Una denuncia y una vuelta esperada

Argentina
Especial

El brazo mediático-judicial tiene un objetivo: encarcelar a Cristina Fernández de Kirchner para destruir la imagen de uno de los mayores referentes de los procesos populares de la región, pero también para aleccionar y condenar a todo un proceso político. Detrás de la causa en su contra, una persecución judicial y un conflicto de intereses que involucra al gobierno actual.

Foto: Luna Maximiliano/ Télam

Luis Bruchstein- Página/12 (Argentina)

El oficialismo exhibe la cantidad de causas en contra de Cristina Kirchner como prueba de culpabilidad. Pero es al revés, porque cualquiera sea el acusado en esas circunstancias, el hecho de que no haya una causa bien probada, sino muchas muy publicitadas, ofrece más la idea de persecución judicial que de culpabilidad.

Cristina Kirchner debe ser la presidenta a quien le han abierto más causas en la Justicia. La oposición al kirchnerismo manejó jueces y fiscales como fuerza propia, lo que le valió que se abrieran muchas causas que no reunían los requisitos mínimos. A pesar de ello, fue exculpada en varias acusaciones por enriquecimiento ilícito. Sus bienes fueron ultra revisados, analizados y estudiados por investigadores, peritos contables y especialistas económicos que por amplia mayoría desestimaron las acusaciones. No debe haber pecunio más investigado. Ese esfuerzo investigador no pudo comprobar enriquecimiento ilícito, que sería la base para cualquier otra acusación.

Las dos causas que han avanzado son las que lleva el desprestigiado juez Claudio Bonadio, que se apuró para ocupar ese lugar protagónico en la ofensiva judicial contra la ex presidenta. Bonadio se benefició con la protección del macrismo y el radicalismo que bloquearon todos los pedidos de juicio político en su contra en la Magistratura. Son sus aliados. Pero Bonadio es un aliado incómodo por sus malos antecedentes.

El juez apresuró sus causas porque cuanto más protagonismo logre en esta ofensiva contra Cristina Kirchner más obliga al macrismo y los radicales a sostenerlo. Y si consigue encarcelar a la ex presidenta, el macrismo y los radicales no tendrán otra opción que ponerlo en el salón de los próceres para protegerlo de los cuestionamientos duros y fundamentados que provocaría una medida como esa. Cuanto más lastime la imagen de Cristina Kirchner, más se unen los destinos del juez y el gobierno macrista radical porque, en un momento posterior, cuando arrecien las críticas al magistrado, cuanto más crezca el desprestigio de Bonadio, más bajará la credibilidad en el macrismo y los radicales por lo que estarían obligados a defenderlo.

» El juez apresuró sus causas porque cuanto más protagonismo logre en esta ofensiva contra Cristina Kirchner más obliga al macrismo y los radicales a sostenerlo. Y si consigue encarcelar a la ex presidenta, el macrismo y los radicales no tendrán otra opción que ponerlo en el salón de los próceres para protegerlo de los cuestionamientos «

Se ha dicho que Bonadio ya tiene redactado el pedido de prisión preventiva, lo que no sería tan absurdo porque en ese punto es donde cierra su estrategia y queda abrochado al oficialismo. El gobierno tendría que impedir a rajatabla que la imagen del juez que encarceló a una ex presidenta caiga en picada porque quedaría en evidencia la operación política. Si los hechos van por ese camino, tendrían que defender al juez como si fuera el abuelito de Macri.

Esa ha sido hasta ahora la senda que se transitó. Pero en el oficialismo hay sectores entre los tecnócratas del gobierno ligados al ámbito de la Justicia, que preferirían dejar a un costado a Bonadio y optar por otra de las causas, como la de Lázaro Báez. A este sector, enfrentado al ala más gorila del radicalismo, le interesa afectar la imagen de la ex presidenta, pero sin llegar a encarcelarla.

Temen la posibilidad de victimizarla, porque generaría más simpatías que rechazos y de esa manera todos los esfuerzos que han invertido en la destrucción de la imagen de Cristina Kirchner terminarían por fortalecerla. No es el mejor momento del gobierno ni es una situación cómoda para la ex presidenta pero, de una u otra manera, recién ahora comienza a completarse el tablero de la política.

Héctor Bernardo- Diario Contexto (Argentina)

Con el camino allanado por los medios de comunicación, entran en juego los sectores del Poder Judicial que responden a los mismos intereses concentrados de la economía. No es casual que todos los procesos populares de la región tuvieron duros enfrentamientos con los monopolios de comunicación y con los sectores de la Justicia vinculados a esos intereses. Lula y Dilma en Brasil, Lugo en Paraguay, Zelaya en Honduras, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, Chávez en Venezuela y Néstor y Cristina Kirchner en Argentina.

