Disputa por el mar: ¿De La Haya a la ONU?

Bolivia y Chile

Luego de la presentación de los alegatos por la disputa marítima en La Haya, la estrategia boliviana ahora apuntará a cuestionar los argumentos chilenos e instalar su reclamo en los espacios regionales y multilaterales, incluso en la Cumbre de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre. El país andino, por su parte, intentará reforzar su actividad comunicacional.

El equipo diplomático de Bolivia antes de partir a La Haya- Foto: ABI

Miguel Espinoza- Cooperativa (Chile)

Han concluido los alegatos de Chile y Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en la controversia por la aspiración marítima del país altiplánico por volver al Pacífico con soberanía. Es por ello, que a poco más de una semana desde el inicio de los alegatos, ha llegado el momento de sacar algunas conclusiones y escenarios futuros en lo que respecta a las relaciones chileno-bolivianas.

En primer lugar, los alegatos de ambas partes eran los esperados, y que por cuestiones de procedimiento, debían ser básicamente los estipulados durante la fase escrita. Por ello, las “novedades” de estos alegatos fueron más bien el tinte usado por los abogados para persuadir a los jueces de la validez de los argumentos jurídicos presentados con anterioridad.

Por ahora, se estima que entre octubre y diciembre de este año, la CIJ se pronuncie respecto a la cuestión de competencia, habiendo tres alternativas posibles: 1) Declaración de incompetencia; 2) Declaración de competencia; 3) Abstención de la cuestión de competencia una vez conocido el fondo del caso. Para poder desactivar mayores gestiones ante la Corte, a nuestro país sólo le favorece la primera alternativa.

Ahora, que el presidente Evo Morales haya sostenido que existen planes “mucho más interesantes” en relación a su reivindicación marítima (sin especificar cuáles serían esos planes), nos lleva a suponer que – aunque esto de ninguna forma sería sorprendente – no se descartan otras vías en su estrategia reivindicativa, donde la insistencia de la cuestión marítima muy probablemente se instalará en los espacios regionales y multilaterales.

«En tal caso, la apuesta boliviana se podría reducir a lo siguiente; si la CIJ no pudo obligar a Chile a negociar con Bolivia un acceso soberano al Pacífico, entonces la comunidad internacional deberá persuadir a Chile a negociarlo mediante la instalación constante de este tema en los espacios multilaterales»

No es sorprendente por el sencillo hecho de que al observar históricamente la reivindicación marítima boliviana, nos daremos cuenta que este dilema ha transitado desde las negociaciones directas con Chile, hasta el cuestionamiento mediterráneo de Bolivia en todos los ámbitos posibles.

En tal caso, la apuesta boliviana se podría reducir a lo siguiente; si la CIJ no pudo obligar a Chile a negociar con Bolivia un acceso soberano al Pacífico, entonces la comunidad internacional deberá persuadir a Chile a negociarlo mediante la instalación constante de este tema en los espacios multilaterales.

Recientemente el presidente Morales ha traspasado el peso de la negociación a Chile, cuando hace sólo unos días – y una vez concluido los alegatos – manifestó estar abierto a un diálogo con nuestro país en caso de existir una propuesta desde Santiago. En esa misma oportunidad, el presidente boliviano cuestionó nuevamente el Tratado de 1904, afirmando que era “injusto, impuesto e incumplido”, y añadiendo que dicho tratado “no era intocable”. Como podemos ver, el hecho en sí mismo refleja que Bolivia mantiene su lógica de negociar entre lo bilateral y lo multilateral.

Por lo tanto, las señales que han ocurrido antes y después de los alegatos ante la CIJ, reflejan que en caso de no prosperar la vía jurídica, la controversia pasará del ámbito jurídico al político, y en particular, al político en los espacios regionales y multilaterales.

Bolivia tiene la plena convicción de que su causa es acompañada por los países de América Latina, y en ese sentido, la estrategia boliviana apuntará a cuestionar la postura chilena en los espacios regionales, no siendo descartable que en la habitual Cumbre de la Asamblea General de las Naciones Unidas a realizarse en septiembre, el gobierno de La Paz apunte en esa misma dirección.

«Ante esta situación, la estrategia que debería ser adoptada por nuestra Cancillería, es tomar un rol mucho más activo en su aspecto comunicacional y político, ya que precisamente esas serán las vías a las que muy probablemente apostará Bolivia en los meses previos al fallo de la CIJ por la cuestión de competencia «

Incluso Bolivia en algún momento ha señalado que su causa es acompañada por el mundo entero, en donde particularmente reveladora es la publicación del libro “Yo quiero un mar, un mar azul para Bolivia”, en el cual, se reúnen distintas expresiones de apoyo a nivel mundial para la causa boliviana desde 1926 hasta la fecha.

Ante esta situación, la estrategia que debería ser adoptada por nuestra Cancillería, es tomar un rol mucho más activo en su aspecto comunicacional y político, ya que precisamente esas serán las vías a las que muy probablemente apostará Bolivia en los meses previos al fallo de la CIJ por la cuestión de competencia.

Como lo hemos señalado, en caso de no prosperar la vía jurídica para Bolivia, el presidente Morales en conjunto a ex cancilleres y embajadores, ya están afinando otros planes para tratar la reivindicación marítima de su país.

