Las causas de las inundaciones

Argentina, Brasil y Paraguay

El mal uso de los recursos naturales se encuentra entre los motivos de los desastres naturales ocurridos en el norte de Argentina, parte de Brasil y Paraguay. Las inundaciones causaron cientos de miles de evacuados en los tres países. La deforestación y las represas que alteran el régimen hídrico de los ríos de la zona están en los orígenes del problema.

ABC

Fundación Vida Silvestre (Argentina)

La Fundación Vida Silvestre Argentina señala al corrimiento de la frontera agropecuaria, la conversión de bosques en tierra para el monocultivo y las represas como las principales razones de las inundaciones que están afectando a la Mesopotamia, Formosa y parte de Brasil y Paraguay. Los desastres naturales registrados durante el último mes dan muestra del mal uso de los recursos naturales en el Alto Paraná. 

La deforestación de los márgenes de grandes ríos y arroyos en el Alto Paraná, de la mano de la conversión de superficies de bosques para la producción de monocultivos –principalmente de soja en Brasil y Paraguay- hacen que la tierra pierda su capacidad de absorción y el agua escurra, arrastrando sedimentos, directamente a los cursos de agua. Esta situación lleva al inmediato incremento de los caudales de los ríos y arroyos, generando inundaciones. 

“Los desastres naturales registrados durante el último mes dan muestra del mal uso de los recursos naturales en el Alto Paraná”

A esto se suma la existencia de varias represas sobre los cursos de aguas, en su mayoría en territorio brasileño, que alteran el régimen hídrico de los ríos Los espejos de agua de las represas -que se ubican donde generalmente había bosques o áreas con cobertura vegetal- tienen “infiltración 0”, es decir, que la lluvia que cae ahí deriva a los cursos de agua, contribuyendo a aumentar los caudales de ríos. Además, cuando las precipitaciones superan los límites de seguridad establecidos, las represas se ven sobrepasadas y obligadas a liberar gran cantidad de agua generando inundaciones en las zonas bajas. 

“La reciente crecida sobre el río Iguazú, que prácticamente hizo desaparecer a las Cataratas del Iguazú, y el actual desastre natural que está sufriendo la zona de El Soberbio, Panambí, Alba Posse y San Javier, son señales de alerta que deben ser tenidas en cuenta para instrumentar rápidas y eficientes medidas.” señaló Manuel Jaramillo, coordinador del Programa Selva Paranaense de Vida Silvestre.

Víctor Mendoza Andrade – El Telégrafo (Ecuador)

La información sobre las consecuencias de las inundaciones indica que, de las catástrofes naturales, estas son las que causan el mayor número de víctimas en el mundo. Se ha calculado que, en el siglo XX, 3,2 millones de personas han muerto por este motivo, cifra que significa más de la mitad de los fallecidos por desastres naturales en el período señalado.

En los países subdesarrollados estos eventos, además de las víctimas, tienen secuelas que  los afectan severamente social y económicamente, sobre todo a los sectores poblacionales del campo y de las ciudades más vulnerables, siempre localizados en lugares no protegidos. No porque ellos los eligieron (como algunos dicen), sino porque allí los dejaron estar.

Las inundaciones están relacionadas generalmente con las lluvias estacionales torrenciales que exceden a la capacidad portante de los ríos, pudiendo también originarse por eventos extraordinarios, como la rotura de una represa o actividades humanas depredadoras, como son la tala de bosques y la alteración de la cobertura vegetal protectora de los suelos en zonas con pendientes no aptas para los cultivos, facilitando la erosión, con el arrastre de grandes cantidades de materiales en suspensión, los cuales, acumulados en sectores de topografía plana de los cauces de los ríos, se sedimentan disminuyendo las dimensiones del cauce del río y aumentando el peligro de las inundaciones.

“En los países subdesarrollados estos eventos, además de las víctimas, tienen secuelas que  los afectan severamente social y económicamente, sobre todo a los sectores poblacionales del campo y de las ciudades más vulnerables”

Cuando en nuestro medio periódicamente las inundaciones se presentan, los expertos nos recuerdan los problemas de la erosión y la sedimentación de los ríos y nos repiten la receta: El despeje de los excesos de sedimentos (lo cual en condiciones críticas es una tarea ineficiente y difícil en la que solamente gana el contratista) y la necesidad de reforestar los sectores erosionables.

Al respecto de la erosión, las investigaciones realizadas en el sector de la cuenca aportante de la represa de propósitos múltiples Daule-Peripa (142.000 ha), los riesgos potenciales de erosión calificados como fuertes significaban el 80%, lo que significa una extensa superficie expuesta a la erosión.         

Según datos oficiales, la tasa de deforestación del país -cercana a las 80.000 ha al año- es alta y contribuye en forma significativa a la erosión. Es decir (para tener una idea de superficie agredida) en tres años deforestamos una superficie similar a la que tenemos sembrada con banano, lo cual nos advierte la urgencia que tienen los programas de la reforestación del control de la erosión.

 

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