La vuelta a la manzana

El periodista Jorge Lewinger publica en su libro “Vueltas” las visitas que hizo a su hija Pilar durante once años, en los que caminaban alrededor de la manzana en la que ella vivía. En esos recorridos, en los que ella no le hablaba, él pensaba y repensaba su vida y su historia, de hombre, padre, militante guerrillero, preso, exiliado… 

Télam (Argentina)
“A medida que creció lo único que quedó como decisión de Pilar y no del juez era una vuelta a la manzana alrededor de la casa de los abuelos, en el barrio de Saavedra. El juez me había habilitado más pero ella lo redujo a eso. Aparecía enojada, no me hablaba y yo igual le contaba qué pasaba con mi nueva familia”, cuenta Lewinger en una entrevista con Télam.
“Con el retorno de la democracia, quise recuperar los pedazos más queridos de mi familia. Yo había dejado a mi hija, que tiene a su mamá desaparecida, con los abuelos maternos. Y cuando volví del exilio tuve con ellos una relación muy buena hasta que -por aquellas cosas de la teoría de los demonios- con el juzgamiento a los militares piden de nuevo mi captura”, recuerda el periodista.
Por esa causa, “en 1985 decido irme del país, pero esta vez con mi hija, que seguía viviendo con sus abuelos. Ellos habían perdido a sus dos hijos y no quisieron que la llevara. Al final fui preso y cuando me excarcelaron, aun bajo proceso, me exilié en Montevideo, adonde viajaban a visitarme quincenalmente mi mujer Silvina, y Matías y Paula, mis hijos más pequeños”.
Al volver al país hizo un juicio para recuperar a Pilar y todo el libro se estructura a partir de esa vuelta a la manzana, que curiosamente tenía lugar los jueves a las 6 de la tarde: “Parecía una impensada copia de las vueltas que daban las Madres en Plaza de Mayo a la búsqueda de sus hijos”.

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