Por todo lo anterior, es evidente que un escenario posterior a un eventual fallo de incompetencia por parte de la CIJ, de ninguna forma marcará el fin de las tormentosas relaciones chileno-bolivianas. Más bien, marcarán sólo el inicio de un cambio de estrategia.

Gonzalo Bedoya Herrera- La Razón (Bolivia)

Loable exposición por su sindéresis, consideraciones, dialéctica, señorío y coherencia de cuanto se dijo. Estas mis reflexiones: los compromisos tienen implicancias, resumen la intención de la palabra empeñada entre partes, sean litigantes o no, adversarios o amigos; sea por escrito o de manera oral, y refleja seriedad entre actuantes.

Se dice: empeñé mi palabra, di mi palabra de honor, cumpliré mi palabra, incluso una apreciación divina se refiere a la Palabra de Dios, léase honor. Inequívocamente es promesa formal, trasunta intención y obligación de cumplir. Es en extremo necesario que todos reivindiquemos el valor de la palabra (y de la memoria) cuando la empeñamos, siempre con la intención de cumplir.

Escuchamos frecuentemente que quienes nos precedieron hicieron todo mal, sin capacidad, patriotismo ni sensibilidad; y que lo hecho estuvo motivado por intereses oscuros, conveniencia personal y/o de grupo, con criterios de inmediatez, cuando no de prorrogación. Rescatemos la importancia de la historia, de la buena y de la mala, de aquella criticada, ensalzada o ignorada. Esa historia es precisamente la que sustenta nuestra posición merecedora de atención, aun cuando sea para reafirmar que quien ignora o menosprecia su historia, niega su propia existencia. Reafirmémosla constructivamente, en su verdadera magnitud, reconociéndola sin destacar solamente lo malo. Cada historia responde a un contexto, la historia no comienza con uno mismo, cuando menos no con uno siendo mortal.

» Nuestra aspiración y alegato serán motivo de profunda y amplia reflexión aun más allá del ámbito continental. Internamente debiera también ser motivo de reflexión general en todo nuestro quehacer personal y colectivo. Por las formas de nuestro reclamo en La Haya, percibo que no somos un país tercermundista «

Abundaron referencias al principio de buena fe, principio que debe ser
observado. No actuemos fraudulentamente, puesto que omitir la buena fe de una parte, faculta a la otra como agraviada a repudiar lo aseverado o negado por el contrario y a demandar su cumplimiento. La buena fe es una obligación positiva, nunca negativa y no incluye opiniones, sino hechos concretos. Es igualmente vinculante para las partes y es obvia que la inexistencia de buena fe debe ser expuesta por el agraviado. No manifestar su inexistencia desvirtuaría cualquier observación o repudio a las consecuencias de lo actuado y, reitero, no considera opinión, sino hechos fácticos incluyendo comunicaciones a, o información recibida de. ¡Qué mundo maravilloso tendríamos si todos actuásemos con la mayor buena fe, confiando, bajo idéntico principio, que las diferencias se resuelvan por un tercero idóneo! Precisamente es lo que debemos rescatar, las actuaciones de buena fe y la confianza en quien(es) sea(n) llamado(s) a resolver las discrepancias en un marco y sistema éticos y transparentes.

Otros principios y valores de este ejemplar proceso. Objetividad: ¿privilegiamos de forma extraordinaria la imperiosa necesidad de mejorar la educación en todo el espectro de nuestro comportamiento? Generosidad: parte de la sana intención, si existe, es cualidad, es virtud de los grandes. No solo es material, debe ser espiritual, espontánea, intrínseca a nuestra naturaleza. ¿Seguiremos mezquinando nuestra generosidad al no respetar el derecho de los demás?

Humildad: rescata consideraciones de humildad con firmeza, de humildad con convicción, de humildad con dignidad y de humildad con respeto. Esto a diferencia de frecuentes eventos donde apreciamos todo lo contrario. ¿Será que hemos iniciado con nuestro reclamo un camino de reflexión y cambio de actitud que generalizada, brindaría ambientes de mejor convivencia?

» Loable exposición por su sindéresis, consideraciones, dialéctica, señorío y coherencia de cuanto se dijo. Estas mis reflexiones: los compromisos tienen implicancias, resumen la intención de la palabra empeñada entre partes, sean litigantes o no, adversarios o amigos; sea por escrito o de manera oral, y refleja seriedad entre actuantes «

Respeto: mostró respeto, altura, madurez y responsabilidad, cualidades demandantes de emulación. Dícese que lo cortés no quita lo valiente, pero nuestro grado de respeto o cortesía es proporcional a la disciplina; por ejemplo, de nuestro tráfico vehicular en todo el país. No podemos decir te doy, pero a condición de… Y qué de la sana intención para creerte y que me creas, para respetarte y me respetes, para que quienes nos sucedan asimilen tales cualidades de honesto respeto, consideración y consecuencia. Lo contrario es mezquindad, sinónimo de pequeñez y atropello. ¿Habremos iniciado una verdadera revolución del comportamiento con el ejemplo de nuestra presentación en los Países Bajos?

Nuestra aspiración y alegato serán motivo de profunda y amplia reflexión aun más allá del ámbito continental. Internamente debiera también ser motivo de reflexión general en todo nuestro quehacer personal y colectivo. Por las formas de nuestro reclamo en La Haya, percibo que no somos un país tercermundista.

 

Leer el artículo de Cooperativa aquí

Leer el artículo de La Razón aquí