Agrest o la belleza del verdugo

Princesa de la amalgama, la cinta scotch teórica y la malaleche jurídica, la bella novelera de la justicia, doctora Ana Cohen Agrest, publica en La Nación un artículo que es una apología del crimen organizado. O, para ser más precisos, un ataque en línea contra lo que la modelo-jurista enuncia como «Filosofía de la impunidad» y cuyos agentes siniestros no serín otros que un grupo de esbirros amparados bajo la etiqueta de «garantistas». Es decir, quienes sostienen la primacía de las garantías individuales y derechos humanos por encima del «orden» de la ley del Estado. La despampanante Cohen Agrest, mezclando servilletas y bananas, produce un artículo en el cual mezcla como si fuese un daiquiri a traficantes de drogas, kirchneristas, el ex miembro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y su «delfín» Alejandro Slokar, en un cambalache que significa, en otras palabras, lo siguiente: la única solución para confrontar los desvíos individuales (delitos, tráfico, homicidios varios) sería la aplicación de la ley del diente por diente, única capaz de exorcizar el mal ocasionado. Sin ninguna evaluación del hecho, sin la más mínima defensa individual en juicio garantizada. Al estudio y defensa de los Derechos del Hombre, la estimada vedette jurídica Cohen Agrest opone una fuerza de Estado del siglo XVI: palo y a la bolsa, y luego a la hoguera. Sin entrar en disquisiciones sobre qué crimen se ha cometido y quién lo ha cometido. Esta teoría del pelotón de fusilamiento se sostiene con datos improbables que aporta nuestra pompom-girl de los tribunales macristas, buscando denostar a Justicia Legítima, la organización de abogados y magistrados dispuestos a enfrentar la omnipotencia y prepotencia de un Estado que puede organizar el terrorismo estadual. A partir de los principios de la aplicación del Código Penal, saltando por encima las garantías constitucionales, la sensual Cohen Agrest busca desmembrar la defensa en proceso, elucubrar una alianza «crimen organizado y gobierno K» y concluir en una aceptación de entierro anticipado de la Justicia cuando exclama: «El acceso a la información pública y la noción de un Poder Judicial abierto y más transparente son una utopía en la Argentina de hoy». Meta fierro nomás, apenas velado. Y si el ahorcado no fue el culpable, no importa, ya que negro, “choripanero”, y seguramente porque «algo habrá hecho». Esta chica es toda una ternura.

El sueño imposible del peronismo evaporado

Respuesta a las razones que hicieron que Sergio Massa no se haya pegado un balazo en una muela al ser tratado en Davos de «jefe de la oposición peronista». No lo fue, no lo es. Pero quizá lo sea, en esa suerte de Disneylandia Peronista con la que sueña Ojitos Azules, donde las comparsas se pongan el traje de Mickey Mouse para cuando lleguen los turistas. No se trata ya de aquel peronismo adocenado y manso que soñaba el general Eduardo Lonardi con Alejandro Leloir, ni el camandulero y sindical de Juan Carlos Onganía con Augusto Vandor, o el simpático y payasesco de Carlos Menem bajo Raúl Alfonsín. Se trata de un peronismo light, suerte de Coca Cola sin Coca ni Cola, pero con etiqueta, presentable como prima fea. Un cadáver, en suma. Macri está realizando en estas semanas un casting de los figurantes que se disputarán el traje de Minnie Mouse, el Hada Madrina, de Blancanieves. Junta y rejunta el mazo pero siempre salen en la jugada fatal quienes se fueron quedando en la puerta del PJ, hace veinte años, como quien no tiene quien lo invite ni a un vaso de Talacasto. Julio Piumato, Luis Barrionuevo, la Chiche Duhalde, Julio Bárbaro y una secuela de estridentes impresentables que ya eran tumba y olvido en las primeras semanas de la impensable ola K. Juan Manuel Urturbey llega tarde a esos amores, como un amante actual a las intimidades pasadas de Sophia Loren. Podrá hacerlo, pero será un “has been”, un ya fue, un meador fuera del tarro. Esto no significa despreciar los intentos de los deseosos de romper la piñata. Ni mucho menos mirar con curiosidad esta voluntad de Macri de evaporar el peronismo en una turbamulta de sedientos. Quizá la información truncada de estos días, las reuniones de balneario y las críticas cruzadas que el poder moderaba, puedan dar la idea de una organización que se desgrana. Por mi parte creo que la realidad está muy lejos de esa tristeza. Si bien cada trompo parece girar en su propio eje, es la suma del movimiento de esos trompos la que está creando una dinámica invisible. Hace años que el sabio dedo de Perón no existe y las beodas intenciones de Alfonsín de reducirlo a Isabel Perón ya sabemos cómo terminaron. Esa mas
a irreverente e insurrecta de los militantes ignotos de la segunda vuelta ya ha cambiado el plan de repartijas que algunos tenían pergeñado. Son los que luchen los que ganaran sus laureles de gloria en cada una de las batallas que dirijan o en las que participen. Los que no se quedarán mirando la historia desde las estanterías de un viejo bargueño, paralíticos y polvorientos como caranchos embalsamados.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.