“A veces los Gobiernos populares son bastante ingenuos en esto”, señaló en una entrevista para Contexto el ex ministro de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni. En aquella charla, titulada “Estamos en una versión del virreinato modelo siglo XXI”, el jurista, que en la actualidad es miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aseguró: “Lo que ha pasado en los últimos años, con la lamentable postergación de la vigencia de la ‘Ley de medios’, la impresionante presión del grupo monopólico Clarín sobre los jueces, la declaración de constitucionalidad trabajosamente obtenida después de nada menos que cinco años, los impedimentos posteriores para la adecuación del monopolio a la ley, hasta que finalmente el monopolio logró llevar al poder al actual virrey y desbaratar por vía de decreto la Ley de Medios, obteniendo en pago beneficios multimillonarios. Todo esto es una muestra de la ingenuidad política del campo popular en lo que hace al Poder Judicial y al manejo institucional”.

Este fin de semana se supo que el fiscal Guillermo Marijuán le pidió al juez Sebastián Casanello que incluya a Cristina Fernández de Kirchner en la investigación sobre Lázaro Báez, acusado de lavado de dinero. El fiscal Marijuán presentó el pedido con mucho apuro, dado que a las pocas horas viajaba a Estados Unidos, y la acusación se basa en los dichos de un supuesto arrepentido, Leandro Fariña, quien hizo esa confesión –casualmente– a las pocas horas de que imputaran al actual presidente Macri.

» Lo que se esconde realmente detrás del intento de enjuiciar a la ex presidenta no es sólo destruir la imagen de una de las mayores referentes de los procesos populares que surgieron durante el siglo XXI en la región. Es la condena a todo un proceso político. Es un aleccionamiento para todos los que se atrevan a enfrentarse al poder concentrado «

Al igual que en Brasil, con escuchas de una charla entre Dilma y Lula que el juez de la causa filtró a los medios de la Rede Globo, en Argentina, las declaraciones de un supuesto “arrepentido”, que son tomadas bajo secreto de sumario, aparecen en la portada del diario Clarín.

A todo esto se suma el hecho de que el miércoles 13 la ex presidenta deberá declarar ante el juez Claudio Bonadio.

Como bien señaló el periodista Raúl Kollmann en un artículo publicado en el matutino Página/12, la ex presidenta fue citada a declarar “con el dibujo de una asociación ilícita, en una causa donde no se investiga ningún hecho de corrupción y con la amenaza de detenerla”. Kollmann también remarcó el “paseo de cinco horas al que fue sometido el empresario Lázaro Báez (principal acusado y mediante el cual se intenta vincular a la ex presidenta a la causa), detenido con el argumento de que no se sabía adónde iba con su avión privado, pero con todas las cámaras de televisión presentes en el aeropuerto de San Fernando al momento de su arribo”. Al igual que el sho
w mediático que montaron en Brasil para detener a Lula y llevarlo a declarar.

El juez parece ansioso por ganarse el premio de empleado del mes del Grupo Clarín, pero ahora tiene competencia para ese premio: el fiscal Marijuán.

¿Cómo preparan el clima para el arresto?

En la semana que imputaron al actual presidente argentino, Mauricio Macri, desde el lunes 4 hasta el domingo 10, los titulares de Clarín dejaron en claro que no cesaría el ataque contra Cristina Fernández mientras mantienen su defensa a ultranza del actual mandatario.

» El brazo mediático-judicial, una parte del poder concentrado de la economía, ha entrado en juego en Argentina. Su objetivo es que Cristina Fernández de Kirchner termine presa. Estará en el poder popular ver qué fuerza hay para ganar esta pulseada. Pero este enfrentamiento todavía tiene muchas batallas por librar «

Lo que se esconde realmente detrás del intento de enjuiciar a la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, no es sólo destruir la imagen de una de las mayores referentes de los procesos populares que surgieron durante el siglo XXI en la región. Es la condena a todo un proceso político. Es un aleccionamiento para todos los que se atrevan a enfrentarse al poder concentrado y sus representantes en los medios de comunicación. Se pretende ensuciar un proceso político de recuperación de derechos económicos, sociales, materiales y simbólicos. Una condena contra Cristina Fernández sería un mensaje a todos los políticos para “marcarles la cancha” y decirles hasta dónde pueden avanzar y hasta dónde no. Sería una demostración de que el poder no está en las urnas ni en el pueblo, sino en las manos de unos pocos que lo han ostentado a lo largo de la historia, los sectores que se hicieron poderosos durante la dictadura, siendo cómplices e ideólogos de las 30 mil desapariciones.

En declaraciones al diario Página/12, Jorge Capitanich, vicepresidente del PJ, señaló: “En la Argentina como en el sistema internacional existe lo que se denomina ‘democracia versus corporaciones’. Cuando las corporaciones pretenden establecer una estrategia de revanchismo político utilizan todas las herramientas desde el punto de vista comunicacional y judicial para atacar políticamente a un líder político que produjo cambios significativos en contra de sus propios intereses”.

El brazo mediático-judicial, una parte del poder concentrado de la economía, ha entrado en juego en Argentina. Su objetivo es que Cristina Fernández de Kirchner termine presa. Estará en el poder popular ver qué fuerza hay para ganar esta pulseada. Pero este enfrentamiento todavía tiene muchas batallas por librar.

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