"Quieren debilitar al gobierno"

México 

Enrique Peña Nieto denunció a quienes se manifiestan para pedir justicia por los desaparecidos de Iguala. Este discurso puede ser tomado como una advertencia ya que, cuando los mandatarios mexicanos se enojan suelen ser peligrosos. Lo paradójico es que se mostró más molesto por las críticas a su ostentoso inmueble que por la proliferación de las “narcofososas”.

Redacción- Sin Embargo (México) Enrique Peña Nieto en el World Economic Forum en enero- Foto: rocksto.com

Las declaraciones de ayer del Presidente de México pueden tomarse de muchas maneras. La primera es que se trata de una vuelta más a temas que no han quedado plenamente aclarados, y que más bien se revuelven, y se revuelven, creando una mezcla cada vez más difícil de disolver. También puede considerarse una declaración a botepronto, sacada de la emergencia, porque son varios, en México y en el extranjero, que entre ayer y antier coincidieron en que Enrique Peña Nieto no puede dejar pasar más tiempo sin explicar, por ejemplo, el tema de su mansión en Las Lomas.

También podría entenderse que, en el contexto en el que estaba -en su estado natal Edomex- se vio obligado a elevar la voz y plantear con fuerza, otra vez sin datos sobre  las manifestaciones que debilitan su Gobierno y sobre las sospechas de corrupción que recaen sobre su propia casa.

Pero el discurso de ayer también puede ser tomado como una advertencia: el Presidente de México está enojado y los presidentes de México, cuando se enojan, pueden ser peligrosos. Es cosa de ver a Felipe Calderón, que dirigió el país a gritos y manotazos y dejó un cementerio. Es cosa de ver también a Gustavo Díaz Ordaz, que respondió con manotazos y gritos y provocó una ruptura al sistema que todavía hoy suelta pus.

También puede interpretarse el discurso de ayer, como un acto de intolerancia. Cuando se refiere a la “Casa Blanca”, y no da información para aclararlo, sino que estalla en cólera, lo que dice es que su enojo no es por información documentada sino contra los periodistas por hacer su trabajo. Cuando el Presidente se queda sin explicar, lo que realmente dice es que no tolera la crítica y entonces la considera amenazante. Mal presagio en una democracia. El tema de la “Casa Blanca” como el de Ayotzinapa son muy dolorosos para el país y han exhibido una falta de pericia enorme en el Gobierno. Si lo que sigue es endurecerse en lugar de aclarar, mal estamos en México.

Ahora resulta que además de todos los enemigos que los ciudadanos tienen por la inseguridad y la corrupción, se suma el de un Gobierno paranoico que ve complot y quiere hacer pagar a otros por los errores propios.

 

Jenaro Villamil- Proceso (México) 

El que se enoja, pierde. Así reza un viejo refrán. Nada más cierto, sobre todo, cuando se trata de la fiscalización de los políticos. Y más si se refieren al primer mandatario y a sus propiedades y bienes raíces, siempre bajo el escrutinio no sólo de la opinión pública nacional sino internacional.

Peña Nieto se enojó este martes 18 al volver a referirse al escándalo detonado por la información de Aristeguionline y Proceso sobre la “Casa Blanca” de Sierra Gorda 150, en las Lomas de Chapultepec. Por segunda ocasión en menos de 48 horas, el presidente mexicano hizo referencia a este asunto. Primero dijo que la información sería aclarada por su vocero Eduardo Sánchez. Y hoy modificó su versión señalando que será su esposa, la actriz Angélica Rivera, quien hablará sobre este asunto. ¿Pues no que ya estaba aclarado?

Lo único claro es que Peña está molesto por este tema. No por la presunta masacre de 43 estudiantes normalistas. No por el escándalo de las narcofosas que proliferan en todo el país. No por la impunidad derivada de estos hechos. No por los narcoalcaldes y los gobernadores que los encubren. No por la corrupción que penetra en todos los organismos políticos, lo mismo con donaciones en dinero para campaña que por donaciones “en especie”, como los bienes inmuebles.

Peña Nieto alzó la voz en el evento de Ciudad de la Salud para la Mujer, y afirmó que sobre este tema de la Casa Blanca “del que soy sensible y no sé si esté vinculado a esto que pareciera un afán orquestado por desestabilizar y por oponerse al proyecto de nación”.

” Lo único claro es que Peña está molesto por este tema. No por la presunta masacre de 43 estudiantes normalistas. No por el escándalo de las narcofosas que proliferan en todo el país. No por la impunidad derivada de estos hechos. No por los narcoalcaldes y los gobernadores que los encubren. No por la corrupción que penetra en todos los organismos políticos “

“En días recientes –abundó- y justamente cuando emprendía la gira de trabajo surgieron señalamientos sobre una propiedad de mi esposa, una propiedad en la que han señalado un sinnúmero de versiones y de falsedades que no tienen sustento alguno”.

¿Por qué, de una vez, no nos explica el primer mandatario cuáles son las falsedades y las versiones “sin sustento alguno”? ¿Por qué dilata su propia versión cuando ya el propio vocero presidencial ha mencionado el asunto en entrevista con Televisa? ¿En realidad se trata de aclarar o de demostrar que este asunto incomoda a primer mandatario?

Asumamos que la casa, efectivamente, está a nombre de Angélica Rivera y que fue resultado de un crédito con Ingeniería Inmobiliaria del Centro (filial de Juan Armando Hinojosa Cantú), así como la propiedad colindante –la de Palmas 1325- fue una “transferencia” de Grupo Televisa a su actriz de telenovelas.

Además de esta “Casa Blanca”, hay otras cuatro casas, tres terrenos y un departamento que Peña Nieto asumió como propios en su declaración patrimonial del 1 de diciembre de 2012, pero con datos incompletos y poco transparentes. ¿No es ésta una buena oportunidad de aclarar, de una vez por todas, las características de estas propiedades?

Según esta declaración patrimonial, a Peña Nieto le “donaron” seis de estos ocho bienes inmuebles. No se ha aclarado quién los donó ni dónde están ubicados.

 

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