La sorpresa continúa en las elecciones de Costa Rica

Un primer hecho imprevisible en las elecciones presidenciales del país fue el resultado de la primera vuelta. El candidato Luis Guillermo Solís emergió primero, con el 30,64 por ciento de los votos. Pasó de figurar apenas en las encuestas en diciembre y se convirtió en uno de los contendientes al balotaje. Un segundo suceso fue que el otro postulante para la segunda vuelta, el oficialista Johnny Araya, renunció a hacer campaña.

David Solís Aguilar* – Otramérica

Costa Rica es un país generalmente desatendido por los principales intereses del mass media mundial cuando de temas políticos se trata, y más aún cuando pequeñas -o tan pequeñas- explosiones sociales suceden. Por el contrario es muy bien atendido para la promoción del turismo y la atracción inversiones externas, sean del tipo que sean.

Esa condición ha cambiado relativamente con el inicio del proceso electoral para renovar el gobierno en el periodo 2014-2018; campaña electoral que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) abrió en octubre de 2013. Para aquellos momentos existía -según varias casas encuestadoras- una cómoda ventaja sobre 12 rivales a favor del abanderado del partido al que pertenece la muy impopular mandataria Laura Chichilla[1]. Ese “político” es Johnny Araya, cabeza del gobierno de la ciudad capital San José desde 1991, tiempo en el que ha acumulado diversos cuestionamientos sobre su gestión. Cabe puntualizar que esa agrupación política, el Partido Liberación Nacional (PLN), es viva imagen de la disociación entre un pasado socialdemócrata y su nada nueva praxis neoliberal desde el espacio parlamentario y desde el gobierno, que ha ocupado recientemente en los periodos 1982-1990, 1994-1998, y 2006-2014; cambiándose así por completo el Estado “benefactor” costarricense por otro casi omni-ausente.

Pero la campaña electoral de cara a la primera vuelta del 2 de febrero tomó rumbos algo inesperados. Conforme avanzaron las semanas, y particularmente en el mes de diciembre, varias encuestas marcaron una tendencia que colocaba al candidato oficialista en el primer lugar de la intención de voto, pero con un apoyo menor al 40% necesario para que no se llevase la contienda a segunda vuelta. En el segundo lugar se colocaba con alrededor de 20% al joven candidato izquierdista José María Villalta quien es actual diputado (2010-2014) del también joven “socialista-democrático” partido Frente Amplio. Villalta se mostró durante casi toda la campaña como amalgama de “político” experimentado con buenas dotes retóricas, además de abogado especialista en ambiente y militante ecologista; pero, sobre todo, como una personas dispuesta a empujar a su partido y otros actores a llevar adelante el urgente cambio de rumbo que la población demanda después de 8 años del PLN en el gobierno.

Para diciembre de 2013 el cuadro de la disputa presidencial lo completaba en un tercer puesto el derechista partido Movimiento Libertario (ML) con su candidato (por cuarta elección consecutiva) Otto Guevara, pero se le acercaba con decisión el entonces poco visibilizado por la encuestas Luis Guillermo Solís, candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC). Y al final de las principales intenciones de voto se encontraba el candidato Rodolfo Piza, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), agrupación liberal-conservadora que fue una de las cabezas del bipartidismo tradicional desde 1982 hasta 2002, que se alternaba en el gobierno en forma complementaria con el PLN.

“En las últimas semanas el oficialista Araya ha tratado de acercarse a diversos sectores empresariales buscando su apoyo político y financiero, objetivos que persiguió con la cámara del agro (terratenientes locales-agroexportadores transnacionales), pero aparentemente solo ha logrado apoyo de un conjunto de empresas religiosas (llamadas iglesias por sus clientes), que representan lo más conservador del protestantismo cristiano del país”

Sobre el PAC es menester verle con “pelos y señales”, pero en forma muy general puede considerarse que ha sido un territorio en disputa entre un sector conservador o “de derechas” que en buena parte proviene del bipartidismo tradicional, enfrentado a otro sector llamado progresista con miembros “de izquierdas” que provienen de diversos grupos económicos-sociales; tal dinámica parece estar presente en forma más intensa durante los últimos años. Pero ambos sectores hoy están articulados en campaña electoral producto de la concertación facilitada por su candidato presidencial Luis Guillermo Solís, quién se impuso en unas ajustadísimas elecciones primarias (internas) en julio de 2013; después de lo cual buscado presentarse con su plan de gobierno y equipo de campaña con suficiente “vocación y capacidad para gobernar”.

Finalmente llegó el 2 de febrero, día en que se desarrolló un proceso electoral en casi total calma, y que tuvo resultados un poco más que inesperados para la mayoría. Ese mismo día se efectuó el primer escrutinio por los miembros de cada junta receptora de votos (JRV) dentro del país (6454) y fuera del país en embajadas y consulados (61); posteriormente se transmitieron los resultado del conteo, y el TSE dio al final del día los resultados parciales que colocaron al candidato Solís del PAC en primer lugar, muy cerca de él Araya del PLN en segundo, mientras que en tercer lugar lo ocupó Villalta del FA, detrás en cuarto puesto Guevara del ML, y de quinto lugar Piza del PUSC.

Los resultados definitivos confirmaron lo que estuvo claro 48 horas después del cierre de la elección, y es que ninguno de los candidatos alcanzó el apoyo mínimo del 40% de los votos válidos emitidos para declararse ganador en primera vuelta, por tanto Luis Guillermo Solís y Johnny Araya están obligados a ir a una segunda vuelta electoral, pactada por el TSE para el próximo 6 de abril.

En las últimas semanas el oficialista Araya ha tratado de acercarse a diversos sectores empresariales buscando su apoyo político y financiero, objetivos que persiguió con la cámara del agro (terratenientes locales-agroexportadores transnacionales), pero aparentemente solo ha logrado apoyo de un conjunto de empresas religiosas (llamadas iglesias por sus clientes), que representan lo más conservador del protestantismo cristiano del país. Muestra con esto último es la predilección de Araya y el PLN por asumir discursos religiosos altamente moralistas como táctica electoral, a partir del interés común contra la discusión y toma de decisión sobre derechos en temas de uniones legales de parejas del mismo sexo, aborto “terapéutico” y en caso de violación, y la regulación de la fecundación in vitro en el país.

Sin duda, el hecho que marca el destino de esta elección presidencial es el anuncio del candidato oficialista Johnny Araya apenas el pasado miércoles 5 de marzo sobre su “retiro” de la campaña electoral, abriendo más dudas políticas que legales sobre el camino a recorrer por ela ciudadanía y el PAC hacia esta de cara al 6 de abril.

 

*Politólogo por la Universidad de Costa Rica. Miembro de Human Rights Everywhere –HREV– y coordinador del Centro Pabrú Présbere, en Costa Rica.

 

Leer artículo completo aquí